Raúl y la alta responsabilidad de una paz bajo asedio

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ACN - Cuba
Orlando Ruiz Ruiz Foto tomada de Cubadebate
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04 Junio 2026

  El proceso de los diálogos en busca de la paz en Colombia, realizados en La Habana, representaron una dura prueba para el Estado cubano. 

   Hubo escepticismo desde el comienzo y se tejió una madeja informativa tergiversadora para tratar de desacreditar a la nación antillana como garante seguro. 

   Por eso, toda nueva referencia a este proceso puede aportar nuevas luces. 

   No era un secreto que, gracias a las intrigas urdidas desde la Casa Blanca para hacer ver que el país sede estaba parcializado con una de las partes, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), hubo rechazo desde los primeros momentos a que Cuba fuera sede.

   También era un hecho cierto que en determinados sectores ultraconservadores del gobierno colombiano que se beneficiaban de la guerra, como en círculos de marcada influencia sobre Bogotá en Estados Unidos, se movían oscuros intereses dirigidos a que el nuevo intento pacificador fracasara.

   El eco mal intencionado de que desde La Habana "siempre se había apoyado a la guerrilla terrorista y proguevarista" y que, por tanto, el gobierno de Raúl Castro "no era el indicado" para mediar entre las partes en contienda, llegó junto con los primeros partes de las conversaciones a los oídos de quienes tuvimos el encargo de cubrirlas informativamente. 

   Refirió el propio Raúl al periódico Granma por entonces que cuando el 19 de noviembre del 2012 se estableció en La Habana la mesa de diálogo, “no fueron pocos los que vaticinaron su fracaso, como ya había ocurrido en Colombia con anteriores procesos de paz".

   Pese a los obstáculos y mentiras, el General de Ejército reiteró siempre el compromiso del pueblo y gobierno de Cuba con la paz de Bogotá, que dijo: "Ha sido y será permanente, fieles a la premisa martiana de que Patria es humanidad.

   “En su condición de garante y sede, Cuba continuará brindando las facilidades necesarias para contribuir al fin del conflicto, con modestia, discreción y profundo respeto a las posiciones de las dos partes.

   “Somos optimistas y estamos convencidos de que el futuro de Colombia será la paz”.

   Raúl reiteró asimismo que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños tenían en su joven historia el gran hito de haber proclamado a América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

  Al respecto, subrayó que el fin de este conflicto en Colombia es una demostración firme del compromiso de nuestros pueblos para desterrar el uso y la amenaza de la fuerza y luchar a favor de las soluciones pacíficas. 

   "Ante las diferencias, diálogos; ante los retos, concertación. (...) El logro de la paz será la esperanza para millones de personas en el planeta, cuya principal preocupación sigue siendo la supervivencia en un mundo convulso por la violencia y las guerras".

   “La paz no es utopía, es el derecho legítimo de los seres humanos y una condición indispensable para el disfrute de los derechos humanos, en particular, el derecho a la vida", concluyó.


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