Presentes ímpetu y grandeza del General José Maceo

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ACN - Cuba
Marta Gómez Ferrals | Fotos: Archivo
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31 Enero 2026

  "Quien ha defendido con valor mi Patria y su libertad de hombre, es como acreedor mío y me parece mi hermano", le expresó de su puño y letra José Martí al general José Maceo Grajales, en carta fechada el 3 de noviembre de 1894, muy cerca del comienzo de la gesta por la independencia que involucraría a ambos próceres.

  El extraordinario combatiente, también hijo “de león y de leona” como su hermano Antonio –su guía, su ejemplo a seguir- nació el 2 de febrero de 1849 en una finca en Majaguabo, San Luis, cerca de Santiago de Cuba.

  Solo alcanzó instrucción primaria aquel campesino reyoyo que debió ayudar pronto a sus padres en las labores del campo, pero casi un niño era una centella como jinete y un gran cazador, experto tirador fusil en mano, y mejor con el trabador.

  Pero un hijo de Mariana Grajales, la hoy venerada Madre de la Patria, y de Marcos Maceo, soldado del Ejército Libertador muerto en combate, no podría haber sido de otro modo. Además, tuvo siempre gran predilección por Antonio.

  Desde muy joven, José Maceo mostraba condiciones para ser el guerrero de primera en que pronto se convirtió. A su admirable puntería, habría que añadir la fuerza de su brazo con el machete. Si fuera poco, era arrestado, impetuoso en grado sumo, con gran fortaleza y prestancia física.

   Pero aún más: la madurez de su pensamiento patriótico e independentista, lo llevó a canalizar su coraje y acciones en la lucha siempre intransigente y sin concesiones. La emancipación del país siempre fue lo primero.

   La vida le dio la posibilidad de ser el único de sus hermanos –ese clan familiar de titanes libertarios- en participar en las tres guerras de independencia.

   Desde el primer día luego de su incorporación a la contienda de los 19 años el 12 de octubre de 1868, empezó su fogueo y entrega heroica.

  En 1871, tras intervenir en varios combates del Ejército Libertador contra los españoles, se integra a las fuerzas del Mayor General Máximo Gómez que operaron en Guantánamo.

   Siguió combatiendo sin descanso, con receso solo en el tiempo breve que necesitaba para recuperarse de las heridas sufridas en las batallas.

  En esa etapa lo ascienden y pasó al contingente que organizó Gómez para invadir a Las Villas.

  El 30 de septiembre de 1874 regresó a Oriente, junto a Antonio. Se opuso con firmeza a la sedición de Lagunas de Varona el 26 de abril de 1875.

   Durante los años siguientes recibe el mando del regimiento de infantería en Guantánamo, con el cual sobresalió en importantes combates y luego vuelve a ser jefe de las fuerzas de Santiago. Era incansable ese combatiente que, por su coraje y fiereza, lo llamaron el León de Oriente.

   En 1877, salvó a Antonio de una muerte casi segura y lo protegió en su convalecencia. Peleó con bravura en diversos enfrentamientos, en momentos en que otros cubanos gestaban el Pacto del Zanjón y resaltó en la Protesta de Baraguá, el 15 de marzo de 1878.

  Nunca se resignó a la capitulación de los mambises, desunidos, minados por los complots y las traiciones, y agotados. En las calles de Santiago de Cuba, en unión de Guillermo Moncada y Quintín Bandera, el 26 de agosto de 1879 se lanzó a la llamada Guerra Chiquita en la parte sur oriental, que duró solo 10 meses.

   Lo ascendieron a General de Brigada, pero no pudo continuar la lucha y se vio obligado a contraer un acuerdo, mediante el cual cesaría el alzamiento con la condición de que se le garantizara, a él y a sus compañeros, la salida del país.

   Pero los españoles no honraron el acuerdo: lo apresaron en alta mar, camino del exilio, junto a sus compañeros Moncada y Banderas.

   Pasaron un viacrucis terrible en inhumanas cárceles de la península. En 1884, José se fugó de las mazmorras y llegar a Panamá, donde se reúne con Antonio.

   Consta que, en el extranjero, él y su hermano nunca dejaron de conspirar y organizarse a favor de proyectos por la emancipación definitiva de Cuba.

   Con tal fin, integró junto junto al Titán de Bronce la expedición de la goleta Honor que, bajo el mando del Mayor General Flor Crombet, desembarcó por Duaba, Baracoa, el 1 de abril de 1895, para dar continuidad a la Revolución Cubana y participar en la Guerra Necesaria, organizada por José Martí.

  Ya en los campos cubanos, desde mayo comienza a ser protagonista en la nueva gesta.

   En octubre de 1895, Antonio le entregó el mando de la provincia de Oriente, pues él marcharía con Gómez a extender la campaña a Occidente. Más tarde, José cedería la jefatura a Calixto García.

   Vivió una etapa fecunda en combates exitosos y sucesos complejos que probaron su temple e impetuosidad. Su leyenda no hacía más que crecer.

   Cae fulminado en la Batalla de Loma del Gato el 5 de julio de 1896 y murió poco después en La Soledad de Ti Arriba.


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