Perico, el burro que conquistó Santa Clara

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ACN - Cuba
Y. Crecencio Galañena León
506
22 Febrero 2026

  Hay personajes que nacen para habitar la historia escrita en los libros, con fechas exactas y discursos solemnes. Y hay otros, más afortunados, que nacen para habitar en el alma de un pueblo.

   El burro Perico pertenece a esa segunda estirpe: la de los que, sin pretenderlo, se vuelven leyenda viva, patrimonio andante y, por qué no decirlo, ciudadano honorario de Santa Clara.

   Perico nació en 1914 en la loma de Cerro Calvo. Fue comprado por cinco pesos por Bienvenido Pérez Álvarez, conocido como Lea, dueño de una botellería. Trabajó tirando carretones de helados, una tienda ambulante y un carretón para recoger botellas vacías. Pero lo que lo hizo inmortal comenzó cuando su dueño, agradecido, lo liberó de toda obligación.

  “A partir de entonces, Perico empezó a deambular por las calles y esto fue lo que realmente lo hizo popular”, explica Judiel Reyes Aguilar, afiliado y comunicador de la Unión de Historiadores de Cuba en Villa Clara.

    Perico se convirtió en el único ser de cuatro patas con un recorrido fijo y una costumbre insólita: se paraba frente a las puertas y tocaba con su pata delantera, esperando que le dieran pan. Si la demora era mucha, rebuznaba con tal fuerza que parecía un león hambriento.

    Las anécdotas se multiplican. Un policía que no lo conocía intentó impedirle el paso y lo golpeó. La reacción popular fue inmediata; decenas de personas protestaron por el abuso.

   Un sargento tuvo que intervenir para explicarle que no era un burro cualquiera, sino el burro Perico, patrimonio viviente del centro urbano.

   Pero la historia que condensa su espíritu apunta la del día que el alcalde Juan Artiles López ordenó detenerlo por pastar en el Parque Vidal.

   Los estudiantes del Instituto de Segunda Enseñanza se lanzaron a las calles con carteles que exigían “¡Libertad para Perico!”. Al liberarlo, le escribieron en el lomo una consigna que recorrió la ciudad: “No votes por Artiles, que no me deja entrar al parque”.

    “Esta no sería la única ocasión en que se utilizaría al burro para manifestaciones contra el gobierno”, recuerda Reyes Aguilar.

   Esos mismos educandos, en las campañas políticas de la República burguesa, le colocaban carteles de denuncia. Y como el burro caminaba toda la localidad cabecera, andaba con ellos por todas partes.

    Durante la Segunda Guerra Mundial, los santaclareños le cortaron el pelo del lomo formando una enorme V, símbolo de la victoria aliada contra el fascismo. Se convirtió así en un manifiesto ambulante.

    En los carnavales, Perico abría los desfiles antes de la comparsa Los Pilongos. “Algunas personas le daban cerveza”, relata Reyes Aguilar. “Las fiestas eran patrocinadas por cerveceras como La Polar, y lo usaban como figura propagandística”.

   Cuenta Arnaldo Artiles Quintana, en su libro “Perico: el fabuloso burro”, que unos periodistas norteamericanos llegaron a Santa Clara para conocer al burro que también bebía cerveza.

   Le ofrecieron whisky y Perico, al probarlo, “salió corriendo del lugar, dando por terminada en una forma no muy amistosa la entrevista con la prensa”.

   Perico murió en la botellería que fuera su casa en Santa Clara en febrero de 1947, a los 33 años, según estiman los especialistas, pero no sin dejar un gran número de ocurrentes historias sobre las que la Agencia Cubana de Noticias seguirá investigando.

  Hoy, una escultura de metal, obra de Arnaldo Artiles Quintana —aquel niño que escuchaba los cuentos de su abuela—, lo inmortaliza en un parque de la ciudad. Cada febrero, los santaclareños recuerdan al extraordinario burro.

   “Perico ha trascendido desde lo histórico a lo popular”, concluye Reyes Aguilar. “Ha sido inspiración para obras pictóricas, esculturas, libros, poemas. Ha quedado en la memoria colectiva como parte del imaginario del pueblo”.

   Porque hay personajes que nacen para habitar los libros, y otros, como Perico, que nacen para habitar el corazón. 

   Quien lo dude, que pregunte a cualquiera. La respuesta será siempre la misma: “¡Ah, Perico! Ese sí que era un burro especial”.


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