La historia con su implacable lente refleja patrones que se repiten, Tácito, con su pluma mordaz, expuso la hipocresía del Imperio Romano, su estrategia era sencilla: someter pueblos por la fuerza y luego autoproclamarse pacificador.
Hoy dos milenios después ese antiguo libreto se representa con una fidelidad que estremece, bajo el pretexto de combatir el terrorismo, se desencadenan campañas de bombardeos, saqueos y destrucción masiva.
Las imágenes que emergen de Palestina son testimonio elocuente de esta realidad brutal, donde decenas de miles son asesinados entre ellos mujeres y niños.
Se anuncia un alto el fuego negociado, se invoca la necesidad de restaurar el orden y se ensalza el concepto de democracia al filo de la espada.
Sin embargo, la verdadera paz no puede germinar en un terreno sembrado de ruinas y dolor, la devastación es por definición antitética a la estabilidad.
Un respiro momentáneo ofrece la reciente mediación del presidente de Estados Unidos para lograr un cese del fuego, pero no resuelve el problema de fondo.
Las causas subyacentes del conflicto permanecen intactas, la ocupación militar, la discriminación sistemática y la negación de los derechos fundamentales continúan alimentando la llama de la desesperación.
Diversas voces se alzan para condenar la violencia indiscriminada y exigir el estricto respeto del derecho internacional humanitario, el estado de Israel hace caso omiso y continúa con la despiadada matanza.
La realidad en Palestina es cada vez más insostenible. Gaza, virtualmente convertida en prisión al aire libre, languidece bajo un bloqueo económico y social que sofoca cualquier esperanza.
Cisjordania, fragmentada por asentamientos ilegales y controlada por la ocupación militar, vive en un estado de constante tensión y violencia.
El pueblo palestino, pese a décadas de sufrimiento, no renuncia a su sueño de libertad, continúa luchando por su derecho inalienable a la autodeterminación y aspira a construir un Estado soberano, independiente y territorialmente viable.
La justicia y la reparación son elementos indispensables para lograr una paz duradera, el respeto al derecho internacional es la base de cualquier solución viable.
Cuba, fiel a su tradición de solidaridad con los pueblos oprimidos, ha reiterado en múltiples ocasiones su apoyo incondicional a la causa palestina, condena enérgicamente la agresión y la injusticia.
Aboga por una paz basada en el respeto a los derechos humanos y el derecho internacional, solo así se dará voz a las víctimas y el compromiso con la verdad será irrenunciable.
El camino hacia la paz en Palestina está cubierto por la sangre de los inocentes, por los niños que vivieron la pesadilla de la guerra durante generaciones.
