Como consecuencia de las ambiciones irracionales alentadas por el fascismo, en el año 1939 se desencadena la Segunda Guerra Mundial, el conflicto bélico más abarcador de la era actual, en el que contendieron las naciones del núcleo de las Potencias Aliadas y las integrantes del llamado Eje, que proporcionaban respaldo al poder alemán y sus émulos en Japón y otras naciones.
En la doctrina conquistadora de Hitler, un político alucinado por ambiciones enfermizas de dominio y poder, prevalecía la idea de conformar una sociedad de individuos excepcionalmente dotados, encarnación de una “raza superior”. Miles de judíos fueron objeto de exterminio en los campos de concentración a donde se les confinó en medio del holocausto.
Tras seis años de guerra, el 9 de mayo de 1945 marcó para la humanidad uno de los hitos más trascendentales de la historia contemporánea: la firma de la rendición incondicional de la Alemania nazi ante el victorioso Ejército Rojo y las fuerzas aliadas, en un acto que ponía fin al régimen supremacista y de muerte liderado por Adolfo Hitler.
Seis días antes, las huestes integradas por obreros y campesinos encendieron la Revolución de Octubre --liderada por Vladimir Ilich Lenin-- habían izado la bandera de la hoz y el martillo en la cima del Reichstag, madriguera principal del nazi-fascismo.
Han pasado 81 años y el recuerdo de las masacres y aniquilación de seres humanos aún conmueve. Alrededor de 60 millones de personas murieron a causa de la guerra y sus efectos.
La destrucción de ciudades enteras, el daño a la cultura y la naturaleza muestra todavía sus cicatrices, pero lo peor es que en la actualidad doctrinas mucho más agresivas e impregnadas de un supremacismo sin límites amenazan a la humanidad.
El imperialismo estadounidense en su etapa de decadencia y pérdida de hegemonía, busca ferozmente globalizar sus ideas, destruir civilizaciones y poner fin a toda forma de independencia y soberanía.
Actualmente, la lucha contra el terrorismo sirve de pretexto al pseudotitulado “emperador”, Donald Trump y su gendarme israelí, para materializar la ocupación y el genocidio de pueblos enteros como el palestino, con el propósito final de lograr la hegemonía económica y política.
No es pura casualidad tampoco que la agresividad imperialista se concentre en el presente contra Irán y Cuba, que encarnan un espíritu admirable de resistencia y soberanía reconocido en todas las latitudes.
Ante esta realidad ratificamos con Fidel que "no hay poder en el mundo capaz de vencer la fuerza de la verdad y las ideas".
Como el Ejército Rojo sobre el Reichtag, alzaremos nuestras banderas victoriosas sobre el poder y la prepotencia de los enemigos derrotados. Como prueba cada día la nación iraní, el futuro pertenece a los que resisten y pelean.
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