"Misifú, recoge los bates que se acabó"

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ACN - Cuba
Henry Omar Pérez
2120
10 Diciembre 2025

   Roberto Jiménez, conocido por todos como Misifú, nunca vistió uniforme de pelotero, pero durante más de tres décadas fue un símbolo del béisbol en Villa Clara, el alma invisible del estadio Sandino.

    «Misifú, recoge los bates que se acabó», esto gritaban los aficionados en el estadio, y Jiménez, con su sonrisa pícara, corría al terreno.

    El otrora cargabates del equipo villaclareño camina todos los días, poco a poco, hasta el centro de Santa Clara, para vender cajas de cartón, antes en la puerta de la dulcería de la arteria San Cristóbal y ahora en la de Céspedes, justo en la puerta de la sede de la Unión de Periodistas de Cuba.

    Lleva mucho tiempo fuera de los terrenos, sin embargo, en la calle recuerdan a quien se convirtió en una leyenda entre los cargabates del béisbol cubano.

    No era pelotero, aunque para los fanáticos el Misifú era más que un auxiliar: era el corazón del juego, un personaje que hacía vibrar las gradas con sus iniciativas y dicharachos.

    Durante 33 años, este hombre menudo, de mirada viva, fue testigo de los grandes momentos de una de las potencias de esa disciplina en Cuba.

    En Santa Clara, Misifú es un ídolo sin guante ni bate; cuenta a la Agencia Cubana de Noticias que vendía periódicos de joven y tuvo que sortear los avatares de aquellos tiempos anteriores al triunfo de la Revolución: «Nunca pensé pasar a la historia local y ser recordado por tanta gente. Guardo en la mente imágenes de Víctor, Paret, Pestano y a muchos del béisbol cuando eran unos muchachos, luego los vi convertirse en glorias del deporte».

    Jiménez acompañó jonrones legendarios, como aquel de Agustín Marquetti que aún resuena en el estadio en la voz del narrador: «Se va, se va de jonrón… y se fue», y cargó los bates de las victorias que, en la década de los noventa, llenaron de alegrías a esta provincia.

    Cada día, mientras cruza el centro con su paso lento, los aficionados lo saludan: «Ese es Misifú», «sin él, el Sandino no es lo mismo».

    El seguidor Samuel Rodríguez García comentó en redes sociales que no era solo un cargabates, era un experto en robar las señas de los receptores, observaba con detenimiento a los contrarios y daba consejo a los peloteros, era un todoterreno.

    Ivan Alfonso Tejeda, un aficionado, explicó que le gustaba oírlo decir, cuando el picher del equipo de Villa Clara ponchaba al contrario, «vaya, pa Escriba y Lea».

    Roberto Jiménez, el Misifú de Santa Clara, no es solo un recuerdo del béisbol constituye un pedazo de la ciudad, un hombre que llevó en los hombros el peso de los bates y el amor de los villaclareños.


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