El 26 de septiembre de 1967 cayó en combate durante una emboscada, el internacionalista cubano Manuel Hernández Osorio, cuyo nombre de guerra fue Miguel, jefe del pelotón de vanguardia de guerrilla bajo el mando de Ernesto Che Guevara en Bolivia.
Murieron junto a él en esa acción, ocurrida en el Valle del Batán, los revolucionarios del país sudamericano Roberto Peredo Lergue (Coco) y Mario Gutiérrez Ardaya (Julio).
Dos veces en la vida el Guerrillero Heroico solicitó a Manuel Hernández asumir como puntero en los pelotones de avanzada de sus tropas, una en la guerra de liberación cubana en la invasión de Oriente a Occidente y la otra en la guerrilla en Bolivia.
Ambas peticiones se basaron en su pericia y arrojo como soldado y además, por las extraordinarias condiciones físicas de aquel joven de origen campesino de gran fortaleza física y agilidad corporal que lo hacían avanzar de primero.
Volviendo al escenario de su caída, a fines de septiembre de 1967 el ejército boliviano se aproximó al grupo guerrillero en una región cercana al poblado de La Higuera.
Con la orden del Che de inspeccionar el Valle del Batán, el 26 de ese mes, Miguel se dispone a explorar el sitio, en unión de los combatientes bolivianos Coco y Julio.
Allí perecieron y horas después de conocer la dolorosa noticia, el Comandante Guevara expresó: "Muere en la sorpresa de La Higuera. Fue un gran combatiente y un espíritu ejemplar. Una gran pérdida".
Solo hasta 1998 el pueblo cubano y sus familiares pudieron recibir los restos de Miguel con los de su connacional Octavio de la Concepción y de la Pedraja (Moro), y los de los bolivianos Roberto Peredo (Coco), Julio César Méndez Korné (Ñato) y del peruano Edilberto Lucio Galván (Eustaquio).
Se les rinde homenaje en el Memorial de Santa Clara junto a su entrañable jefe.
Manuel Hernández Osorio nació el 17 de marzo de 1931 en la finca El Diamante, en Jiguaní, en el seno de una familia campesina pobre.
Solo pudo estudiar hasta el quinto grado, porque comenzó a cortar caña con el fin de ayudar al sustento familiar, lo cual le dotó de una complexión física fuerte y resistente al duro trabajo y a las largas marchas por terrenos intrincados.
Esa fortaleza corporal le serviría de mucho para convertirse en un extraordinario explorador en su futura vida guerrillera.
Se inició como obrero en las minas de manganeso de Charco Redondo, donde se vinculó al Movimiento Revolucionario 26 de Julio en acciones de sabotaje, realizadas con cartuchos de dinamita de la empresa, hasta que en mayo de 1957 se incorporó al Ejército Rebelde.
El joven campesino se destacó por su arrojo en los combates de Pino del Agua, Las Mercedes, las Vegas de Jibacoa y en otras acciones contra la ofensiva del Ejército de la tiranía en el verano de 1958, por lo que fue ascendido al grado de teniente en agosto de ese año.
Formó parte de la columna invasora comandada por el Guerrillero Heroico, que tenía la misión de llevar la guerra al occidente del país, y a pesar de los peligros que representaba la encomienda claramente expuestos por su jefe, Manuel no dudó ni un momento en asumir su puesto y se convirtió en uno de los combatientes más útiles del contingente.
Su grado de capitán y su designación como jefe de la punta de la vanguardia los alcanzó en Camagüey, por su extraordinaria disposición y valentía en una de las etapas más difíciles durante el trayecto por esa provincia, perseguidos muy de cerca por el Ejército batistiano y con poco apoyo logístico.
El capitán de 27 años fue el primero en atravesar los últimos pantanos camagüeyanos y en abrir el camino a las montañas del Escambray, en el centro del país, tras participar en numerosos combates hasta caer herido en la toma de Fomento días antes del triunfo revolucionario.
Después del primero de enero de 1959 se mantuvo en el Ejército Rebelde, prestó servicios en el Minint y se superó en el arte militar.
De nuevo el Che lo seleccionó, esta vez para integrar la guerrilla en Bolivia y el combatiente aceptó, con la misma disposición; compartir la suerte con su jefe de la Sierra.
Cuentan que antes de partir se reunió con su esposa Elvira y sus tres hijos: Manuel, Jorge y Maritza y se despidió bajo el pretexto de que iba a cortar caña. El 27 de noviembre de 1966 se incorporó al núcleo guerrillero en Bolivia y el 25 de marzo del año siguiente fue ascendido a jefe de la vanguardia.
Muy pronto, sus extraordinarias condiciones físicas y políticas lo convirtieron en un combatiente insustituible, al que el Che se refirió en reiteradas ocasiones en el Diario de campaña y comparó su fuerza y voluntad con las de un cíclope; y mostró también atención sobre su estado de salud cuando el 17 de marzo escribió: “Miguel tiene los pies hinchados”.
A finales de septiembre de 1967, el ejército cerró más el cerco sobre la guerrilla en una región colindante con La Higuera y el 26 de ese mes, Miguel recibió la orden del Guerrillero Heroico de explorar una zona del Valle del Batán.
Su muerte ocurrió al caer en una emboscada. Lo acompañaban Coco y Julio. Las palabras del Che, en su Diario de campaña el 27 de septiembre de 1967, dejaban entrever cuánto valían estos hombres: “Nuestras bajas han sido muy grandes esta vez, la pérdida más sensible es la de Coco, pero Miguel y Julio eran magníficos luchadores y el valor humano de los tres es imponderable”.
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