Los valientes de Goicuría y O'Farril

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ACN - Cuba
María de las Nieves Galá León
211
06 Noviembre 2025

   El 8 de noviembre de 1958, en el apartamento ubicado en Goicuría y O’farrill, en el reparto capitalino de Santos Suárez; Ángel Ameijeiras Delgado (Machaco), Rogelio Perea Suárez (Rojito), Pedro Gutiérrez Hernández (Pedrito) y Norma Porras Reyes, enfrentaron a cientos de policías batistianos y miembros del Servicio de Inteligencia Militar (SIM).

   De acuerdo con historiadores, ahí tuvo lugar una de las acciones más importantes de la resistencia urbana frente a las fuerzas represivas de la dictadura de Fulgencio Batista.

   Casi a las dos de la mañana los vecinos de la barriada se despertaron ante el intenso tiroteo que se extendería por más de cuatro horas. Guiados por connotados asesinos, entre estos Esteban Ventura Novo, los esbirros rodearon el edificio donde se encontraban los revolucionarios y, además, ocuparon las azoteas y terrazas aledañas.

   Norma Porras, esposa y compañera de lucha de Machaco, que en ese momento se encontraba embarazada. Fue la única sobreviviente de aquellos hechos. Sobre los sucesos recordó en una ocasión: “Nos acostamos como a las 10 o las 11 de la noche. A la 1:58 minutos de la madrugada comenzaron los disparos, los rafagazos, los gritos amenazantes y las explosiones.

   Contábamos con una pistola 38 que tenía yo, dos ametralladoras Beretta, otra cuya marca no recuerdo, dos pistolas 38 de ráfagas con cargadores de 30 balas, una Luger especial, tres libras de TNT, dos bombas de dinamita, algunas granadas y detonadores”.

   La oportunidad para poder escapar de aquella balacera era saltar hacia el edificio de atrás. Pero resultó imposible. La decisión fue combatir hasta el final. Poco después del amanecer el combate cesó. Se agotaron las balas. Para ese entonces, se encontraban en la azotea, hasta allí habían llegado intentando salvar sus vidas.

   Solo entonces, las fuerzas batistianas avanzaron en busca de los valientes jóvenes.

   “Machaco estaba herido leve en un brazo; Rojito tenía su herida anterior en el pulmón y Pedrito salió ileso. A ellos los vi cuando los subían a golpes en otras perseguidoras”, recordaría la luchadora clandestina, ya fallecida. Ella también había resultado herida.

   Más tarde los jóvenes serían asesinados y sus cuerpos aparecieron en la Casa de Socorros, de la calle Corrales, en La Habana.

   El 9 de noviembre, los periódicos mentían cuando afirmaron que Machaco Ameijeiras y sus dos compañeros habían muerto en el tiroteo.

   Al conocer en la Sierra Maestra la monstruosidad cometida, el líder del Ejército Rebelde, Fidel Castro Ruz, tomó la decisión de ascender póstumamente a Machaco al grado de comandante del Ejército Rebelde.

   Norma fue hecha prisionera y llevada al Hospital Militar. Después sería juzgada en el tribunal por tenencia de armas y atentado a los poderes del Estado. En la cárcel de Mujeres de Guanajay, en la actual provincia de Artemisa, la sorprendería la Revolución.

   El combate de Goicuría y O’Farrill, el de más larga duración de la lucha clandestina contra la tiranía batistiana, mostró la valentía de los jóvenes cubanos y su disposición a morir por la Patria.

   Precisamente, en recordación a todos los caídos, cada 8 de noviembre se conmemora el Día del Combatiente Clandestino