Lorenzo Hierrezuelo: alma de son y de guitarra

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ACN - Cuba
Alain Amador Pardo
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05 Septiembre 2025

  El calendario cultural cubano marca una efeméride significativa: el aniversario 118 del natalicio de Lorenzo Hierrezuelo La O, nacido el 5 de septiembre de 1907 en El Caney, Santiago de Cuba.

   Cantante, guitarrista y compositor de excelencia, indocubano nieto de siboney, Hierrezuelo se consolidó como una de las figuras más emblemáticas de la música tradicional cubana, con un legado que lo inscribe, con letras firmes, en la historia sonora de Cuba.

   Criado allí mismo, en el oriente cubano, cuna de la trova y el son, respiró desde niño los aires campesinos y los ritmos criollos que darían forma a su estilo inconfundible, tanto así, que desde temprana edad tomó la guitarra y aprendió los códigos interpretativos que caracterizan a la trova tradicional, con especial inclinación hacia la guajira-son y el bolero-son.

   Hierrezuelo, ya asentado en La Habana en los años 30, se integró al círculo selecto de trovadores donde brillaba María Teresa Vera (1895-1965), una de las voces femeninas más influyentes del siglo XX; con ella compartió escenarios y proyectos musicales que marcaron época y consolidó su prestigio como acompañante y arreglista, vínculo decisivo para forjar la sonoridad que lo distinguiría más tarde.

   En 1949 —algunos autores lo ubican dos años antes— fundó, junto a Francisco Repilado (1907-2003) un dúo que devino "Los Compadres"; así, "Compay Primo" —Lorenzo— y "Compay Segundo" —Repilado—, comenzaron un éxito inédito para ese formato, sobre todo por el rico uso del gracejo popular y sonoridades que se hicieron infinitamente populares.

   Su hermano Reynaldo Hierrezuelo, o Rey Caney (1926-2016), vino más tarde —hacia 1955—, con igual apego social, ya que aquella estructura armónica basada en el diálogo entre dos voces y el acompañamiento rítmico de guitarras, impusieron un estilo fresco, de gran energía, que revitalizó el son montuno en una época dominada por otros géneros populares.

   Obras como "No quiero llanto", "Macusa", "Rita la Caimana", "Hay un run run", "Sarandonga", "Hay Compadres para rato" y "Baja y tapa la olla", entre muchas más, se convirtieron en emblemas de la música tradicional, que alcanzaron reconocimiento nacional y resonancia en el Caribe y América Latina.

   La propuesta de "Los Compadres" no se limitó a la interpretación: supieron integrar matices humorísticos, improvisación y picardía en las letras, elementos que conectaron de inmediato con el público; además del virtuosismo de Lorenzo como guitarrista y una voz con timbre grave, cálido y expresivo, cualidades que definieron el sonido del dúo y marcaron generaciones de intérpretes.

   Su obra consolidó un puente entre la trova tradicional, el son oriental y la música popular urbana, contribuyendo a la preservación y evolución de géneros identitarios.

   Hasta los años 60, "Los Compadres" recorrieron escenarios internacionales, con la bandera del son a países como México, Venezuela y República Dominicana, donde fueron recibidos con entusiasmo; proyección global que situó a Lorenzo en la vanguardia del movimiento musical que, más tarde, inspiraría proyectos como el Buena Vista Social Club.

   Ahora bien, más allá de su faceta artística, el pícaro trovador fue un defensor a ultranza de la autenticidad sonora; rechazaba los excesos comerciales y abogaba por una interpretación que mantuviera la esencia campesina del son, sin artificios; siempre movido por la ética artística y su disciplina profesional que lo convirtieron en referente para músicos y estudiosos del género.

   Tras la disolución de "Los Compadres" en los años 70, Lorenzo Hierrezuelo continuó vinculado con la música, grabando y colaborando con otros exponentes de la trova y el son hasta su muerte en 1993.

   Hoy, cuando el tiempo parece diluir los nombres, su impronta sigue intacta. Sus grabaciones se escuchan en peñas, archivos sonoros y plataformas digitales, mientras las escuelas de música lo estudian como parte esencial del patrimonio sonoro cubano, porque, sin duda alguna, cada  acorde suyo evoca a una Cuba profunda, hecha de raíces, guitarras y voces que no mueren.

   Conmemorar su natalicio no es solo rendir tributo a un músico, sino también reconocer a un creador que, con talento y convicción, erigió uno de los pilares sobre los que descansa la identidad cultural cubana.

   En cada compás de "Los Compadres" o de su recordado dúo junto a la autora de "Porque me siento triste" y "Veinte años", late la grandeza de un hombre que dedicó su vida a la música, sin concesiones, y quizás sin sospechar que la tradición, cuando es auténtica, se convierte en eternidad.


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