La sonrisa de Leo: una historia de miedo, lucha y esperanza

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ACN - Cuba
Y. Crecencio Galañena León Fotos: Cortesía de los entrevistados y Arelys María Echeverría
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25 Diciembre 2025

Hace cuatro años, el universo de Leo* se redujo a los límites de una habitación del Pediátrico Provincial José Luis Miranda de Villa Clara.

   Tras una infancia que ya era un milagro para sus padres después de una larga espera en la consulta de reproducción asistida, un diagnóstico demoledor lo separó de sus juguetes y lo llevó a una cama de hospital: leucemia mieloide aguda.

   La vida, entonces, se convirtió en un interminable ciclo de ingresos de hasta seis y siete meses, tratamientos agotadores y recaídas que golpeaban, una y otra vez, la frágil esperanza de su familia. En esos días, el miedo era un compañero constante y silencioso.

   «Ver a tu hijo, al que tanto costó traer al mundo, pelear contra algo así… es un dolor que no se puede describir», confesó su padre a la ACN, con una voz que aún carga el eco del desamparo de aquellos años.

   Había días en que la desesperación por la posibilidad de perderlo era tan grande que ahogaba todo lo demás. Uno se sentía impotente, viendo cómo su fuerza se iba con cada suero».

   Aquella angustia, sin embargo, comenzó a encontrar un contrapeso en los pequeños gestos que florecían en medio de la batalla.

   «Los martes se convirtieron en nuestro faro. Era el día en que los payasos y los artistas del proyecto Para una Sonrisa visitaban la sala.

   Por primera vez en semanas, veías a Leo reír de verdad, olvidarse por un rato de los sueros y las agujas. Esa alegría no era un adorno; para nosotros, era medicina del alma».

 

   Esta filosofía de atención, en la cual lo clínico y lo humano se entrelazan, es el pilar del sistema de salud pediátrico en el territorio. Yusiley Marcelo Harman, vicedirectora de Asistencia Médica del José Luis Miranda, lo corrobora al señalar que “la protección integral de la infancia es un mandato que va más allá del tratamiento médico de la enfermedad.

   “Iniciativas como Para una Sonrisa, que cumplió 27 años el 18 de diciembre bajo la coordinación de Tania Ortega, son esenciales para garantizar el derecho del niño a un desarrollo emocional sano, incluso en circunstancias extremas”.

   La sensibilidad hacia la niñez constituye, precisamente, lo que destaca Yandry Alfonso Chang, director de Asistencia Médica y Medicamentos en Villa Clara. Con más de cinco años de experiencia en el programa materno-infantil, el doctor reflexiona sobre la profunda vocación que requiere la pediatría.

   “Los infantes llegan enfermos, pero encarnan una ternura que conmueve el alma. Verlos recuperarse y regresar sanos a su comunidad deviene una de las mayores satisfacciones para cualquier profesional. Existe un compromiso colectivo especial con ellos.

   “Todo el mundo se esmera un poco más, se entrega con mucho cuidado. Sus “gracias, doctor”, tan sinceras, son la mejor recompensa y confirman que dedicar la vida a su cuidado resulta una de las elecciones más nobles”, expresó Alfonso Chang.

   Esta red de cuidado que salva y rehabilita no surge de la casualidad, comentó, sino de una decisión política fundamental y sostenida. Es la voluntad expresa de la Revolución y el Estado cubano, materializada durante décadas, la que ha levantado y sostiene el sistema de protección integral a las infancias.

   El compromiso se traduce en un esfuerzo material y humano constante, en el cual instituciones como el sistema nacional de salud y educación destinan recursos vitales —aun en circunstancias complejas y muchas carencias económicas— para garantizar el desarrollo pleno de cada pequeño.

   La atención especializada de alto costo, la formación continua de pediatras y enfermeras, los programas de inmunización gratuita, la red de hospitales pediátricos y la promoción de proyectos humanizadores como Para una Sonrisa, devienen solo facetas de un principio inquebrantable: en Cuba, ningún niño debe quedar desprotegido y su bienestar resulta una prioridad nacional que moviliza toda la sociedad.

   Esa red de cuidado especializado multidisciplinar, que incluye desde oncólogos y enfermeras hasta sicólogos y trabajadores sociales, sostuvo a Leo durante los años más críticos.

   Su caso, como el de otros pequeños héroes entre los que hoy se encuentran Evián, Milán o Ashly, testimonia que el sistema de salud villaclareño no claudica ante patologías complejas y de alto costo, para asegurar el derecho a la salud gratuita y universal.

   Hoy, la historia de Leo ha dado un giro luminoso. Con nueve años y en remisión, su existencia ya no transita entre salas de hospital, sino entre las aulas de su escuela y los juegos en el patio.

   Aunque lleva consigo algunas limitaciones, se ha integrado con la naturalidad y la resiliencia propia de los niños a su entorno social. Su sonrisa, que una vez el proyecto ayudó a rescatar en medio del dolor, ahora brilla con la esperanza cierta de un futuro largo y pleno.

   “Hoy miro hacia atrás y aún me cuesta creer el camino recorrido”, comparte su progenitor, ahora con un tono cargado de alivio y gratitud infinita.

   “Del miedo paralizante pasamos a una fe inquebrantable, gracias a cada médico, cada enfermera, cada voluntario que puso su corazón en salvar a mi hijo. Nos devolvieron más que su salud; nos devolvieron la vida y la esperanza. Leo no es solo un niño sano; es el símbolo de que los milagros son posibles”.

   Fundado el 18 de diciembre de 1998, el proyecto Para una Sonrisa sigue siendo un bálsamo de alegría y humanidad en el Hospital Pediátrico José Luis Miranda.

   Su labor, junto a la del sistema de salud villaclareño, demuestra que la batalla más importante no es solo contra la enfermedad, sino también por preservar, a toda costa, la infancia y la esperanza de cada infante.

(*) Se cambió el nombre del niño para proteger su privacidad a solicitud expresa de la familia.


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