La épica victoria de Girón encumbró a Cuba y a Fidel

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ACN - Cuba
Aída Quintero Dip | Foto de Archivo
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17 Abril 2026

  La épica victoria de Playa Girón protagonizada por las fuerzas revolucionarias con sangre, audacia y heroísmo, el 19 de abril de 1961, constituye una de las páginas más gloriosas de Cuba y una lección ante la soberbia imperial, al certificar las razones de una proeza histórica y militar que encumbró a este país, al pueblo y al Comandante en Jefe Fidel Castro.

   Al cumplirse el aniversario 65 de la batalla se confirma su trascendencia en la nación y fuera de sus fronteras, ya que a partir de aquel hecho los pueblos, sobre todo, de América Latina fueron un poco más libres, y porque la hidalguía de los cubanos se elevó a lo más alto para propinar la primera gran derrota del imperialismo yanqui en América, con su invicto jefe al frente.

   En menos de 72 horas fue aplastada la agresión entrenada y financiada por los Estados Unidos y sus consecuencias políticas e históricas tuvieron un impacto global en el siglo XX: Cuba demostró, por primera vez, la posibilidad de una alternativa socialista a las puertas del poderoso imperio, motivo de expectativas para los países latinoamericanos con dictaduras amparadas por Washington.

   Ante la corajuda embestida cubana, evidencia de que un pueblo unido y decidido es invencible, se frustró la operación que pretendía retomar el dominio sobre el país, para lo cual la CIA reclutó a más de mil 500 exiliados batistianos y oligarcas, los entrenó en Guatemala y Nicaragua y los armó hasta los dientes para establecer un gobierno títere, con la errónea idea de que recibiría respaldo interno.

   Durante la madrugada del 17 de abril de 1961 ocurrió el ataque mercenario por Playa Girón mediante un contingente de la Brigada de Asalto 2506 que había partido desde Puerto Cabezas, Nicaragua, a bordo de cinco buques estadounidenses de guerra, escoltados por unidades navales adicionales con el objetivo de desembarcar en dos puntos estratégicos de la bahía de Cochinos: Playa Girón y Playa Larga.

   Desde allí, los invasores buscaban establecer una cabeza de playa y formar un gobierno provisional contrarrevolucionario, que solicitaría de inmediato la intervención militar de EE.UU.

   Cuando la fuerza agresora perdió la iniciativa estratégica, la comunidad internacional se enteró de la invasión y el presidente estadounidense John F. Kennedy decidió no brindar más apoyo aéreo, por lo que representó un fracaso de la política exterior norteña.

   Evidentemente, subestimaron la inteligencia del Comandante en Jefe Fidel Castro, quien con su uniforme verde olivo y fusil al hombro compartió el peligro junto a bravos soldados y milicianos; y la valentía de un pueblo dispuesto a morir antes que volver a ser colonia de nadie, y salvar su soberanía y su Revolución.

   El asalto final que tomó el último reducto de los invasores, luego de ser ocupada Playa Larga el 18 de abril, resultó dirigido personalmente por el Comandante en Jefe al frente de la columna de tanques y tropas para la batalla conclusiva, aunque se trató infructuosamente de disuadirlo por el riesgo de asumir desde un blindado la ofensiva, reflejó en ese combate su experiencia y liderazgo, forjados desde los años de insurrección en la Sierra Maestra.

   Se trasladaron a la zona del conflicto el comandante José Ramón Fernández y el propio Fidel y observaron directamente las últimas acciones bélicas y presionó para que la ofensiva se acelerara y así evitar que transcurrieran las 72 horas que necesitaba el Gobierno de los EE. UU. para reconocer al “gobierno provisional” que allí se intentó establecer y evitar la invasión directa de la Marina y el Ejército de Estados Unidos.

   Para realzar tanta audacia y heroísmo, el 17 de abril se eligió como fecha de la fundación de la Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria, porque ese día de 1961 fueron las primeras acciones conjuntas de la fuerza aérea y la artillería, escenario donde se derribaron nueve aviones y se hundieron barcazas enemigas.

   La operación vinculada entre ambos cuerpos armados haría una gran contribución a la gloriosa epopeya de Playa Girón. Quienes se desempeñan en esas tropas, así lo certificaron, son salvaguarda segura de la soberanía de la nación, por ser hombres y mujeres consagrados y de probada lealtad.

   Hoy puede aquilatarse que la respuesta frente a los invasores fue feroz; el coraje y el valor prevalecieron en cada soldado, mientras los buques enemigos fueron repelidos y hundidos algunos de ellos por la metralla de los tanques que desplegaron una faena ejemplar, por esto en su honor se instauró el Día del Tanquista, el 18 de abril.

   Por tanto, la fecha renueva cada año el compromiso de los tanquistas, considerados un pilar en la defensa, la soberanía y la integridad territorial de Cuba; asimismo, reconoce la valiosa labor de los militares especializados en el manejo y operación de tanques y blindados en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en homenaje a los combatientes que hicieron retroceder a los servidores del imperio en Playa Girón.

   Esa jornada de 1961, Fidel Castro inspiró a los combatientes cuando desde uno de esos blindados cañoneó al buque Houston, una de las embarcaciones estadounidenses encargadas de transportar más personal y equipo para los mercenarios que, con anterioridad, recibió impactos de la aviación.

   En la proeza de Girón se hizo patente el espíritu combativo y enérgico de la juventud cubana, heredera de la estirpe de los mambises, patriotas de las guerras de independencia y de los responsables de la gesta triunfante el Primero de Enero de 1959.

   La agresión costó a Cuba más de 176 vidas, de ellas las de 151 combatientes del Ejército Rebelde, la Policía Nacional Revolucionaria y la Milicia Nacional Revolucionaria; unos 300 heridos y 50 discapacitados de por vida. Ese recuerdo revitaliza cada abril el espíritu patriótico de los cubanos, empeñados en seguir adelante y salvaguardar su libertad a cualquier precio y en cualquier circunstancia.

   Sin embargo, no parece lección suficiente esta página de la historia de Cuba para los gobiernos del país del Norte, como lo revelan sus continuas agresiones y amenazas a un pueblo que le ha clavado una espina donde más le duele por su valor y enérgica resistencia, capaz de propinar más derrotas y otras victorias como la conquistada en abril de 1961.

   En aquellos días memorables los líderes de la naciente Revolución, sus milicianos y el pueblo derrocharon el coraje que se requiere para echar por tierra las pretensiones yanquis ante un territorio libre y soberano, y rindieron honores a Antonio Maceo, que había anunciado: “Quien intente apropiarse a Cuba solo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”.

   Se evoca con devoción al Girón de nuestro Fidel desde aquel tanque ícono y símbolo de la hidalguía de Cuba, y de los milicianos recién estrenados en el arte de salvar su tierra de las botas yanquis, la misma tierra que había sido declarada socialista unas horas antes por el Comandante en Jefe, el 16 de abril de 1961.

   La malograda invasión le costó demasiado al imperio por su incapacidad de valorar con objetividad la realidad cubana y subestimar la gran estatura de Fidel, quien desde el inicio comprendió la estrategia enemiga y supo prever sus acciones magistralmente en el campo militar, político y diplomático en esas históricas jornadas.

   Cuando se avecina este aniversario 65 de la épica batalla hay conciencia de que la mejor ofrenda que puede ofrecer el pueblo a quienes cayeron en Girón y a los que pelearon, salieron con vida y siguen a nuestro lado con el ímpetu del primer día, es el enfrentamiento con apremio y valentía a los complejos problemas económicos, políticos, sociales y morales que tenemos, y el sagrado compromiso de seguir forjando a una nación con todos y para el bien de todos.

   Es la forma más digna de rendir honores a Fidel, porque aún vibra en el cielo y suelo libre de la Patria su ¡No pasarán! Una advertencia que llegó como balas a los oídos de los invasores con total vigencia hoy, en aras de frustrar cualquier plan hostil y guerrerista de la Casa Blanca, que nunca se conformó con la postura del invicto líder ni con la gallardía de los cubanos.


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