El 8 de enero de 1959 arribó a La Habana la Caravana de la Libertad luego de recorrer gran parte del país desde su salida el día 2 de Santiago de Cuba, encabezada por el Comandante en Jefe Fidel Castro e integrantes de las filas del Ejército Rebelde victorioso que había liberado al país de la dictadura de Fulgencio Batista.
En las calles, plazas públicas y al interior de los hogares era ostensible el alborozo popular al recibir a los barbudos, al frente de los cuales estaba el joven Fidel, por lo cual testigos presenciales siempre recordaron la apoteosis de la alegría que en ese viaje venía acompañada por una alerta del líder instando a la toma de conciencia.
Y en ello estaba implícito el llamamiento hecho por Fidel, en fecha tan temprana, respecto a la necesidad de cuidar desde la unidad y la movilización del pueblo a la Revolución verdadera recién en el poder, pues en lo adelante tal vez vendrían tiempos más difíciles.
Desde entonces los cubanos reviven cada año el simbólico recorrido desde el Oriente y el de este año se vincula con el centenario del nacimiento del líder histórico de la Revolución, nacido el 13 de agosto de 1926, en Birán, hoy perteneciente a la provincia de Holguín.
La llegada a la capital cubana de aquel contingente de soldados humildes se produjo por La Polar, barriada del Cotorro.
Aquel grupo de combatientes desde el primer momento recibieron vítores y abrazos de los capitalinos, quienes los esperaron junto a las fuerzas de los Comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara, quienes llegaron jornadas antes a La Habana.
Igualmente estaban las tropas comandadas por Juan Almeida y Raúl Castro Ruz.
Camilo y Che condujeron poco antes a las victoriosas batallas de Yaguajay y de Santa Clara, respectivamente, decisivas en la etapa final para el triunfo.
El Comandante en Jefe disfrutó en el trayecto, momentáneamente, la emoción de subir al yate Granma, cuando este apareció atado a un muelle, cerca de los predios de la antigua Marina de Guerra. Fue una sorpresa preparada por Camilo.
En la noche del 8 de enero, el líder revolucionario habló a los habaneros en discurso que ha quedado para la historia con ribetes legendarios.
La concentración popular se produjo en áreas del antiguo campamento militar de Columbia, convertido después en Ciudad Escolar Libertad.
“Se ha andado un trecho, quizás un paso de avance considerable. Aquí estamos en la capital, aquí estamos en Columbia, parecen victoriosas las fuerzas revolucionarias; el gobierno está constituido, reconocido por numerosos países del mundo, al parecer se ha conquistado la paz; y, sin embargo, no debemos estar optimistas.
“Mientras el pueblo reía hoy, mientras el pueblo se alegraba, nosotros nos preocupábamos; y mientras más extraordinaria era la multitud que acudía a recibirnos, y mientras más extraordinario era el júbilo del pueblo, más grande era nuestra preocupación, porque más grande era también nuestra responsabilidad ante la historia y ante el pueblo de Cuba”.
En La Habana alertó acerca de lo mucho que restaba por hacer y sobre lo cierto de que, lo más difícil, seguramente estaría por venir a partir de entonces.
Tal vez en aquellos momentos, los enemigos de la Revolución no calcularon la verdadera fuerza y poder que alcanzaría el proceso cubano, bajo la guía y conducción de un dirigente fuera de serie, entonces en la flor de su juventud.
Estos años de Revolución, libertad y victorias, de momentos desafiantes y difíciles también, les han confirmado cuan equivocados estuvieron siempre.
La llegada en 2026 de otra edición de la Caravana de Libertad confirmará la vocación patriótica de los cubanos de hoy, empeñados en tareas medulares para el mejoramiento y crecimiento de su país, y en la salvaguarda de su tierra y las conquistas logradas desde 1959.
