Katiuska Blanco: Santiago es una maravilla en la vida de Fidel

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ACN - Cuba
Nelson Hair Melik Marrero | Fotos: Juan Pablo Carreras y periódico Granma
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07 Agosto 2026

   Antes de convertirse en el líder de la Revolución Cubana, en el estadista y orador reconocido dentro y fuera del país, Fidel Castro Ruz fue un niño que llegó desde Birán y encontró en Santiago de Cuba un espacio decisivo para la formación de su carácter, sensibilidad y pensamiento.

   Así lo afirmó a la Agencia Cubana de Noticias la periodista e investigadora Katiuska Blanco, quien aseguró que comprender la relación del Comandante en Jefe con esta ciudad permite entender mejor las raíces de su dimensión humana y política.

   Fidel vivió durante su infancia en una modesta vivienda del barrio de Tivolí, que estaba en muy malas condiciones, y goteaba en días de lluvia; donde conoció una realidad muy diferente a la de su entorno familiar.

   Aquí experimentó por primera vez el hambre física. Él percibía que estando en Birán, nunca sentía deseos de comer, ni apetito. Siempre andaba comiendo maíz asado y harina con azúcar en los bohíos de los haitianos. O en su casa, dulces en almíbar enlatados. Su mamá le peleaba a él y a sus hermanos, porque después no almorzaban, comentó.

   Pero en Santiago, a Fidel la comida se le convirtió en una especie de obsesión. No dejaba de pensar todo el tiempo en esta. Y era porque estaba pasando hambre.

   Según expresó, conoció el sufrimiento de quienes no tenían qué comer. Pinchaba --se lo contó a Frei Betto--, el último granito de arroz en el plato. Esa vivencia quedó grabada en su memoria y explica, en gran medida, la permanente defensa que hizo de los más humildes.

   Blanco evocó igualmente la impresión que le causaban las largas filas de haitianos concentrados en la Alameda para ser repatriados. Aquellas imágenes le recordaban a sus amigos, los trabajadores haitianos de Birán, y fortalecieron una sensibilidad que lo acompañaría toda la vida.

   En esa experiencia, dijo, hay un componente que explica por qué Fidel siempre se identificó con los seres humanos sin distinguir origen, raza o color de la piel.

   A juicio de la investigadora, esas vivencias se unieron a la educación solidaria recibida en su familia.

   Si hubiera sido un hombre egoísta o conformista, jamás habría renunciado a una vida cómoda para asumir los riesgos de la guerra, la prisión, el exilio o la posibilidad constante de perder la vida. Sin esa profunda dimensión humanista, su historia habría sido completamente distinta, señaló.

   Para Blanco, acercarse a esa faceta personal no disminuye la grandeza histórica de Fidel; por el contrario, ayuda a comprender las razones que sustentaron las decisiones del hombre que transformó el destino de Cuba. La parte humana es la esencia de todo lo que hizo y por lo que luchó, afirmó.

   Recordó que Fidel encontró en el ideario martiano la guía ética de su actuación y evocó al intelectual Roberto Fernández Retamar, quien afirmaba que en él «José Martí era orgánico», porque su pensamiento y conducta estaban profundamente inspirados en el Apóstol.

   Santiago también mostró al joven Castro el rostro de la represión política. Durante la dictadura de Gerardo Machado y los años posteriores escuchó explosiones, vivió la tensión de las calles y aprendió a convivir con el peligro.

   Al principio aquellas bombas lo asustaban; después comenzó a contarlas. Fue una adaptación inconsciente a una realidad violenta que, probablemente, contribuyó a forjar el temple y la serenidad que demostraría más tarde durante la lucha revolucionaria, explicó.

   La estudiosa destacó igualmente la influencia de los colegios Dolores y Hermanos de La Salle. En el primero fortaleció la disciplina, la voluntad y el espíritu de superación mediante la exigente formación jesuita y las excursiones a las montañas de El Cobre; en el segundo amplió su cultura y desarrolló una curiosidad intelectual que lo acompañaría toda la vida.

   Aunque Fidel habló poco de la trova tradicional santiaguera, Blanco aseguró que esa música formó parte natural de su entorno.

   Cuando caminaba por las calles santiagueras, la banda sonora eran los sones y las canciones de los trovadores. También escuchó a Belén Feliú, hermana de la maestra de Biran, interpretar al piano obras de Frédéric Chopin, especialmente la Polonesa, pieza que conservó entre sus favoritas, comentó.

   Entre las anécdotas compartidas sobresale el recuerdo de su primer enamoramiento platónico por Riset Mazorra Vega, integrante de la familia que lo acogió durante un tiempo en la ciudad.

   Como ocurre con muchos adolescentes, fue un sentimiento silencioso que nunca olvidó y evocaba con naturalidad y sentido del humor, relató.

   La periodista recordó además una conversación con Fidel en aras de entender sobre una maniobra para cruzar la bahía santiaguera desde la península de Renté hacia la Sierra Maestra.

   Mientras ella intentaba comprender el recorrido, Fidel reconstruyó mentalmente todo el itinerario y, al concluir la explicación, le preguntó en tono jocoso: «¿Tú tienes Google Maps?». Mucho antes de que esa herramienta se popularizara, el líder revolucionario demostraba la extraordinaria precisión con que conservaba en su memoria cada espacio de Santiago.

   Conocer al niño, al adolescente y al joven que recorrió las calles santiagueras permite comprender mejor al hombre que dedicó su existencia a las causas que consideró justas.

   No resulta casual, afirmó, que tras el triunfo revolucionario regresara una y otra vez a estas tierras ni que confesara que siempre volvería cuando necesitara fuerzas.

   Quizá por ello, al resumir la relación entre Fidel y la ciudad heroica, Katiuska Blanco no recurre a una definición política ni militar, sino a una frase sencilla que sintetiza ese vínculo entrañable: «Santiago es una maravilla en la vida de Fidel».


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