En medio de turbulencias que amenazaron con empañar la celebración de los X Juegos Panamericanos, la ciudad estadounidense de Indianápolis acogió el certamen multideportivo del 8 al 23 de agosto de 1987, con otra destacada actuación de Cuba.
Aunque esta vez la delegación cubana logró cinco títulos menos que en Caracas 1983, la conquista de 75 medallas de oro, 52 de plata y 48 de bronce, le bastaron para mantener el segundo lugar de la tabla general por quinta ocasión consecutiva.
Como era de esperar, y más en su condición de sede, Estados Unidos (168-118-83) dominó ampliamente el medallero por naciones; mientras que Canadá (30-57-35) repitió su ubicación en la tercera plaza.
Resultados memorables alcanzaron los atletas de la isla caribeña en esa cita continental, entre los que sobresalen las 25 coronas, de 30 en disputa, conseguidas en el levantamiento de pesas; en tanto los gladiadores reinaron en el cómputo de la lucha libre y grecorromana.
También resultó decisivo el aporte de los pugilistas, quienes para no perder la costumbre pasaron como un “ciclón” sobre el cuadrilátero y se alzaron con 10 de los 12 cetros en el boxeo, hazaña que los encumbró aún más en esa disciplina.
Con ese desempeño, los boxeadores de la mayor de las Antillas no solo mantuvieron la cima en ese deporte de combate, sino que superaron en dos metales áureos lo obtenido en la justa caraqueña, cuatro años atrás.
En Indianápolis, no faltó la contribución de la mujer cubana, con figuras como Lourdes Medina, a la postre reina de la gimnasia artística; en tanto Ana Fidelia Quirot consiguió dos preseas doradas en el atletismo.
Conocida como la “Tormenta del Caribe”, Quirot brilló con sus triunfos en las pruebas de 400 y 800 metros planos, e igualó -aunque en certámenes diferentes- el doblete de Alberto Juantorena en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976.
Además, en el apartado colectivo siguieron llegando alegrías para la afición cubana, con las victorias de los elencos de béisbol y voleibol (f), en ambos casos al sumar su quinta corona de forma sucesiva.
El éxito de los peloteros tuvo como ingrediente especial que se consiguió tras derrotar en la final a Estados Unidos, en duelo de batazos que concluyó con marcador de 13 carreras por nueve, para así tomar desquite ante los anfitriones, ganadores en la fase clasificatoria.
Entre las individualidades de los vencedores, se hizo sentir con sus jonrones el toletero santiaguero Orestes Kindelán.
Acción en 31 deportes, que incluyó 321 pruebas premiadas en lugar de las 295 de la justa precedente; y cifra tope de 38 naciones con la asistencia de cuatro mil 453 competidores, fueron algunos de los registros notables de esa fiesta multidisciplinaria.
Para la historia quedó el hecho de que esa cita en 1987 pudo ser organizada por La Habana, pero por una extraña maniobra se concedió la sede a Indianápolis, por lo que Cuba protestó y exigió la presentación de disculpas para intervenir en esos Juegos que consideraba arrebatados.
En definitiva, el Comité Olímpico de EE.UU. y la Odepa presentaron por escrito excusas a la Isla, a la vez que dieron garantías de respaldo a la candidatura cubana para acoger el certamen de 1991. (Manuel Asseff Blanco, ACN)
© 2026 Agencia Cubana de Noticias. Prohibida la reproducción parcial o total de este contenido si no es suscriptor editorial
