Bajo la mirada escrutadora y los aportes sustantivos del Comandante en Jefe Fidel Castro surgió el sistema del Poder Popular en Cuba como parte del proceso de reconstrucción e institucionalización del Estado socialista para articular y hacer efectivo el principio democrático del ejercicio del poder por el pueblo.
Para su concepción se tomaron en cuenta fundamentos marxistas-leninistas y la experiencia de la práctica socialista cubana hasta entonces. También el devenir fue engrosando los avales para enriquecer tamaña obra.
Todo ello se sustenta en una indiscutible unidad del Poder Popular y el papel rector del Partido Comunista de Cuba. Constituye un sistema novedoso, cuyo desarrollo y perfeccionamiento se realiza a partir de las experiencias derivadas de su aplicación ajustadas a las realidades del país.
La Ley No. 1269 del Consejo de Ministros, del 3 de mayo de 1974, aprobó desarrollar como experiencia en la provincia de Matanzas, la constitución de los órganos del Poder Popular mediante elecciones, con el fin de avanzar en el proceso de institucionalización.
Corría febrero de 1976 cuando ya fue promulgada la Constitución de la República, en la que se distingue al sistema del Poder Popular como el eslabón más alto de la democracia socialista.
Desde entonces se ha buscado perfeccionar todo lo anterior. Tan es así que en la actualidad se mantiene el empeño de seguir fortaleciendo el trabajo del Poder Popular, desde la labor del delegado hasta la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Recientemente se desarrolló un proceso importante de análisis y debate con los delegados y directivos que se desempeñan en los municipios, en el que se hicieron varias reflexiones interesantes sobre el trabajo del Poder Popular.
El Primer Secretario del Partido y Presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en dicha reunión con los presidentes de las asambleas municipales expresó: «todo lo que no se haga con el pueblo no aporta al concepto de Poder Popular (…) el que plantea como elemento imprescindible la participación del pueblo, no es un favor lo que le estamos haciendo al pueblo, al contrario, cuando no lo hacemos así, sí estamos violando la soberanía».
Elegir es un derecho, hacerlo por el mejor es voluntad popular.
El sistema político cubano exhibe un grupo de fortalezas, entre ellas cómo se organiza y estructura el proceso, que transcurre en más de 12 mil 400 circunscripciones, en las cuales son elegidos los delegados por el voto libre, igual, directo y secreto de los electores.
Los representantes elegidos integran el ente de la instancia inmediata superior, hacia el cual trasladan el sentir y opiniones de sus representados, que son la máxima autoridad.
Fue el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien como nadie delineó este modelo democrático de gobierno desde la base.
“Nuestro sistema político, cuando se habla de democracia, no tiene que envidiarle nada, en absoluto, a ningún país de la Tierra, y creo que es mucho el mérito de esa democracia cuando tiene lugar aquí a 90 millas de Estados Unidos y bajo una espada de Damocles que ha estado sobre nuestras cabezas durante tanto tiempo”, afirmo el líder de la Revolución cubana en su discurso del 27 de diciembre de 1991 en la clausura del X periodo ordinario de sesiones de la legislatura del Parlamento.
En esa ocasión dejó bien claro: “El mecanismo de postulación tiene que ser del pueblo. Ahora, ¿quiénes son los representantes del pueblo? Los delegados de circunscripción. Tenemos que seguir el mismo mecanismo. El pueblo elige a sus delegados. Primero, el pueblo postula a los delegados de circunscripción, después el mismo pueblo los elige (…)
“Nuestro sistema presupone la mayoría del pueblo. Si no hay mayoría del pueblo en nuestro sistema, como el pueblo es el que postula, y el pueblo es el que elige, si la Revolución perdiera la mayoría del pueblo, perdería el poder; no perdería el espíritu revolucionario, seguiría el espíritu revolucionario, seguiría la lucha, porque digo que la Revolución es un principio, es un ideal, es un programa por el cual hay que luchar en cualquier condición y en cualquier circunstancia”.
Como parte del perfeccionamiento en marcha de los órganos del Poder Popular, se persigue enaltecer y reconocer el papel del Delegado, quien en sus barrios resulta ser la persona a la cual todos acuden y si no puede resolver todos los problemas, al menos siempre se esfuerza por darle curso a las situaciones y dar respuestas, aunque no sean las esperadas.
Esta figura esta llamada en las actuales circunstancias no solo a tocar con las manos la vida cotidiana de su comunidad, esta de frente a la corrupción y el despilfarro; a seguir de cerca los casos vulnerables y ubicarse siempre en el centro de los problemas de su área de acción.
En una de sus visitas a la Güinera, el miembro del Buró Político del Partido, Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, destacó que los delegados son héroes de nuestros barrios, son la base de nuestro sistema político, y están en la primera trinchera, en defensa diaria de la Revolución en la comunidad.
El poder popular implica la participación de las masas, que es la esencia de nuestra democracia. Un principio esencial es el que el pueblo nomina, elige, revoca, controla y sus elegidos deben rendirle cuenta.
Igualmente a este tema se refirió Fidel en el cierre de la sesión de constitución de la Asamblea Nacional, en su cuarta legislatura, y del Consejo de Estado, el 15 de marzo de 1993, cuando denunció: “Por ahí algunos en el exterior han dicho que no era democrático, puesto que no hay pluripartidismo. Hay "millonaripartidismo" en nuestro país, porque si en otros lugares los partidos son los que postulan, aquí cualquier ciudadano de este país, mayor de edad —y son millones y millones—, puede proponer para que se postule a cualquier ciudadano, de los millones de ciudadanos de este país con derecho al voto. ¿Quién puede negarlo? ¿Quién puede ignorar lo que ocurre en las asambleas de base, donde los vecinos se reúnen para proponer a los candidatos y donde los vecinos son los que aprueban a los candidatos? ¿Qué tenemos que envidiarles a aquellos que pueden hablar de muchos partidos y, en algunos casos, son cientos de partidos?
“Es una fortuna –añadió-- el método este que estamos usando, que es incomparablemente más democrático que el método del pluripartidismo y es la aplicación de un concepto muy revolucionario en materia de democracia: el concepto de que el pueblo postula y el pueblo elige".
Se busca que votemos porque el poder del barrio este en su gente y en esa propia cuerda Díaz-Canel Bermúdez ha llamado a votar por quienes puedan transformar el barrio, por aquellos que no estén de espaldas a la realidad cotidiana, pues es quien debe situarse de cara a la ciudadanía y a sus necesidades más inmediatas.
Dicha responsabilidad exige de sacrificios y esa función, la base del sistema del Poder Popular, deviene la tarea más difícil. Para ser delegado se requiere de un conjunto de condiciones, además del prestigio y los aciertos individuales.
La historia de estos procesos ha sido la materialización del principio que acompañó a Fidel Castro en el ejercicio de su tarea al frente de la Revolución Cubana, por casi 50 años, como declaró en Un grano de maíz. Conversación con Tomás Borge (1992):
“La democracia para mí significa que los gobiernos, primero estén íntimamente vinculados con el pueblo, emerjan del pueblo, tengan el apoyo del pueblo, y se consagren enteramente a trabajar y a luchar por el pueblo y por los intereses del pueblo. Para mí democracia implica la defensa de los derechos de los ciudadanos, entre ellos, el derecho a la independencia, el derecho a la libertad, el derecho a la dignidad nacional, el derecho al honor; para mí democracia significa la fraternidad entre los hombres, la igualdad verdadera entre los hombres, la igualdad de oportunidades para todos los hombres, para cada ser humano que nazca, para cada inteligencia que exista”.
Y siguiendo sus credos, la sociedad antillana ha enfrentado procesos eleccionarios que han buscado realzar la indisoluble unidad de los delegados con sus electores, basamento del modelo democrático cubano, que nada tiene que ver con los métodos electoreros del vecino del Norte, que ha pretendido y pretende aún --y con más fuerza en este 2026-- ahogarnos con su bloqueo; pero seguimos vivos y luchando.
Lo logrado en esta materia --sujeto a mejoras todo el tiempo-- tampoco tiene nada que ver con el desparpajo existente en Cuba antes de 1959, cuando un joven barbudo al frente de su aguerrida tropa mandó a parar.
Nadie mejor que Carlos Puebla describió aquellos tristes tiempos --que hoy en Cuba solo son historia pasada-- en la memorable canción:
“Aquí pensaban seguir/ jugando a la democracia/ y el pueblo que en su desgracia/ se acabara de morir/y seguir de modo cruel/ sin cuidarse ni la forma/con el robo como norma/ y en eso llegó Fidel”.
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