Identidad naranja: Villa Clara y su legado en series nacionales (+Fotos)

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ACN - Cuba
Y. Crecencio Galañena León | Fotos: Arelys María Echevarría
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26 Enero 2026

  En los archivos de una publicación festiva llamada La Esquilla, fechada el 11 de octubre de 1888, existe una de las primeras reseñas periodísticas del béisbol organizado en Cuba fuera de La Habana.

    Se narraba un encuentro en Santa Clara entre los equipos Villa y Bélico.

   Ese hilo histórico, que se tejió mucho antes del triunfo de la Revolución en 1959 y de las series nacionales, es el que conecta directamente con la esencia de los Azucareros de Villa Clara.

   Su identidad no se forjó en 1977 con su fundación oficial, sino que constituye el producto de un rico y profundo legado que bebe de tres fuentes fundamentales: la tradición de los clubes profesionales locales, la épica de los Azucareros de Las Villas y la garra competitiva que los define hoy.

   Tal resulta la historia de un color, un estadio y un estilo de juego que trascienden décadas.

   Para comprender la importancia del béisbol en Villa Clara se impone remontarse a finales del siglo XIX. Santa Clara fue pionera en la realización de juegos de béisbol organizados en la isla. Esta tradición se consolidó en la etapa de la seudorrepública, cuando los Leopardos de Santa Clara se convirtieron en uno de los conjuntos más emblemáticos del campeonato profesional cubano.

   Entre 1922 y 1941, los Leopardos conquistaron cuatro títulos y contaron en sus filas con figuras legendarias de las ligas negras norteamericanas, como el inmortal Martín Dihigo, Satchel Paige (considerado por muchos el mejor lanzador de las ligas negras) y Oscar Charleston.

   El jugador franquicia de este team fue el mítico Alejandro Oms. Este período de esplendor profesional sentó una base de afición y conocimiento del juego que sería crucial para el futuro.

   Con la creación de las Series Nacionales en 1962, se formaron los equipos representativos de las provincias. La antigua provincia de Las Villas fue representada por los Azucareros, que inmediatamente se ganó el apodo de "el equipo aguerrido de Las Villas".

    No solo fue uno de los cuatro fundadores de la serie, sino que se convirtió en el más exitoso de su segunda etapa (1967-1977), conquistando tres campeonatos nacionales (1969, 1971 y 1972). De ellos, los Azucareros de Villa Clara heredaron mucho más que el mote: un estilo de juego característico, basado en la velocidad, el bateo corto y las jugadas agresivas de corrido y bateo.

   También un símbolo: el color naranja. Este tono, que inicialmente eran solo ribetes en un uniforme grisáceo, con el tiempo prevaleció hasta convertirse en el color identitario del equipo, representando, además, a la industria azucarera, el motor económico tradicional de la región.

   En 1977, con la nueva división político-administrativa del país, se fundó oficialmente el equipo Azucareros de Villa Clara. Desde su primer año, demostraron ser herederos dignos de la combatividad villareña, terminando en sexto lugar, la mejor ubicación entre los debutantes.

   Su sede y otro de sus símbolos más perdurables ya estaban establecidos: el Estadio Augusto César Sandino, inaugurado el 8 de enero de 1966.

   Con una capacidad para 18 mil espectadores, este coloso fue bautizado por Rodobaldo Hernández como “la ciudad naranja”, en alusión al color de sus gradas, torres de alumbrado y edificios vecinos.

   No es solo un estadio, sino un ícono. Ha sido subsede de eventos universales como los Campeonatos Mundiales de Béisbol de 1971 y 1973, y escenario de hazañas históricas, como los dos juegos de no-hit, no-run consecutivos lanzados por Aquino Abreu en enero de 1966, una proeza única en la historia de las series nacionales.

   La identidad villaclareña se consolidó con éxitos y marcas que parecen sacadas de una leyenda. Su primer campeonato bajo el nombre de Villa Clara llegó en la Serie Nacional de 1982-83, con un equipo que estableció registros que aún hoy asombran. Terminaron la temporada con un récord de 41 victorias y apenas ocho derrotas, para un asombroso promedio de .837, el mejor jamás logrado por un equipo en la historia del béisbol cubano.

   Ese mismo año, el lanzador Mario Véliz propinó un no-hit, no-run en el Sandino.

   Pero si hay un récord que encapsula la ofensiva explosiva del estilo naranja resulta el establecido el 14 de enero de 1995: Villa Clara anotó 38 carreras en un solo juego frente a Las Tunas, una marca colectiva nacional que incluyó 24 extrabases.

   Entre 1993 y 1995, el conjunto, dirigido por Pedro Jova, lograría un tricampeonato consecutivo, una hazaña que solo han igualado Industriales y Santiago de Cuba.

   Más allá de los títulos y los récords, lo que verdaderamente define a Villa Clara apunta a un estilo de juego inconfundible. Según el exdirector Eddy Martín, este estilo se define como “la garra naranja”.

   Se caracteriza por un béisbol dinámico y ofensivo, donde prima la velocidad en las bases, el bateo para hacer contacto y mover corredores, y una agresividad constante que presiona al rival.

   Este enfoque no es casual; es una elección filosófica que conecta con los orígenes aguerridos del equipo y que ha producido algunas de las figuras más carismáticas del béisbol cubano, como el emblemático Víctor Mesa, símbolo de esa velocidad y desparpajo. Sello que los aficionados reconocen y que convierte cada juego en el Sandino en un espectáculo de pura combatividad.

   La historia del béisbol en Villa Clara constituye un viaje que va desde los primeros encuentros del siglo XIX y los Leopardos profesionales, pasa por la épica de los Azucareros de Las Villas y desemboca en la identidad consolidada del equipo actual.

   No es solo un club de béisbol; es la custodia de una tradición deportiva regional profundamente arraigada. Su color naranja, su estadio Sandino y su garra en el terreno son más que símbolos.

   Son la expresión viva de una historia que sigue escribiéndose. En cada jugada de corrido, en cada base robada, los Azucareros de Villa Clara reafirman un legado que los convierte, con justa razón, en uno de los cuatro equipos emblemáticos y grandes del béisbol cubano.


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