
Descubrir que no se trataba de un ejemplar albino de la Flor de Pascua, sino de una Mussaenda, activó en esta reportera la necesidad de indagar sobre la procedencia del arbusto que florece durante todo el año en el jardín de una vivienda localizada en Nueva Gerona, Isla de la Juventud.
“Lo traje hecho postura de La Habana y solo sé que es una Mussaenda blanca”, afirmó el propietario, con evidente prisa, mientras se alejaba en su bicicleta.
Consultar literatura botánica permitió conocer que el nombre científico de la planta objeto de tanta curiosidad, es Mussaenda philippica, de la familia Rubiaceae (entre cuyas especies destacan la Ixora, la Gardenia y el Café) es originaria de las islas Filipinas y muy difundida en todo el planeta debido a sus estructuras florales.
Su atractivo está en los sépalos (de color blanco, rosado y rojo) que acompañan las diminutas flores. Esta especie admirada se distingue por poseer numerosos sépalos, en forma de racimos terminales de matiz blanco, asociados a una pequeña flor de color naranja, por eso resulta la más cultivada como arbusto ornamental.
La Mussaenda se caracteriza precisamente por ser arbustiva. Puede encontrarse en áreas tropicales de Asia, África e islas del Océano Pacífico. La mayoría posee una tasa de crecimiento elevada y gracias a esta propiedad, se cultiva con fines decorativos en diferentes regiones del planeta.
Se cree que llegó al Caribe insular de manos de viajeros y comerciantes que la traían en forma de semilla o esqueje.
Aunque a los ojos de esta reportera pareció una variante albina de la Flor de Pascua –planta de origen mexicano de la temporada de otoño e invierno–, la Mussaenda blanca, conocida vulgarmente como Flor de Trapo, Mussa o Lámpara de Buda, goza de popularidad en esta región porque florece todo el año y atrae a polinizadores como abejas, colibríes y mariposas.
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