Febrero, un mes sin nombre

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Marta Hernández
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05 Febrero 2017

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Santa Clara, 5 feb (ACN) Hasta el año 713 antes de nuestra era los romanos consideraban que febrero no merecía tener nombre, y lo llamaban, al igual que enero, período de invierno.
Este segundo mes del año tiene entre sus peculiaridades que sólo cuenta con 28 días y cada cuatro años se le agrega otro, cualidad que lo llena de misterios y supersticiones.
Relatan los estudiosos que durante el siglo XIX en Inglaterra existía una costumbre muy peculiar, las mujeres podían pedirle matrimonio a los hombres solamente el 29 de febrero, cuestión muy extravagante para aquellos tiempos.
Por contar con 28 días, tiene cuatro semanas exactas, con excepción de los años bisiestos, también se distingue porque comienza y termina siempre con el mismo día de semana.
Dicen que es un mes excéntrico, porque el clima es muy cambiante de un día para otro, e incluso hay grandes diferencias entre la mañana y la noche en cuanto a las temperaturas, por eso se archivó un refrán popular que dice: “ febrero loco, ningún día se parece a otro”.
Muchos árboles florecen en esta etapa lo que da una visión hermosa de parques, avenidas, paseos y campos.
Los días durante este mes son más largos, por lo que dura más la luz del sol, desde épocas antiguas las personas consideraban estas condiciones como el momento oportuno para reavivar las tareas agrícolas luego del crudo invierno.
Febrero no escapa a la presencia de fuertes frentes fríos provocados por oleadas de aire polar.
En Cuba este mes se reconoce la labor de los trabajadores del comercio y los de la administración pública y el 24 de febrero de 1895 en la zona oriental del país se realizó el alzamiento de Baire, poblado cercano a Santiago de Cuba.
Se distingue el segundo mes del año por contar entre sus días con el 14 de febrero, consagrado al amor desde siglos anteriores.
También ocurrieron nacimientos de personas que repercutieron en el desarrollo social como Thomás Alva Edison, científico norteamericano, y Charles Darwin, naturalista británico, entre otros.
Con un clima cambiante, pocos días y muchas flores febrero llega cada año con el atisbo de la primavera, y como un aviso de que el invierno quedó detrás.
Este cambio de estación es un momento halagüeño para quienes habitan en el hemisferio norte y que marca la diferencia, porque poco a poco los animales comienzan sus rutinas reproductivas y los campos lanzan al aire el aroma de las nuevas vidas.


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