El primero de abril de 1980 es asesinado el joven Pedro Ortiz Cabrera, como consecuencia de las heridas recibidas durante el ingreso por la fuerza en la embajada de Perú en La Habana, de varios antisociales cubanos, que impactaron un ómnibus contra la cerca de esa sede diplomática y dispararon al custodio.
Era el resultado de la política ejecutada por el gobierno estadounidense de estimular las salidas ilegales de Cuba, destinada a generar una crisis migratoria en la isla.
Si bien negaban las visas a aquellas personas que deseaban abandonar el país legalmente, recibían como a héroes a aquellos que delinquían y ponían en riesgo a otros cubanos.
Ese martes, Pedro Ortiz estaba tranquilo, atento, cumpliendo con su deber, como tantas veces, en la embajada ubicada en 5ta. y 7ma., en Miramar. El relevo se había efectuado a las 12 del día y él cubría una de las postas principales. Tenía planes, sueños que cumplir.
Sobre las cinco de la tarde fue que divisó el ómnibus, que arremetió contra la cerca de la sede diplomática. Aún herido, respondió a los agresores.
Había nacido el 22 de febrero de 1953 en el poblado de Chivirico, en la actual provincia de Santiago de Cuba. De origen muy humilde, aprovechó las oportunidades dadas por la Revolución para la superación y concluyó sus estudios de Secundaria Básica.
Por sus destacados valores, luego de su ingreso en el Servicio Militar General, en 1971, recibió la condición de militante de la Unión de Jóvenes Comunistas e integró la Columna Juvenil del Centenario.
Posteriormente, fue seleccionado para la Policía Nacional Revolucionaria, y luego de capacitarse, comenzó a formar parte del Regimiento de Protección a Sedes Diplomáticas en La Habana.
Los inicios de 1980 del pasado siglo habían comenzado tensos. Ya en los primeros meses, él estaba en funciones en la embajada de Venezuela, cuando tuvo que enfrentar el ataque de unos antisociales que intentaron violar la integridad de la referida sede.
Crear un clima de inestabilidad e inseguridad diplomática era uno de los objetivos del enemigo estadounidense. Ante eso, la dirección del Ministerio del Interior “decidió reforzar la vigilancia en las sedes diplomáticas latinoamericanas”, y entonces Pedro pasó a custodiar el perímetro de la Embajada de Perú, en La Habana.
Fue en ese sitio, donde Pedro Ortiz Cabrera enfrentó con valentía a los malhechores que transgredieron el espacio de la embajada. En el acto resultó mortalmente herido. Posteriormente falleció en el hospital Carlos J. Finlay.
El periódico Granma publicó el 7 de abril de 1980, el editorial titulado La posición de Cuba, en el cual se dio a conocer entre otras cosas, la actuación del Gobierno Revolucionario para proteger la seguridad de los miles de personas, incluidos niños, que posteriormente invadieron la embajada de Perú.
En ese documento, se expresa que Cuba no quiere ni necesita “embajadas tomadas ni embajadores secuestrados. Ni estamos dispuestos si desgraciadamente ello ocurriera a someternos a ninguna exigencia”.
Añade que por eso se adoptaron rigurosamente las adecuadas medidas de protección. “Por eso custodiamos las embajadas. Por eso dio su joven vida el valiente soldado Pedro Ortiz Cabrera, muerto el primero de abril mientras cumplía su abnegado deber en la embajada de Perú. La Habana es sin duda una de las capitales del mundo con más seguridad para los diplomáticos”.
El 19 de abril de 1980, en La Habana, tuvo lugar la Marcha del Pueblo Combatiente. Más de un millón de cubanos desfiló frente a la embajada de Perú, ratificando así su apoyo a la Revolución y condenando las acciones alentadas por el gobierno estadounidense.
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