Con esta entrega concluye el intercambio de la Agencia Cubana de Noticias con el profesor Enrique Carlos Loyola Vega, presidente de la Sociedad Cubana de Derecho Internacional en Villa Clara, sobre la agresión militar de los Estados Unidos (EE. UU.) a Venezuela, el 3 de enero de 2026, y su repercusión en materia de Derecho Internacional (DI).
El experto ya demostró que la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores resulta un secuestro que irrespeta la inmunidad a la cual tienen legítimo derecho y explicó los mecanismos de responsabilidad internacional que pueden activarse contra los EE. UU.; así como la parálisis de la Organización de Naciones Unidas (ONU) ante el veto de los miembros del Consejo de Seguridad.
Loyola Vega, en esta ocasión, sitúa la agresión en el contexto histórico de América Latina (AL), explicando por qué constituye una violación del pilar fundamental de la no intervención y cómo su objetivo es socavar la soberanía de los pueblos sobre sus recursos naturales.
--Profesor, ¿por qué la no intervención resulta pilar del DI en AL, y esta actuación de Washington no solo lo viola, sino que también transgrede la declaración del continente como zona de paz?
La no intervención constituye un principio fundamental del DI reconocido en el artículo dos de la Carta de la ONU. Es un corolario del principio general de “no injerencia en los asuntos internos de los Estados”, sin el cual la humanidad se convertiría en un permanente campo de batalla entre los más fuertes contra los más débiles. Tal deviene la base de la ideología fascista en las relaciones internacionales: la ley del más fuerte, despiadado y salvaje.
Ya el presidente Benito Juárez había sentado sus bases al expresar que “el respeto al derecho ajeno es la paz”.
En el DI, “intervención” significa una injerencia coactiva de un Estado que se inmiscuye en los asuntos internos de otro para imponerle una línea de conducta, violando el principio de independencia.
América Latina, desde su liberación del colonialismo, ha sido víctima de innumerables intervenciones. Los EE. UU. han intervenido reiteradamente, elaborando teorías como el Destino Manifiesto, que dieron lugar a la Doctrina Monroe y ahora a su corolario, la “Doctrina Trumpista”.
Para justificar su injerencia, la Casa Blanca admite el principio de no intervención, pero alega excepciones cuando, según ellos, procede: protección de nacionales, humanitarismo, defensa de la democracia hemisférica o, como en este caso, la solicitud de supuestas “autoridades locales” de la oposición.
Surgieron para contrarrestar estos abusos en nuestro continente la Doctrina Calvo, que prohíbe la intervención para proteger nacionales, y la Doctrina Drago. Esta última, incorporada al Derecho Internacional, establece que las deudas de un Estado no justifican la intervención armada ni la ocupación para apoderarse de sus recursos, que es precisamente el objetivo central de esta agresión.
Estos actos rompen la Declaración de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (2014) donde se proclamó a “América Latina y el Caribe como zona de paz”, por lo que la intervención estadounidense deviene violación esencial de las relaciones internacionales del continente.
--¿Cómo se conectan estos hechos con la soberanía sobre los recursos naturales y el derecho al desarrollo de los pueblos?
El fin real de esta agresión genocida apunta a apropiarse nuevamente de los recursos naturales de Venezuela como el petróleo, el gas, el oro y los recursos hídricos. Acción violatoria de la Resolución 1803 (XVII) de la Asamblea General de la ONU sobre “soberanía permanente sobre los recursos naturales” del 14 de diciembre de 1962.
Dicha resolución establece que los pueblos tienen derecho permanente a sus riquezas en interés de su propio desarrollo y bienestar. La inversión extranjera debe acomodarse a las reglas de esos pueblos, y la nacionalización por interés nacional es superior al interés privado extranjero.
La paradoja histórica es que los actuales países desarrollados del “Occidente global” lograron su desarrollo gracias a las riquezas naturales que robaron de sus colonias. Subdesarrollaron a AL con la explotación colonial. Ahora que América Latina, con ayuda de Estados emergentes, comienza a recuperar su riqueza ancestral y busca su propio camino, el decadente imperio recurre a métodos neofascistas para revertir la historia y apropiarse nuevamente de lo suramericano y caribeño.
Este acto no resulta aislado. Busca crear un precedente en el derecho consuetudinario para repetirlo en otros países, e incluso contra aliados. Es la lógica del control y el expolio mediante la cual las potencias del norte global siguen imponiéndose sobre el sur global, privándolo de soberanía.
Fue la política injerencista del propio Donald Trump la que, al prohibir a sus empresas petroleras operar en Venezuela, perdió la “guerra energética”, abriendo espacio a otros actores globales.
Según Loyola Vega, todos estos actos son violatorios de las más elementales normas éticas y jurídicas internacionales para satisfacer deseos coloniales y de enriquecimiento de un sector empresarial fascistoide.
Defender el derecho de Venezuela es defender el principio irrevocable de que los recursos y el desarrollo pertenecen, exclusivamente, a sus pueblos. La soberanía sobre los recursos naturales no resulta solo una cuestión económica, sino también la base misma de la autodeterminación, la paz y la justicia histórica para toda nuestra América.
A lo largo de estas entrevistas, el profesor villaclareño ha mostrado con rigor jurídico la magnitud de la agresión al hermano territorio.
Desde su calificación como crimen de lesa humanidad y violación de la soberanía, pasando por la ilegalidad del secuestro del presidente Maduro —quien debería ser legalmente catalogado como prisionero de guerra—, el análisis de la responsabilidad internacional y la parálisis del sistema de la ONU, hasta esta última reflexión sobre la violación de los principios fundacionales de América Latina como zona de paz y el derecho inalienable de los pueblos a sus recursos.
Su análisis constituye un aporte esencial para comprender que este no es un hecho aislado, sino un episodio crítico en la lucha histórica entre la ley del más fuerte y el imperio del derecho internacional.
La defensa de Venezuela es, en esencia, la defensa de un orden mundial basado en la soberanía, la igualdad y la paz, principios por los que Cuba ha luchado y seguirá luchando.
© 2026 Agencia Cubana de Noticias. Prohibida la reproducción parcial o total de este contenido si no es suscriptor editorial
