El 29 de octubre de 2025, el oriente de Cuba volvió a enfrentarse a la furia de la naturaleza: el huracán Melissa, pese a su nombre apacible, impactó con severidad sobre extensas áreas agrícolas, provocando daños significativos en cultivos estratégicos para la seguridad alimentaria, así como en infraestructuras productivas, sistemas de riego y casas de cultivo.
Las lluvias intensas, los vientos sostenidos y las inundaciones prolongadas comprometieron no solo la cosecha inmediata, sino también los ciclos productivos futuros, dejando tras de sí un escenario de pérdidas materiales y desafíos urgentes para cientos de productores del sector agroalimentario.
En la finca La Victoria, perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios Julio Trigo, cercana a la comunidad de Siboney, en Santiago de Cuba, el técnico en Agronomía Oleidis Torres Suárez, con 27 años de experiencia en el gremio, recuerda aún con asombro aquella madrugada.
"Melissa" lo obligó a resguardarse junto a su padre dentro de un tanque, amarrados con cadenas, con el objetivo de proteger la vida y los bienes, mientras el resto de la familia era evacuada.
La finca quedó devastada, el agua superó el metro de altura y hubo que reconstruirlo todo. Protegimos semillas, posturas, bulbos y recursos de trabajo, subrayó.
Refirió que dentro de la casa lograron salvar más de 17 mil posturas de pimiento, que hoy están sembradas y se destinan tanto al consumo social como a las ferias agropecuarias de la ciudad cabecera.

Situación similar enfrentó la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) El Cobre IV, expresó su presidenta, Neisi González Reyes, quien señaló que, ante la inminencia del ciclón, comercializaron parte de los animales, protegieron la conejera y realizaron una recogida temprana de los cultivos.
Aunque no evitaron las pérdidas, esas medidas contribuyeron a reducir su impacto y facilitar una recuperación más rápida.
Tras el huracán, calificado entre los más potentes registrados en la historia moderna, en un esfuerzo coordinado con las autoridades nacionales y los gobiernos locales, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), junto al Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF), activó un mecanismo de acciones anticipatorias, con el propósito de acelerar la recuperación productiva.

Por primera vez, estos organismos aportaron recursos claves en el oriente cubano, con financiamiento superior a los 500 mil dólares, lo que permitió entregar, apenas días después del paso del fenómeno hidrometeorológico, más de 500 kilogramos de semillas, sistemas de riego, tejas metálicas, herramientas agrícolas, motosierras e insumos para casas de cultivo en las provincias de Granma, Santiago de Cuba, Holguín y Guantánamo.
Nuestro diagnóstico priorizó la protección de los medios de vida y la producción rápida de alimentos, especialmente hortalizas, en aras de apoyar la seguridad alimentaria y rehabilitar las unidades productivas, afirmó Aymara García López, coordinadora de proyectos de la FAO.
El impacto de esta iniciativa, que forma parte del plan de acción de respuesta ante el evento desarrollado por el Sistema de las Naciones Unidas en Cuba, fue inmediato.
En ' La Victoria", los recursos recibidos permitieron reconstruir áreas de cultivo de col, tomate, quimbombó, lechuga, habichuela, berenjena y cebolla, beneficiar el sistema de riego y asegurar mejores condiciones de almacenamiento.
Al tiempo Oleidis reorganizó la infraestructura para aprovechar al máximo las horas de electricidad disponibles y mantener la humedad del suelo en un clima cada vez más impredecible.

De igual forma, en la UBPC El Cobre IV, más del 60 por ciento de las áreas dañadas han sido recuperadas, con producciones actuales de frijol, plátano, maíz, boniato, condimentos frescos, frutas, huevos y carne, con destino a más de 700 personas de la comunidad y varios centros sociales cercanos.
Ahora pensamos crear una minindustria, tras el propósito de conservar alimentos, manifestó Neisi, quien explicó que las instalaciones continuarán su recuperación paulatina con el esfuerzo colectivo y el apoyo de otros proyectos y programas, como el de la Agricultura urbana, suburbana y familiar.
El acompañamiento institucional, junto a la aplicación de la ciencia y la técnica, el uso racional del agua y la energía, y el trabajo cooperado, devolvieron a Oleidis y Neisi la voluntad de transformar la amarga experiencia dejada por "Melissa", en una oportunidad de crecimiento y aprendizaje.
Esa experiencia ha dejado lecciones claras: fortalecer los sistemas de prevención, mejorar la capacidad de almacenamiento, asegurar la transportación de alimentos y ampliar las alianzas entre productores, instituciones y organismos internacionales, pero también ha confirmado que la agricultura es, ante todo, un acto de fe en la tierra, en el trabajo diario y en la posibilidad de volver a empezar.
A casi cuatro meses del paso devastador del ciclón, los campos muestran signos claros de renacer, donde cada estrategia aplicada y cada actor involucrado contribuyen a acelerar la recuperación paulatina de los medios de vida del sector agroalimentario.
"Melissa" dejó marcas visibles y confirmó que, aun después del golpe más duro, la tierra y el ser humano pueden volver a germinar juntos.
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