Con la memoria intacta y la resolución de vencer

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ACN - Cuba
Orlando Ruiz Ruiz
282
28 Octubre 2026

  Los avatares y penurias del presente, por grandes que sean, no pueden convertirse, como han pretendido algunos, en razón ni pretexto para ignorar o tratar de empequeñecer la grandeza de la obra revolucionaria, que cambió para siempre el sentido de la vida en Cuba y sentó las bases para una realización superior de cada hombre y mujer de esta tierra. 

   El bienestar alcanzado por el pueblo de este archipiélago de estirpe rebelde en más de medio siglo de construcción revolucionaria, y que hoy se ve afectado debido a la difícil situación financiera, principalmente como consecuencia de la recrudecida política de bloqueo y la refinada saña imperialista para aumentar las carencias de todo tipo, la acentuada falta de alimentos y medicinas y los apagones, no pueden ser objeto de olvido. 

   Es bueno recordar que al margen de las innumerables acciones que en el ámbito material transformaron al país en una sociedad ejemplo para el mundo -donde las posibilidades de acceso al bienestar se convirtieron en el más común de los disfrutes-, las conquistas que trajo consigo el enero victorioso de 1959 han sido mucho más que justicia, alimentación, igualdad, trabajo, educación, salud, ciencia, cultura y desarrollo humano en todos los campos.

   La Revolución ha sido y es muchas más cosas, tal como lo ha definido el historiador Oscar Pino Santos en síntesis magistral: "Ha sido Reforma Agraria, nacionalización de las empresas yanquis y la oligarquía doméstica, purga demográfica de toda aquella chusma despreciable, explotadora, politiquera y vanal, que en simbiosis repugnante compartió con el imperialismo la tarea del despojo material y espiritual de la nación.

   "Pero más que eso, Revolución ha sido también esperanza que potencia el esfuerzo de su épica innovadora sobre las cenizas del pasado colonial, cuyo recuerdo hoy parece mezquina, lejana y sobrecogedora pesadilla." 

   Aunque haya quienes sufran el nocivo mal de la desmemoria y, sobre todo, medren los "olvidadizos" mal intencionados que fabrican el eclipse ocultador de la luz centelleante de la obra revolucionaria, nadie puede borrar las mil y una razones que alientan a la mayoría de los cubanos de estos días duros, cuando precisamente la nación necesita en cada empeño sujetos de voluntad de acero, dignidad y compromiso.

   La Revolución esta viva y se apresta a celebrar sus 68 cumpleaños, capaz de resistir las más difíciles pruebas y renovarse en medio de bárbaras presiones y amenazas. 

   En cada cubano digno habita ese sentimiento de pertenencia a este terruño que demostró hace mucho tiempo que se puede vivir sin yugos, en soberanía y convencidos de ser inderrotables.

   "Esa fuerza telúrica que es el liderazgo de Fidel", tal como un día expresó el Che al caracterizar al Comandante en Jefe de la Revolución cubana, constituye la antorcha que a sus cien años de existencia no deja de iluminar la ruta que condujo al Moncada, ni de poner fuego en los oscuros caminos de la Sierra. 

   Los sueños mezquinos del imperio más poderoso de la historia no han dejado de quemarse bajo esa llama durante 67 años.

   A despecho de quienes hablan de sumisión y derrota, la Cuba independiente y soberana que soñó Fidel, se levanta, con la memoria intacta y la resolución de vencer.


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