A buen resguardo la memoria de la gesta moncadista

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ACN - Cuba
Rodney Rafael Jiménez Muñoz | Tomadas del Facebook de Patrimonio Cultural de La Habana
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15 Julio 2026

 En el sexto piso de un edificio sin apariencia histórica, en pleno Vedado, la Casa Museo Abel Santamaría Cuadrado resguarda las claves íntimas de una gesta que cambió el rumbo del país.

   Oriundos de Encrucijada, en la antigua provincia de Las Villas, los hermanos Abel y Haydée Santamaría Cuadrado, vinculados con la Universidad de La Habana, convirtieron su residencia en una de sus contribuciones al proceso revolucionario en ciernes.

   El apartamento 603 fue mucho más que un hogar: derivó cuartel general donde, con reuniones clandestinas y minuciosos preparativos, tomó forma la respuesta de la vanguardia revolucionaria contra el régimen dictatorial de Fulgencio Batista, liderada por el joven abogado Fidel Castro Ruz.

   Esa doble naturaleza de íntimo espacio vuelto epicentro de una acción colectiva, hace que, en un año como 2026, el sitio adquiera una resonancia difícil de separar del calendario.

   Quién cruza hoy la entrada de la Casa Museo se encuentra ante la confluencia de dos conmemoraciones: el Centenario del natalicio de Fidel Castro y los 73 años de las acciones del 26 de julio de 1953.

   La institución, que ocupa en la actualidad los apartamentos 603 y 604, abrió sus puertas como museo en 1973 y fue declarada Monumento Nacional en 1980, luego de la recuperación del inmueble en 1964.

   Su museografía apuesta por la contención: se exhibe un buró que perteneció a Fidel, y se conserva con celo parte del mobiliario sencillo que acompañó los días previos a la partida hacia Santiago de Cuba y Bayamo.

   Ese mobiliario resume la atmósfera de una etapa en que la quiebra constitucional, tras el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, agudizó las contradicciones del sistema y revelaba la incapacidad de los partidos políticos tradicionales para encauzar una salida.

   En ese vacío, la nueva vanguardia que se estaba estructurando encontró en estos espacios el resguardo necesario para diseñar su respuesta, pese a la modesta situación económica de sus organizadores.

   Fue en reuniones celebradas ahí, en las cuales Abel Santamaría, segundo al mando del movimiento, consolidó su papel de organizador meticuloso y, pese al carácter celular del naciente movimiento, las acciones se planificaron entre esas cuatro paredes.

   Se discutió y afinó en ese mismo apartamento la distribución de los cuatro grupos que participarían en los ataques: el del Moncada, con Fidel al frente de una vanguardia encabezada por Renato Guitart y el del Palacio de Justicia, donde estaría Raúl Castro.

   También el del hospital Saturnino Lora, con las dos únicas mujeres del grupo, Haydée Santamaría y Melba Hernández, además del doctor Mario Muñoz y encabezados por el propio Abel; y el del cuartel de Bayamo, guiados por Antonio (Ñico) López.

   Tras el fracaso militar de las acciones, la represión cobró un saldo devastador: ocho combatientes muertos en combate y otros 53 capturados, torturados y asesinados.

   Entre ellos, Abel Santamaría, sometido a un sadismo brutal antes de ser ultimado.

   Aquella vivienda que fue centro de la planificación quedó convertida, de inmediato, en símbolo del sacrificio.

   Su hermana, apresada y encarcelada junto a Melba Hernández, cumplió una condena de siete meses y, una vez libre, contribuyó a la liberación de sus compañeros y más tarde al desarrollo de la Revolución.

   Haydée Santamaría Cuadrado se convertiría en una de las líderes del Movimiento 26 de julio y, tras el triunfo de enero de 1959, dirigió la Casa de las Américas, entre otras responsabilidades.

   La Casa Museo Abel Santamaría integra hoy una red de memoria histórica que incluye la casa natal de los hermanos Santamaría Cuadrado en Encrucijada y el museo erigido en las ruinas del hospital Saturnino Lora, en Santiago de Cuba.

   En el Centenario de Fidel Castro, el sexto piso de 25 y O se revela como el lugar que, entre citas clandestinas, homenajes a Martí y la confianza absoluta de un grupo de jóvenes en su líder, cambió la historia de Cuba. (Rodney Rafael Jiménez Muñoz, ACN)


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