La Habana se estremeció el 22 de enero de 1869 ante los sucesos ocurridos en el teatro Villanueva, que motivaron una feroz represión de los integrantes del denominado Cuerpo de Voluntarios, fuerza militar auxiliar del régimen colonial español imperante en Cuba.
En esa fecha se presentaba allí una compañía de Bufos, que ofreció una actuación a la cual asistieron simpatizantes de la causa libertadora. Incluso, aunque obviamente esto no se decía en forma pública, los fondos del espectáculo serían destinados a apoyar la lucha, iniciada el 10 de octubre de 1868 por el bayamés Carlos Manuel de Céspedes en la Demajagua, en la región oriental.
Durante la función de la víspera un “¡Viva Céspedes!”, en boca de Jacinto Valdés, popular guarachero, sorprendió a los españoles concurrentes también al recinto, inaugurado el 12 de febrero de 1847 y ubicado en el área comprendida por las arterias Zulueta, Colón, Morro y Refugio.
Al día siguiente, el viernes 22, él se cubrió de banderas y las mujeres se adornaron con cintas de colores de la enseña nacional. Cuando en la representación de la obra Perro huevero, aunque le quemen el hocico, un personaje exclamó: “¡Viva la tierra que produce la caña!”, el público dio vivas a Cuba libre.
La violencia se hizo patente entonces por el referido cuerpo al servicio de las autoridades hispanas, contra quienes estaban a favor de la independencia. Comenzó una balacera mientras los disturbios se generalizaron por toda la ciudad. Hubo varios muertos y heridos.
Asimismo, en las horas siguientes hubo numerosos registros y detenciones. Entre las personas arrestadas estuvo Rafael María de Mendive, destacado profesor y patriota, maestro de José Martí.
Cuando se produjeron estos hechos en el "Villanueva", Martí, de solo 15 años, se hallaba, precisamente, en la casa de Mendive, en la calle Prado.
El cronista Eduardo Robreño señala en uno de sus textos que José Julián no estaba entre los asistentes a la función: "está comprobado que esa noche trágica se encontraba (…) en el colegio de Mendive, revisando y dando los últimos toques a La Patria Libre, nombre que le daba al periódico que después publicó y tuvo la vida efímera de un solo número".
Según testimonio de Mercedes Ibarra Ibáñez, bisnieta de Juan Gualberto Gómez: "El joven de 14 años, Juan Gualberto Gómez, se encontraba en el Teatro Villanueva junto a otros amigos, por lo que le tocó presenciar el asalto sangriento perpetrado allí por los voluntarios. Tras esos acontecimientos sus padres decidieron enviarlo a Francia, teniendo en cuenta ciertos rasgos de rebeldía en él".
De esa jornada también se recuerda, la tensa situación reinante, que la madre del apóstol, Leonor Pérez, muy preocupada por lo que pudiera pasarle a su hijo si retornaba solo al hogar, desafió el peligro que entrañaba salir a la calle y fue a recogerlo.
Algo más de 20 años después de los sucesos en el coliseo citadino, Martí haría referencia a este particular y a la heroica actitud de su progenitora, cuando en el vigésimo séptimo de sus Versos Sencillos puntualizó:
"El enemigo brutal
Nos pone fuego a la casa
El sable la calle arrasa
A la luna tropical
Pocos salieron ilesos
Del sable del español;
La calle, al salir el sol,
Era un reguero de sesos".
También en este poema evocó la entereza de su querida Leonor cuando fue a recogerlo en la vivienda de su mentor.
"Pasa, entre balas, un coche:
Entran, llorando, a una muerta:
Llama una mano a la puerta
En lo negro de la noche.
No hay bala que no taladre
El portón: y la mujer
Que llama, me ha dado el ser:
Me viene a buscar mi madre".
Fue tan relevante lo acontecido que por eso la efeméride se escogió para celebrar el Día del Teatro Cubano y también la Jornada Villanueva.
Aquellos vítores por Céspedes y una Patria libre tienen hoy total vigencia, cuando Estados Unidos pretende subyugar a Cuba. Buscan poner a sus hijos de rodillas y como en centurias pasadas solo habrá una respuesta como la de hace 157 años.
La escena nacional tiene en marcha por estos días su primera celebración anual: las referidas jornadas que reúnen en todo el país a los artistas y sus públicos en un programa en el que confluyen numerosas acciones culturales.
Concebidas como un espacio de encuentro, reflexión y celebración del teatro y las artes escénicas, estos días buscan visibilizar procesos creativos, homenajear figuras esenciales y propiciar el diálogo entre creadores, investigadores, estudiantes y espectadores.
Acontecerá, como colofón, la entrega del Premio Nacional de Teatro 2026.
Como entonces, el 22 de enero de 1869, contra el colonialismo peninsular; hoy en pleno siglo XXI, se replicarán los vítores por una patria sin ataduras y enfrentada al imperialismo norteño.
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