Las Tunas, 15 feb (ACN) Con el recibimiento hoy del pueblo y las máximas autoridades tuneras, los Leñadores concluyen la temporada 64 del béisbol cubano con un subtítulo de apegos y desamores que extiende aún más el historial de gloria para el deporte en la provincia, luego de ceder la corona ante los Cocodrilos de Matanzas, en final disputada en el estadio Latinoamericano.
La medalla de plata refrendó la calidad de una generación que aprendió a ganar en postemporada, en gran medida por el aporte de los líderes cuando las tensiones campean, además de un desempeño grupal convertido en otra arma dentro del terreno.
Después de alzar dos veces consecutivas el cetro del pasatiempo nacional, el equipo verdirrojo prolongó su estancia en el podio por un calendario más, tras una fase regular de récord al archivar la mayor cantidad de triunfos en una ronda de 75 desafíos (48-26) lo cual supone la estancia en la élite, pese a estar envueltos en un proceso de renovación en la plantilla que podría continuar de cara a la venidera campaña con el adiós de algunas figuras veteranas.
Con una ofensiva por enésima ocasión como sello de identidad los del Balcón del Oriente dejaron estadísticas de respeto, luego de exhibir una línea de bateo, dígase average, OBP y slugging (AVG/ OBP/ SLG), de 317, 400 y 460, así como 527 carreras anotadas y 220 extrabases, incluidos 68 cuadrangulares.
Por su parte el pitcheo, llamado a ser el centro de lamentaciones para los comandados por Abeysi Pantoja, estampó actuaciones de calidad a lo largo del certamen, sobre todo con los 11 triunfos sin derrotas de Yosmel Garcés y una nueva decena de salvamentos para Alberto Pablo Civil; en tanto, Keniel Ferraz, convocado a última hora con el equipo Cuba a la gira por Nicaragua, y Rodolfo Díaz significaron un seguro de vida en cada jornada.
Los lanzadores moldearon un promedio de efectividad de 4.36, parámetros por debajo de la media, a razón de 308 anotaciones limpias en 636 innings, con la cifra más baja de boletos concedidos en la lid 239 y un AVG de los contrarios de 296; mientras la defensa perfeccionó su quehacer cuando se estableció una alineación constante, amén del asedio de las lesiones en varias de las piezas consagradas.
Sin embargo, el desenlace en la porfía por la cúspide es cierto que desprende una imagen para nada deseada, pues constituye la segunda barrida al hilo en instancias similares, si se tiene en cuenta el descalabro a manos de los Tigres de Ciego de Ávila en la anterior Liga Élite (LEBC).
El coloso del Cerro percibió a unos tuneros superados en todos los frentes por los matanceros, al ceder en cuanto a la productividad de los maderos, a causa de disímiles chances desperdiciados, el dominio de los serpentineros y el estado de acondicionamiento físico para el tramo definitivo de los play off; condicionantes que unidas simbolizan un lastre para cualquier novena en una ronda en la cual los detalles elevan su valor a la hora del veredicto en cada choque.
La gestión de Pantoja, cuestionada en múltiples ocasiones, continúa prolífera al registrar cuatro medallas en cinco eventos domésticos bajo la responsabilidad de dirigir, luego de alcanzar el sueño dorado en las contiendas 62 y 63 de la Serie Nacional (SNB), la plata en la III LEBC y la recién consumada edición 64 de la SNB.
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