Historias de postemporada: un ángel azul de apellido Peñalver

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ACN - Cuba
Boris Luis Cabrera | Foto: Autor
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20 Enero 2026

La Habana, 20 ene (ACN) En una jornada de rugido azul y destino escrito a batazos, Yosvani Peñalver convirtió hoy la novena entrada en leyenda y dio a Industriales una victoria 4-2 sobre Mayabeque en el inicio de los cuartos de final del béisbol cubano.

   El Nelson Fernández de San José de Las Lajas hervía como una caldera. Lleno casi hasta el último escalón, el estadio parecía un anfiteatro romano donde los felinos de la capital aguardaban su juicio final. Las peñas azules, tercas en la fe, ondeaban banderas azules con la letra gótica, incluso cuando el marcador mordía: 2-1 para los Huracanes, novena entrada, última bala.

   Mayabeque había tejido su ventaja con precisión. Yadián Martínez, desde la lomita, administró silencios y dudas; y Xian Vega, habanero de nacimiento y verdugo por oficio, clavó la daga con un jonrón y un sencillo remolcador, la cuña del mismo palo. Para cerrar el telón, el diestro Marlon Vega, curtido en tormentas, asumía el montículo como cerrador de lujo. Todo estaba dispuesto para el desenlace local.

   Pero el béisbol, cuando decide ser épico, no pide permiso.

   Las bases se llenaron de Leones y el ruido creció hasta volverse físico, casi visible. Antes, Yasiel Santoya había conectado un jonrón, Raymond Figueredo había cumplido con honor su misión en la lomita, y el joven Rafael Orlando Perdomo acababa de colgar una argolla de oro al salir ileso con los sacos repletos. Era el preludio. Entonces caminó Peñalver a la caja de bateo.

   No era un turno más, era la historia llamando a la puerta. Peñalver, el alma del equipo, el rostro de una estirpe que presume 12 coronas y arrastra más de tres lustros de espera, respiró hondo. Las manos sudaron un poco más, pero el pulso no tembló. Había serenidad, incluso gozo, como si el instante hubiese sido soñado la noche anterior.

   Marlon Vega lanzó con rabia contenida. El bate respondió con un sonido seco, definitivo. Una línea dura a la banda izquierda, un relámpago que besó la hierba y se perdió rodando hacia lo profundo. El tiempo se quebró. Anotó uno, anotó otro, anotó el tercero. La algarabía azul explotó como fuegos artificiales; el desconcierto local quedó flotando en el aire, pesado.

   Industriales volteó el destino en un parpadeo. El 4-2 se clavó en la pizarra como una sentencia. Peñalver levantó los brazos, no como héroe impostado, sino como obrero del milagro, consciente de haber encendido una ciudad entera con un solo swing.

   Cuando cayó el último out, La Habana ya estaba ardiendo. Más que una victoria; era un recuerdo recién nacido, una escena para repetir en voz alta. En los playoffs, los partidos se ganan con béisbol. Las series, con momentos, y esta, la primera, ya tiene nombre propio: Yosvani Peñalver.