Sancti Spíritus, 3 jun (ACN) Cuando en la tarde del 27 de octubre de 2009 un equipo de reporteros de medios territoriales y nacionales arribó al escenario del hoy Complejo Histórico Comandante Camilo Cienfuegos, en el municipio de Yaguajay, en la provincia de Sancti Spíritus, para asistir a la inauguración del Mausoleo del Frente Norte de Las Villas, una pregunta rondaba en el grupo: ¿Vendrá Raúl?
Según confesó el fotorreportero de la ACN Oscar Alfonso Sosa, testigo por excelencia de la ocasión, nadie se atrevió a revelar la interrogante a viva voz, solo se limitaron a escuchar las orientaciones de la cobertura, porque lo esencial era hacer llegar a toda Cuba e, incluso, más allá de sus fronteras, lo que sucedería un día después, cuando se cumplían los 50 años de la desaparición física de Camilo.

La madrugada nos saludó en el lugar del suceso, subrayó, en un ajetreo ininterrumpido de cientos de personas que, de una u otra manera, protagonizarían el acontecimiento, y sin advertirlo casi, los primeros rayos del sol anunciaban ya el amanecer cuando se escuchó el ruido de un helicóptero blanco, a baja altura, por el extremo sur del escenario.

A los pocos minutos la zona del Mausoleo se colmó, entre bloques de milicianos de tropas territoriales, del Ministerio del Interior, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, de jóvenes, pioneros, de pueblo, pero allí, de pie, firme, entre los nichos del ala norte, el General de Ejército Raúl Castro Ruz.

El silencio se impuso, evocó Alfonso Sosa quien de aquella cobertura conserva varias imágenes que hoy lo enorgullecen, se escucharon los pasos firmes de la marcha de la guardia de honor que primero trasladó ofrendas florales y, después, los restos mortales de los combatientes del Frente Norte de Las Villas que se ubicaron alrededor de su jefe, el legendario guerrillero.

Raúl siguió muy de cerca cada detalle de lo que allí sucedía, con un rostro que revelaba el dolor por aquellos compañeros de tantas batallas que a partir de ese 28 de octubre reposarían junto a Camilo.

Cerrados los nichos, acotó el fotorreportero, el propio líder encendió la llama eterna y escoltado por Osmany Cienfuegos, hermano del hombre de la sonrisa eterna, y por el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, son los primeros en colocar gladiolos sobre el mármol gris que abriga desde entonces a ese espacio sagrado del complejo.

Otro de los gestos de Raúl tampoco pasa inadvertido a los ojos del también experimentado reportero: con su mano derecha, el General de Ejército colocó otra flor al borde de una de las alas del sombrero alón que corona el nicho de Camilo, escena donde el rostro revela, a su vez, el compromiso de honor.

Aún en medio del dolor, ese día también hay ternura en Raúl mientras estrecha la mano de los familiares de los caídos, cuando preguntaba, dialogaba y hasta complace a una pequeña que, en brazos de su madre, quiso ponerse su gorra, cuando accede a tomarse una foto de recuerdo de la jornada, cuando da, sin proponérselo, una lección de compromiso con la historia y la Patria toda.
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