Santa Clara,25 oct (ACN) La demolición de la Iglesia Parroquial Mayor de Santa Clara, ejecutada en 1923 para ampliar el parque Leoncio Vidal, modificó el paisaje urbano y provocó la desaparición de uno de los principales símbolos religiosos y comunitarios de la ciudad, según investigaciones de Dariel Alba Bermúdez, profesor de la Universidad de Cienfuegos Carlos Rafael Rodríguez y miembro de la Unión de Historiadores de Cuba.
Construido en 1692, el templo tuvo inicialmente una estructura de madera y guano, hasta que el presbítero Juan Martín de Conyedo impulsó su reconstrucción en mampostería con el respaldo de los feligreses, obra concluida en 1738.
Situada en la antigua Plaza de Armas, hoy parque Leoncio Vidal, la edificación ocupó durante más de dos siglos un lugar central en la vida local y albergó la pila bautismal donde fueron bautizados numerosos santaclareños, conocidos desde entonces como pilongos.
Alba Bermúdez explica que las propuestas para transformar el entorno de la iglesia aparecen en documentos municipales desde los primeros tiempos de la villa, con solicitudes destinadas a ampliar la plaza, retirar el cementerio anexo por razones higiénicas y eliminar los muros que rodeaban el inmueble.
Con el paso de las décadas, figuras como Eduardo Machado Gómez, Rosa González Abreu de Grancher, Florentino Martínez Rodríguez y Antonio Berenguer Sed retomaron el proyecto, vinculado también con la ampliación del parque y la colocación de una estatua dedicada a Marta Abreu de Estévez.
La Cámara de Representantes aprobó la expropiación forzosa del templo el 30 de agosto de 1916, decisión que provocó debates entre las autoridades, representantes de la Iglesia, intelectuales y vecinos de Santa Clara.
En febrero de 1917, el delegado apostólico del Papa, Tito Tiche, visitó la ciudad para tratar el futuro del inmueble, mientras en 1920 Pedro Estévez Abreu, hijo de Marta Abreu, expresó su oposición al derribo durante una visita a la iglesia.
Finalmente, la campaña favorable a la demolición se impuso en 1923, pese al rechazo de sectores de la población y a la demanda presentada por la Santa Sede ante el Juzgado de Primera Instancia de la Audiencia Provincial de Santa Clara.
La expropiación quedó vinculada a una indemnización de 78 mil 979 pesos con 98 centavos, suma aceptada por los representantes eclesiásticos ante la posibilidad de que un tribunal fijara un monto inferior, aunque el pago no se efectuó en los términos acordados.
Después del derribo, las imágenes y otros objetos del templo fueron trasladados a la Iglesia de la Divina Pastora y a viviendas de feligreses, en tanto la pila bautismal pasó al Gobierno Provincial y, en 1934, fue llevada a la Iglesia del Carmen.

Pila bautismal –pila de los pilongos– de la Iglesia Parroquial Mayor de Santa Clara.
Entre quienes denunciaron la pérdida estuvieron Manuel García Garófalo-Mesa, el coronel del Ejército Libertador Francisco López Leiva, Santiago García Cañizares e Isabel Machado Hernández, autora de un texto en el que lamentó la desaparición de un espacio ligado a la memoria familiar y religiosa de la ciudad.
Particular relevancia tuvo la actuación del presbítero Ángel Tudorí Perera, último párroco de la Iglesia Parroquial Mayor, quien no abandonó la reclamación por el pago de la expropiación ni renunció a la posibilidad de levantar un nuevo templo para los católicos santaclareños.

Iglesia Parroquial Mayor de Santa Clara en pleno proceso de demolición.
En 1926, el sacerdote solicitó entrevistarse con el presidente Gerardo Machado Morales, antiguo compañero de armas durante la Guerra Necesaria, para reclamar la indemnización pendiente o la entrega de otro terreno donde construir una iglesia.

Gerardo C. Machado Morales (1871-1939). Alcalde de Santa Clara entre 1901 y 1903; y en 1907. Hijo eminente la ciudad y presidente de la República de Cuba entre 1925 y 1933.
La gestión del sacerdote no obtuvo la respuesta esperada, pues el mandatario desatendió ambas solicitudes, episodio que el estudio de Alba Bermúdez incorpora como una muestra del largo conflicto generado por la desaparición del templo y por el incumplimiento de los compromisos asumidos tras la expropiación.
Más allá de las interpretaciones simbólicas asociadas a la fecha de la caída del régimen machadista y la celebración de Santa Clara de Asís, la historia documentada permite comprender que la pérdida de la Parroquial Mayor fue resultado de una decisión urbana discutida durante décadas.
Recuperar la figura del padre Tudorí y la historia de la iglesia significa devolver a la memoria de Santa Clara una parte de su patrimonio desaparecido, así como reconocer a quienes defendieron la permanencia de un edificio que, además de templo, representaba la continuidad de una comunidad y el sentimiento de pertenencia de sus pilongos.

Se enfrentó a Machado en su oficina cuando decretó la demolición de la iglesia mayor y le vaticinó: "Santa Clara te lo cobrará" Machado huyó un 12 de agosto, fiesta de Santa Clara de Asís en el anterior calendario.
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