Meikyukai: la puerta que abrió Raidel Martínez

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ACN - Cuba
Boris Luis Cabrera Fotos del autor
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12 Septiembre 2026

   El brazo derecho de Raidel Martínez abrió una puerta reservada a las leyendas del béisbol japonés: el Meikyukai, un club en el que las grandes cifras se convierten en pasaporte hacia la memoria.

   Conocido en español como Club de los Jugadores Dorados o Extraordinarios, el Meikyukai, fundado el 24 de julio de 1978 por el legendario lanzador Masaichi Kaneda, constituye una de las organizaciones más selectas de la pelota profesional nipona, aunque técnicamente no es el Salón de la Fama del Béisbol Japonés, institución diferente y oficial.

   Su puerta principal tiene tres llaves estadísticas: dos mil imparables para los bateadores, 200 victorias para los lanzadores abridores o 250 salvamentos para los relevistas, marcas concebidas para distinguir carreras de extraordinaria longevidad y rendimiento en el béisbol profesional japonés.

   Raidel acaba de utilizar la tercera, pues sus 250 rescates en la NPB lo convierten en apenas el sexto lanzador de la historia de la liga que alcanza semejante cifra y, sobre todo, en el primer extranjero que consigue ingresar por la vía del salvamento.

   La dimensión del logro se comprende mejor al mirar hacia atrás: antes de Martínez, ningún lanzador nacido fuera de Japón había llegado a las 200 victorias o los 250 salvamentos necesarios, mientras que el venezolano Alex Ramírez era hasta hoy el único jugador extranjero incorporado al Meikyukai.

   Ramírez abrió aquella puerta en 2013, cuando conectó su imparable número dos mil en la NPB y se erigió en el primer extranjero en alcanzar esa cifra, para terminar su trayectoria japonesa con dos mil 017 hits, además de 380 jonrones y mil 269 carreras impulsadas.

   El caso del venezolano también permite entender una de las particularidades del Meikyukai: los números acumulados en las Grandes Ligas pueden ser considerados, pero el conteo comienza desde el momento en que el pelotero inicia su carrera en la NPB, razón por la cual los 86 hits que Ramírez había conseguido previamente en MLB quedaron fuera de la cuenta.

   Desde 2019 existe, además, una puerta lateral, porque un comité puede proponer a jugadores que no alcanzaron exactamente las cuantías tradicionales cuando estima que sus logros globales son equivalentes, siempre que obtengan el respaldo de al menos el 75 por ciento de los miembros activos.

   Así entraron, por ejemplo, Koji Uehara y Kyuji Fujikawa, dos lanzadores japoneses que no llegaron a 200 triunfos ni a 250 salvamentos, pero cuyas carreras reunieron méritos suficientes para recibir la distinción mediante ese mecanismo excepcional.

   La nacionalidad, por cierto, nunca fue una barrera escrita en las reglas, algo coherente con una organización que desde sus orígenes admitió a figuras sin nacionalidad japonesa, pero alcanzar las cifras resulta particularmente difícil para los extranjeros, porque exige construir una carrera extensa dentro de un sistema competitivo y muy exigente.

   Esa lista, de quienes rozaron ese territorio sin franquearlo, también tiene nombres ilustres, como el estadounidense Tuffy Rhodes, dueño de mil 792 hits y 464 jonrones en Japón; o el dominicano Alfonso Soriano, quien terminó con dos mil 097 imparables en su carrera profesional, pero solamente dos de ellos en la NPB, por lo que no cumplió la condición nipona de los dos mil.

   Para Cuba, la historia tiene un sabor todavía más particular, porque varios de sus mejores embajadores en Japón construyeron carreras enormes sin acercarse a las tres estadísticas que abren las puertas del club.

   El pionero fue Roberto “Chico” Barbón, nacido en Matanzas, primer latinoamericano que jugó en la NPB y dueño de mil 123 hits, 308 bases robadas y 11 temporadas en el Lejano Oriente, números que lo convirtieron en una figura fundacional de la presencia latinoamericana, pero insuficientes para el Meikyukai.

   Después llegaron nombres como Orestes Destrade, autor de 476 hits y 160 cuadrangulares en la NPB; y Alfredo Despaigne, quien cerró su recorrido japonés con 789 imparables, 184 vuelacercas y 545 carreras impulsadas, números de enorme peso ofensivo pero todavía distantes de los dos mil indiscutibles.

   También está Dayán Viciedo, que acumuló mil 040 hits, 142 jonrones y 561 impulsadas en Japón, una trayectoria que lo convirtió en uno de los cubanos más productivos de la era moderna, aunque tampoco suficiente para alcanzar el umbral dorado.

   Y quizá ningún caso resulte más revelador que el de Omar Linares, una de las mayores luminarias de la pelota cubana, cuyo extraordinario expediente en la Serie Nacional —incluidos 404 jonrones— no pudo trasladarse al conteo del Meikyukai porque en Japón apenas disputó 132 partidos y conectó 86 hits con los Dragones de Chunichi.

   Esa es precisamente la dureza silenciosa del Meikyukai: no importa cuánto haya brillado una estrella en otro firmamento, la llave debe forjarse en el béisbol profesional japonés, aunque los registros de MLB sí puedan complementar determinadas carreras bajo las reglas establecidas.

   Por eso los 250 salvamentos de Raidel Martínez tienen un peso que va mucho más allá de una estadística de temporada, porque el pinareño no solamente cerró un partido, sino que cerró una larga espera extranjera y convirtió su nombre en el segundo nacido fuera de Japón que entra al Meikyukai y en el primero que lo hace desde el montículo.

   En una liga donde los números son memoria y la memoria tiene sus propias puertas, Raidel encontró la llave en el último inning y ya forma parte de esa pequeña habitación donde el béisbol japonés guarda a quienes hicieron de la excelencia una costumbre. (Boris Luis Cabrera, ACN)


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