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Comorbilidades y COVID-19 en Cuba: el desafío de las enfermedades asociadas

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La oscuridad absoluta de un universo despoblado donde la vida era solo una vaga certeza envolvió a Mileydis Santana Guzmán, el 6 de abril de 2020. Sin garantías de regresar hacia los suyos, se abandonó al coma profundo cuando un virus poco conocido, pero a esas fechas causante de miles de muertes alrededor del mundo, le despojó de fuerzas el cuerpo.

Así Mileydis se convirtió en uno de los 34 mil 064 pacientes de COVID-19 diagnosticados en Cuba hasta el 9 de febrero de 2021, pero sobre todo en la sobreviviente cuya recuperación, tras 22 días en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Militar Central Luis Díaz Soto, la convirtió en una “guerrera” y en un “milagro” de la medicina cubana, como se define a sí misma.

Los médicos no contaban conmigo, –cuenta ahora– pues además de mi gravedad a causa de la pandemia, yo padezco varias enfermedades que influyeron en que no respondiera al tratamiento como los especialistas intentaban: soy hipertensa, diabética mellitus tipo 2 y obesa.
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A mediados de enero pasado, la doctora Teresita Montero, especialista del hospital militar Luis Díaz Soto, aseguró ante el grupo temporal de trabajo para el enfrentamiento y control de la pandemia, presidido por el mandatario Miguel Díaz-Canel, que a partir de estudios científicos se determinaron la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad y la delgadez extrema, como las comorbilidades de mayor incidencia en las muertes de pacientes de COVID-19.

La Organización Mundial de la Salud define la comorbilidad como la ocurrencia simultánea de dos o más enfermedades en una misma persona, que en el caso del nuevo coronavirus se asocia a un empeoramiento de los síntomas y desgaste del cuadro clínico.

En su explicación, Montero coincide con los datos ofrecidos diariamente por el Ministerio de Salud Pública. Si bien la diferente estructura de los partes informativos desde el inicio de la pandemia no permiten dar cifras concluyentes, una primera revisión dio como resultado que la hipertensión y la diabetes son las principales comorbilidades que presentan los pacientes con COVID-19 en estadios graves y críticos, seguidas por la cardiopatía isquémica, primera causa de muerte dentro de las enfermedades cardiovasculares, la demencia senil y la insuficiencia renal crónica.

Aunque –en menor medida– también aparecen la nefropatía, el asma bronquial, el hipotiroidismo, las neuropatías, la leucemia, el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y el cáncer.

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El doctor Nelson Yero Díaz, miembro del comité de expertos en COVID-19 del hospital Salvador Allende, dijo en entrevista exclusiva a la Agencia Cubana de Noticias que si bien no existen pruebas concluyentes sobre las comorbilidades más agresivas en pacientes con SARS-CoV-2, es posible determinar que, en los adultos de 40 a 65 años, son la hipertensión, la diabetes y la obesidad, las de mayor incidencia en la progresión negativa de la enfermedad.

Contrario a lo que se pudiera suponer, pacientes inmunocomprometidos –entre ellos positivos al VIH– no han tenido evoluciones tan negativas y se han comportado generalmente estables, señala.

Algo similar ocurre con los pacientes de cáncer, a no ser que se encuentren en un estado muy avanzado de la enfermedad y con las Enfermedades Pulmonares Obstructivas Crónicas; es contradictorio, pero así lo hemos observado en nuestros servicios de urgencia, asegura el especialista en Medicina General Integral y Medicina Intensiva.

De acuerdo al doctor, en el caso del adulto mayor la edad es un factor predisponente, no una comorbilidad, aunque también se presentan con fuerte incidencia padecimientos como la hipertensión, la diabetes, cardiopatías, enfermedades cerebrovasculares y trastornos circulatorios, que influyen en su insatisfactoria evolución.
Mileydis pide hacer una pausa para retomar el aliento, respira, sonríe aliviada y cuando está lista, enfatiza: “Además, tengo la enfermedad de Cushing, eso
me hace muy vulnerable”.

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Esta afección es provocada por el crecimiento excesivo de la hipófisis o la aparición en ella de un tipo de tumor llamado adenoma, y entre sus síntomas más comunes se encuentran el debilitamiento de los músculos hasta hacerlos intolerantes al ejercicio, hipertensión arterial y aumento de peso (especialmente en el tronco, a menudo sin ganancia en brazos y piernas).

Hasta el momento, no se ha demostrado a través de un estudio científico la relación proporcional entre la obesidad y las evoluciones tórpidas en COVID-19, afirma el doctor Yero Díaz, pero descriptivamente los obesos no respiran igual que una persona bajo peso pues su tórax posee gran cantidad tejido adiposo (grasa) lo que hace disminuir la elastancia pulmonar.

Por otra parte, el coronavirus se manifiesta a través de síntomas como fiebre, dificultad para respirar y diarrea; ante todos ellos, un obeso tiende a deshidratarse mucho más rápido, pues su organismo posee más grasa que líquidos.

De acuerdo con un estudio realizado por la Sociedad Española de Obesidad en el primer semestre de 2020, el 80 por ciento de los pacientes que tuvieron formas graves de la infección por COVID-19, precisaron intubación y ventilación mecánica en la UVI o fallecieron, eran obesos.

Así mismo, The British Medical Journal, resume una investigación realizada en el Reino Unido, la cual determinó que el riesgo relativo de llegar a los estados de crítico, grave o la muerte a causa de coronavirus, aumentó en un 44 por ciento para los sujetos con sobrepeso y casi se duplicó para las personas con obesidad en el estudio de grupos.

Mientras tanto, en la región de las Américas varios han sido los acercamientos al tema, entre ellos uno desarrollado por un equipo multidisciplinar de médicos colombianos cuya conclusión fue que la obesidad, junto a sus patologías asociadas como dislipidemias, diabetes mellitus tipo 2, hipertensión y enfermedad cardiovascular, podrían jugar un papel importante en el sistema inmune del huésped infectado por SARS-CoV-2.

La revista Acta Médica Peruana, en tanto, publicó también que la presencia de obesidad no solo tiene impacto en la mortalidad, sino que también es un factor de riesgo para la presentación de manifestaciones clínicas de severidad como el síndrome de distrés respiratorio agudo, necesidad de ventilación invasiva o ingreso a Unidades de Cuidados Intensivos.

El propio estudio recomienda que las personas con obesidad deben ser tratadas como población de alto riesgo y se deben intensificar las medidas de prevención de contagio antes de la infección y proveer asistencia especializada en casos confirmados de COVID-19, además de crear una cultura que promueva estilos de vida saludables y prevención de obesidad.

Yo siempre estuve grave o crítica, –recuerda Mileydis, una y otra vez– desde el día que llegué al hospital fue así y cuando pienso en eso se me aprieta el pecho por el miedo de haber podido contagiar a mi mamá, mi abuela, mi esposo o a mi tío; aunque trataba de transmitirles fuerzas, fueron los días más oscuros de mi vida:

“Después de 18 días intubada, me hicieron la traqueotomía, lo primero que hice al despertar fue pedir agua y preguntar por mi familia”, dice.
Lamentablemente, no todos han tenido su suerte. Cuba reportaba hasta el cierre del 10 de febrero, 253 fallecidos por el SARS-CoV-2, todos con comorbilidades o factores predictivos.



 Por provincias, La Habana ofrece el más alto acumulado de fallecidos confirmados por esta causa, con 113, ello se debe a que es el territorio donde ha radicado el epicentro de la pandemia, al registrar la mayoría de positivos, en correspondencia con su particularidad de ser la urbe más densamente poblada, con dos mil 928 habitantes por kilómetro cuadrado.

El nivel de complejidad epidemiológica en los territorios incide en el número de fallecidos. En Ciego de Ávila y Santiago de Cuba, con el segundo y tercer lugar en ese indicador, el pico de decesos coincidió con el rebrote de la enfermedad producido en ambas; en cambio, Mayabeque y Granma aún permanecen sin reportar muertes, y pudiera ser en parte porque han tenido menos complicaciones con el virus.




En función de disminuir los decesos por SARS-CoV-2, la actualización del Protocolo cubano de manejo clínico de pacientes con COVID-19 en su versión 1.6, aprobado a finales de enero pasado, presta especial atención a los pacientes de "alto riesgo", identificados como aquellos con mayor posibilidad de transición a gravedad, debido a sus comorbilidades y características socio-demográficas.

El doctor en Ciencias Rolando Pérez Rodríguez, director de Ciencia e Innovación del grupo empresarial Biocubafarma y miembro del Grupo técnico asesor para el enfrentamiento a la pandemia, aseguró que la nueva versión amplía la descripción del tratamiento a estos pacientes.

Además –a partir de las modificaciones–, los clasificados como de alto riesgo recibirán Itolizumab, Heberferón/Heberón y Jusvinza, y se fijaron volúmenes e intervenciones para estos según las clasificaciones de asintomático, sintomático leve de bajo riesgo, alto riesgo, y grave o crítico.

La versión anterior (agosto de 2020) describe entre las principales complicaciones a causa del COVID-19 el Síndrome de Distrés Respiratorio Agudo –por lo general a partir del séptimo día del inicio de los síntomas–, arritmias cardíacas y choque séptico, y coincide con los expertos en describir como factores pronósticos la edad superior a 60 años (en primer lugar) y enfermedades como hipertensión arterial, diabetes mellitus, cardiopatías, cáncer, enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

El propio documento describe la administración de los medicamentos Kaletra, Cloroquina y Surfacen para los pacientes ingresados en salas de cuidados intensivos por su condición de graves críticos.

Resulta importante resaltar que los especialistas han explicado que hasta el momento no existe un tratamiento antiviral específico recomendado para COVID-19 y que los pacientes “deben recibir cuidados de apoyo para ayudar a aliviar los síntomas. En los casos graves, el tratamiento debe incluir atención médica para cuidados críticos dirigida a apoyar el funcionamiento de los órganos vitales”. (Infomed).

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Bien sabe Mileydis sobre el cuidado recibido por los profesionales de la Salud en ese escenario donde la vida y la muerte se enfrentan en un combate definitivo, a paso lento se recupera de la que –afirma– fue la peor de sus experiencias.

La COVID-19 mata, (repite para sí y como queriendo vacunarlo en la conciencia de todos los cubanos) y retoma: esta enfermedad no es un juego y deja secuelas de por vida, como la fibrosis pulmonar que hoy tengo y otras muy poco comunes como gangrena seca en uno de mis pies, para la cual me sometí a un tratamiento con Heberprot (factor de crecimiento epidérmico humano recombinante).

Entonces sonríe y sus ojos se rasgan sobre la línea de su nasobuco… tras otra pausa dice: “Pero, qué más puedo decir, estoy feliz de estar viva”.


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