La Habana, Martes 25 de Junio de 2019 12:36 pm

Es cierto que somos un ejército (+Fotos y Video)

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  En ocasiones la vida les presenta retos a los seres humanos que les posibilitan florecer en el ámbito profesional; así pueden definirse las experiencias de la enfermera camagüeyana Yuliet Fernández Sánchez en la República Bolivariana de Venezuela.
   Durante dos años la destreza de sus manos como apoyo para los cirujanos, adquirida en los quirófanos del Hospital Universitario Manuel Ascunce Domenech, de Camagüey, también sirvió para salvar a quienes llegaban al Centro de Diagnóstico Integral (CDI) en el municipio de Araure, del estado Portuguesa, en esa nación sudamericana.
   El tratamiento de diversas patologías con la aplicación del proceder quirúrgico constituye uno de los logros de las misiones de colaboración, desarrolladas hace varias décadas en el país, al igual que aquel con el cual se les devolvió la visión a miles de sus habitantes, o los impulsados en el deporte y la cultura.
   “A pesar de que en el CDI no se realizan operaciones de grandes complicaciones, durante mi estancia allí pude comprobar aún más la relevancia de los programas de salud gratuitos protagonizados por los profesionales cubanos, de conjunto con los propios venezolanos, muchos de ellos formados al calor de la obra social.
   “Con una participación más directa en las cirugías, a diferencia de cómo estas se efectúan aquí, tuve la satisfacción de haber apoyado en el restablecimiento de varias dolencias, no tan complejas; sin embargo, su solución repercute positivamente en la calidad de vida de los pacientes”.
   Las patologías de mayor incidencia son la ligadura de las trompas de Falopio, intervención que favorece el control de la natalidad cuando allí las mujeres no tienen permitido abortar, y las operaciones de hernias, sobre todo en los hombres por la realización de fuerzas exageradas, explicó.
   “También es muy común, debido al alto índice de accidentalidad, la atención de diversas traumatologías en los más jóvenes, tales como las fracturas de tibia, húmero y clavícula, entre otras”.


   A partir de mayo de 2017 la responsabilidad de Yuliet fue más allá del salón, y dentro de sus ocupaciones estuvieron, además, las labores de esterilización de los instrumentos, una rutina que enriqueció sus saberes.
   “Desde comunidades alejadas acudía una gran cantidad de personas, aunque para algunos de los necesitados por la lejanía de sus zonas de residencias o la situación del transporte, era difícil asistir al Centro, uno de los tres existentes en la región y en el cual se trataban los casos de más envergadura”.
   La afabilidad, carisma y humildad son las cartas de presentación de esta mujer, quien inició su carrera profesional en la citada institución hospitalaria agramontina, tras egresar en 1999 de la Universidad de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay.

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Una especialización en los métodos depuradores de diálisis y hemodiálisis fue necesaria para desempeñarse en el servicio de Hemodiálisis, y una década después adquirió mediante un curso preparatorio las nociones para ser enfermera circulante e instrumentista, función que ejerce hoy en el salón electivo del “Manuel Ascunce”, luego de concluir la misión hace un mes.
   En esas tierras suramericanas fue multiplicadora por primera vez de esos conocimientos y de su profesionalidad, elementos distintivos del personal de la Isl, a con los cuales se ganan el aprecio de los más necesitados.
   “La propia empatía establecida con el paciente desde la realización del examen físico, o nuestra sencillez en el trato, bastaban para ellos sentirse plenamente agradecidos y te lo demostraban en ocasiones hasta brindándote algo que materialmente no tenía un gran valor, pero que encerraba toda esa gratitud.
   “Incluso,  los venezolanos de mayor solvencia económica acuden al CDI para recibir la asistencia mediante los programas de salud convocados actualmente por el gobierno de Nicolás Maduro, pues aun cuando no compartan la misma ideología de clase reconocen la atención ofrecida, muy superior a la de una clínica privada”.
   En medio del cerco económico impuesto al país, donde se disparan aceleradamente los precios de los productos alimenticios, la firmeza de los colaboradores de la Mayor de las Antillas se acrecienta en pos de preservar lo más preciado de cada ser humano, su vida.
   “Si bien en los últimos días de mi estancia allí se dificultaba el trabajo, debido a las circunstancias utilizábamos variantes y, por ejemplo, nunca se cerró la consulta ubicada en el cuerpo de guardia, ni se dejó de brindar el servicio de rehabilitación”.
   Alejados de la Patria, de los hijos y familiares, miles de médicos, enfermeras y otros trabajadores de Cuba contribuyen a elevar los indicadores de salud en diversos rincones del mundo, como estandarte de defensa ante las campañas de desinformación orquestadas por los grandes monopolios de la comunicación.
   El ejemplo y la entrega siempre han estado por encima de cualquiera de esos mensajes desestabilizadores, afirma Yuliet con una sonrisa poco antes de espetar su mensaje a los calumniadores: “¡Es cierto que somos un ejército! La diferencia está en que nuestra tarea es
devolver la esperanza, y con la ciencia como arma”.