La Habana, Domingo 19 de Mayo de 2019 12:21 pm

Alejandro Araujo, mística de investigador en manos de maestro

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Alejandro Araujo Rodríguez, docente con más de 40 años de experiencia, ama su profesión y la enlaza de forma permanente a su alma de investigador, cualidad intrínseca que aplica a su vida de forma tal que descubrió cómo aprovechar cada segundo.

Profesor de física del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) Ernesto Guevara, de Villa Clara, es el menor de cinco hermanos, nacido en Cabaiguán y pasó la mayor parte de su infancia en Jatibonico, provincia de Sancti Spíritus.

Recuerda de entonces su pasión en el desarme de todo cuanto pasaba por sus manos, para aprender y volverlo a montar, muchas veces sin finales felices. Con sus amigos creó un grupo espeleológico, hasta que se interesó por la carrera de ingeniería electrónica.

“Aprobé los exámenes de ingreso al Preuniversitario Especial Raúl Cepero Bonilla, de la capital, siempre con la mira puesta en los estudios con los cuales soñaba. Allí hice el noveno grado, al finalizar el curso pasamos a la Escuela Vocacional Vadimir Ilich Lenin, de la que fui fundador”.

La mayoría de los alumnos del décimo grado se inscribió en el segundo contingente del destacamento pedagógico Manuel Ascunce Domenech y Araujo recuerda una de las frecuentes visitas de Fidel Castro Ruz, líder de la Revolución cubana, que marcó un cambio en su vida.

El Comandante en Jefe les explicó que todos no podían formarse como maestros, porque la escuela se quedaría sin estudiantes, pero señaló la necesidad de que 15 de ellos impartiera clases en ese centro y una cifra igual, se orientaría a la apertura de una escuela similar de la otrora Las Villas, que llevaría el apelativo de Ernesto Guevara.

La disposición del joven de acudir al llamado de la Revolución lo siguió toda su existencia y así cambió sus sueños de electrónica por el pizarrón y resultó iniciador del IPVCE que lleva el nombre del guerrillero heroico, desde hace 41 años.

De allá para acá la vida de Araujo está repleta y cambiante de cargos docentes y políticos, pero nunca abandonó su innata condición de investigador y creó un círculo de interés de fotografía y cine, además de su resolución personal por reparar equipos electrónicos, más o menos complicados.

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Una biofábrica docente en Período Especial.

En un encuentro con integrantes del polo científico de Villa Clara,los estudiosos explicaron el prometedor futuro de la biotecnología en el territorio y la necesidad de estimular a los mejores expedientes de la “Ernesto Guevara” por carreras afines a la joven ciencia.

Para lograr la estimulación en los educandos se aprobó un laboratorio con maquetas, acerca de la aplicación tecnológica con sistemas biológicos y organismos vivos para la creación o modificación de procesos, corría la década del 90 del siglo último, en medio del período especial.

La Universidad Central Marta Abreu de Las Villas tenía entonces una pequeña biofábrica y hasta allí llegó Araujo, donde le explicaron el proceso y mostraron el equipamiento, cuyo corazón es el flujo laminar que tiene unos filtros muy costosos, de papel de fibra de vidrio.

El docente con alma de investigador, desarmó uno de esos equipos principales, incluso los filtros y empezó a elucubrar cómo sustituir el material importado.

Después de mucha búsqueda y en total silencio, porque nadie confiaría en la sustitución de la sofisticada fibra de vidrio por papel sanitario, aplicó sus conocimientos de física con su exposición a cámaras ultravioletas para evitar la contaminación.

“Los filtros de importación duran cerca de un año, los que hice están colocados desde 1991, se realizaron cientos de investigaciones y todavía funcionan, después elaboramos o reconstruimos todo el equipamiento, nada se compró y pusimos a andar el pequeño centro, ayudado por estudiantes.”

La biofábrica escolar, reforzada con programa y metodología para su utilización en planteles educacionales de la enseñanza preuniversitaria, fue Premio Relevante en el séptimo Fórum de Ciencia y Técnica.

Los resultados del trabajo facilitaron el entrenamiento de profesores de instituciones educacionales homólogas, que abrieron espacios similares, con idéntica tecnología, en IPVC de Pinar del Río, Holguín y Matanzas.

Alejandro Araujo, entre muchos reconocimientos, cuenta también con tres lustros como Vanguardia Nacional de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores e igualmente del Sindicato Nacional de la Educación, la Ciencia y el Deporte.

Obtuvo, además, las medallas Rafael María de Mendive, por la Educación Cubana, José Tey, Hazaña Laboral y resultó Profesor Emérito de la Asociación de Pedagogos de Cuba.

El educador tiene una esposa también docente, que conoció en el destacamento pedagógico, con quien lleva casado más de cuatro decenios, una larga vida laboral juntos y la construcción de una bella familia, con una hija y dos nietos.

A los más pequeños de la casa les dedico tiempo, juego con ellos y saco cuánto queda del niño que fui. El espacio en el hogar es imprescindible, asegura.

En la actualidad es secretario del Comité del Partido en el plantel educativo, imparte clases de física, labora en la biofábrica, apoya al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos de la provincia y entrena a medio centenar de alumnos en las redes sociales.

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“Necesito mantenerme bien informado de la realidad del país y de la política internacional, así puedo conversar sobre estas temáticas con educandos y profesores, todavía me quedan momentos para reparar equipos. Lo más importante es mantener el pensamiento ocupado en cosas útiles.”

Parecería que el profesor de 63 años, en su afán investigativo, descubrió la fórmula para detener el tiempo o de utilizarlo inteligentemente, sin dejar de soñar en el método más viable para resolver problemas