La Habana, Domingo 15 de Septiembre de 2019 09:59 pm

Pancho, el centenario (+Fotos)

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Francisco López Padiernes (conocido como Pancho, el centenario)

A Francisco López Padiernes le dicen Pancho. Es un hombre de pura cepa, que sobrepasó los 100 años de edad, aunque dice no sentirse centenario y estar mejor de salud que cuando andaba por las 90 primaveras.

Sus años no han mermado su memoria, ni sus recuerdos de cómo se vinculó al movimiento revolucionario para combatir las injusticias que lo rodeaban.

Toda su vida la dedicó a trabajar en el campo como jornalero, sobre todo en los alrededores del pueblo de Ceballos, en el municipio de Ciego de Ávila, y en otras zonas del centro de la provincia. Tanto es así que desde los 13 años laboró con bueyes, carretones y caballos; siempre haciendo algo útil.

Pancho confesaba y confiesa que “guataquear, arar, tumbar palmiche, sembrar maíz y podar árboles no mataba a nadie, porque así se formaba a la gente”. Bajo esa premisa, nunca paró de hacerlo hasta que llegó la jubilación con 60 almanaques vencidos.

“Papá tenía una pequeña hacienda que un colono le había cedido para que criara a la prole. Imagínese, ¡éramos 11 hermanos! Oiga, hice de todo: sembré y limpié caña, planté malanga, boniato, yuca; movía los animales, les daba agua. Luego me dediqué a lo de la naranja”, apunta.

Expresa que vive con una sobrina en el centro de la capital avileña y se siente contento, pues gracias a los lentes lee la prensa de vez en cuando y también, cuando puede, visita la oficina de la Asociación de Combatientes y afirma que es muy querido por todos los vecinos.

Pancho tuvo tres hijos, dos de los cuales viven en la capital cubana y uno en el pueblo de Ceballos, además de varios sobrinos, donde él nació.  “Si mis piernas no tuvieran tantos años, todavía fuera el mismo campesino de antes, pero con guataca en mano”, revela y se sonríe.

Rememora la Lucha Contra Bandidos en la Sierra del Escambray, Jatibonico y Sancti Spíritus; y no olvida a los compañeros Sandalio Ramírez y Yoel Pérez, quienes les suministraban a Pancho los bonos del Movimiento 26 de Julio.

Cuenta que una vez fue  a buscar cogollos a la finca de unos parientes, lo sorprendieron y le entró a cañazos a quien lo cogió; “corrí muchísimo y cuando paré de correr me dije: a la verdad que estos ricachos son unos malos, carijo, me voy a hacer comunista”.

Francisco López Padiernes (conocido como Pancho, el centenario)Rememora que en Ceballos, con solo 15 años de edad, lo hicieron militante del Partido Socialista Popular (PSP) y, en la casa de sus padres, conoció a varios dirigentes. “A veces llegaban algunos comunistas de las bases y mamá les decía, adéntrense, que tienen que alimentarse; eran gente honesta y trabajadora”.

Las primeras tareas de Pancho consistieron en hacer campañas, propaganda y hablar con los campesinos y los trabajadores para incorporarlos al PSP.

“Es verdad, caminé bastante y era campo a campo, casa a casa; qué manera de hablar con la gente. En el PSP milité hasta que luego del triunfo de la Revolución cubana se unieron todas las organizaciones políticas existentes hasta entonces”,  señala.

“Trabajé con un americano y un inglés y ¿sabes qué hacían? Te probaban para ver si servías y si no servías te botaban para la guardarraya. Por suerte para mí, estaban presentes las lecciones de mi viejo, que de mucho me sirvieron. Yo siempre tuve trabajo”, acota.

Narra que fue regador de agua en los naranjales por medio de canales y pasó un gran susto, pues preparó condiciones a las 12 de la noche en los camellones y las máquinas, marcó el tiempo en el equipo y se recostó a un tronco, razón por la cual se quedó dormido por el cansancio y todo el líquido fue a parar a un arroyo.

“De pronto me despiertan y era el americano. ‘Oiga, Pancho, ¿usted trabaja dormido?’ Yo le respondí que la verdad que me había dado sueño, porque el segundo riego no era fácil, por lo tarde que era.

Entonces él me contestó: ‘Mire, si no fuera porque yo llevo los datos de los lotes suyos y los de Chiquitico —un compañero de faena—, los sacara ahora mismo de aquí, pero los que riegan ustedes me están dando
el doble de la producción’.

“Una vez, cuando trabajaba en el lavadero, le llegó un chismecito al dueño: ‘Oiga, nosotros no sabemos por qué usted le da trabajo a este comunista’. Y la respuesta les cayó encima como un cubo de agua: ‘Miren, podrá ser muy comunista o lo que ustedes quieran; pero para mí es un excelente trabajador. Aquí lo que no admito es a los vagos’.

En dos ocasiones Pancho estuvo preso por vender bonos del 26 de Julio y estaba marcado por la propaganda en zonas rurales, exhortando a los jóvenes a que no se inscribieran en el ejército, a que no votaran.

A ello se sumaba la recogida de medicinas, ropa y calzado para los combatientes revolucionarios en el Escambray, por lo cual fue detenido en 1958 y al ser liberado tuvo que irse para La Habana, donde lo sorprendió el triunfo de la Revolución.

Pancho ostenta las medallas Frank País, Lucha Clandestina, 28 de Septiembre, Ejército Rebelde y Milicia Nacional Revolucionaria, además de ser miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución
Cubana desde que se creó esa institución  en 1993.