La Habana, Sábado 21 de Septiembre de 2019 01:09 pm

Diana no le teme a los retos

Compartir :
Tamaño letra:

0118-diana-alicia.jpg

   La doctora Diana Alicia Vargas Carnot proyecta seguridad y confianza, justo lo que uno esperaría encontrar al acudir a la consulta de un buen médico.
   Su sangre la conecta directamente con un ancestro tan honorable como Armando Carnot Veulens (1884- 1926), llamado “El médico de los pobres” y reverenciado incluso hoy por los habitantes de la cubana ciudad de Matanzas, como una suerte de entidad protectora capaz de ayudar a las personas enfermas o en peligro.
   Graduada en 1987 y especializada luego en Medicina General Integral, Diana se mantiene orgullosa de su formación como intensivista, y la define como algo que el médico adquiere para siempre, incorporándolo a su estilo de vida marcado por la rapidez en la atención a pacientes en estado crítico para salvar sus vidas.
   Fui privilegiada al tener mi primera experiencia como colaboradora internacionalista en Bolivia, en 2008, cuando tuve la suerte de que me ubicaran como intensivista en el hospital de Valle Grande, donde se exhibió el cadáver del Che Guevara como trofeo de quienes lo asesinaron, recuerda Vargas Carnot.
   “Me asignaron la tarea de convertir el hospital rural en una institución donde se realizaran procederes y tratamientos de excelencia, y aquello fue para mi una experiencia importante por trabajar en ese lugar donde las personas honran al Guerrillero Heroico, quien dejó allí una mística increíble.
   “El pueblo boliviano nos acogió muy bien, nuestra sala de terapia intensiva quedaba frente a la lavandería donde se expusieron los restos del Che, era un lugar muy solitario, pero se hacía un poco más fácil estar allí porque la gente iba a rendir homenaje, cantaban, hacían ofrendas…”
   La galena matancera asegura que “uno se prueba como médico cubano cuando ejerce en otro país, en condiciones difíciles”, lejos del hogar, pero el agradecimiento de los más necesitados y el reconocimiento de los colegas suplen las carencias.
   Llegó a Brasil en 2013 como parte de los colaboradores de la salud cubanos iniciadores del noble Programa Más Médicos, y vio la cara menos glamurosa de la modernísima Brasilia, donde vivió y prestó sus servicios durante tres años; y se olvidó del miedo al entrar en la mayor favela de América Latina, porque fue hasta allí para curar.
    Los recuerdos son increíbles, mis pacientes en Brasil estuvieron conmigo en las buenas y en las malas, todavía mantenemos contacto vía Facebook, comenta.
   “En Brasil sabían poco de Cuba pero identificaban a la Isla con Fidel Castro; creían que las de Río de Janeiro eran las mejores playas del mundo, pero aun así quedaron maravillados cuando les mostré fotos de Varadero”.
   Con el inicio del 2019 asume el cargo de vicedirectora de asistencia médica en el territorio yumurino, una responsabilidad retadora y plena de compromiso con el pueblo.
   Aspiro a lograr que los matanceros cambien su visión de la Salud Pública, dar un vuelco para bien a la atención primaria y fortalecer la labor de los médicos de la familia, para eso el recurso más importante es el humano -afirma Diana, convencida- y lo tenemos.