Un día para quienes visten a la humanidad

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Un Día Mundial para las Costureras, que se celebra este 14 de octubre, no basta para reconocer la labor anónima de tantas mujeres que mediante cortes e hilvanes de telas han vestido a la humanidad.

Dentro de las artes a ellas se les han dedicado canciones, obras literarias y relevantes pinturas que enaltecen en algún modo el oficio, tan relegado que solo podía encontrarse a sus protagonistas en el fondo de talleres y telares en los trasfondos de las tiendas.

Los grandes modistos apelaron siempre a las costureras para elaborar a dedo juntilla las ideas renovadoras sobre el buen vestir en cada época.

Allí, tras las máquinas de coser, estaban entonces muchachas de la clase media y baja que podían agenciarse el sustento con ese oficio.

No solo había que vestir a la clase pudiente con los caprichos llegados de allende los mares, también requirió de empeño fabricar millones de piezas de ropas para el incremento de la fuerza de trabajo esclava en el siglo XIX.

Mujeres con habilidades de costura, generalmente, fueron quienes cosieron las emblemáticas banderas que identificaron a naciones y contiendas. La matancera Emilia Teurbe Tolón se convirtió en la primera mujer que confeccionó la enseña nacional de Cuba.

Durante los años 90 del siglo XX, en medio del periodo especial, las costureras cubanas desempeñaron un papel preponderante en comunidades y asentamientos, pues ante la escasez de tejidos las familias debieron restaurar las prendas ya usadas y transformarlas para los más pequeños de casa.

Y no solo se dedicaron al oficio tradicional de elaborar vestuarios, sino que debieron innovar ropas y ajuares domésticos como frazadas y sobrecamas con la recurrida técnica del parche.

Algunas debieron ocuparse de confeccionar zapatos, de forma rústica con sus máquinas de coser, destinados a varios miembros de la familia.

Amparo López, madre del estelar pitcher Adiel Palma, fue una de esas modistas multifacéticas en Cienfuegos, que aún recuerda los procederes para confeccionar zapatillas para que sus hijos asistieran a los entrenamientos.

Con la llegada de la COVID-19, las costureras asumieron un gran reto como ese de elaborar millones de mascarillas para proteger al prójimo de contraer el virus.

El acto de confeccionar un cubre boca fue tan masivo en el mundo que hasta personalidades se unieron a esta faena, tal es el caso de la gloria del deporte cubano y del mundo, la corredora Ana Fidelia Quirós.

Más que un oficio, la costura es un arte para vestir mejor a las personas en una larga trayectoria de puntadas que han dejado sus huellas en la humanidad.

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