Los niños y adolescentes más responsables ahora ante la COVID-19

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Dentro de todo el esfuerzo de los científicos cubanos ante la COVID-19 para obtener y producir vacunas propias, no podemos dejar de reconocerles la posibilidad de inmunizar a la población pediátrica, lo cual permite hoy reanudar las clases de manera gradual en el país, luego de casi dos años de restricciones por la incidencia de la pandemia.

En Abdala y Soberana 02, millones de niños, adolescentes y sus familias depositan las esperanzas, las mismas de la nación entera que ansía retomar la vida económica y social, segura de la protección de los más jóvenes de casa.

Van quedando atrás meses de aislamiento, incertidumbre y miedos también, pero este momento y los días venideros, requieren de mucha más responsabilidad y percepción del riesgo que aún está latente, principalmente para la población pediátrica.

El primer grupo de estudiantes de la enseñanza media concebido por el Ministerio de Educación para la vacunación masiva, ya retomó las actividades docentes presenciales tras recibir las tres dosis de Abdala, mientras que los demás segmentos avanzan en el ciclo correspondiente a Soberana 02, y desde el próximo mes de noviembre podrán incorporarse a las escuelas.

Autoridades sanitarias y especialistas en epidemiología advierten que ninguna persona menor de 18 años en Cuba posee aún inmunidad ante el coronavirus SARS-CoV-2, pues el proceso comenzó en septiembre último, y la protección se alcanza a partir de los 14 días luego de la última dosis.

Otros expertos refieren, además, que la mayor certeza sobre la respuesta del organismo a la COVID-19 se obtiene después de transcurridos los 56 días.

Por ejemplo, las personas recién vacunadas pueden ser portadoras del virus y contagiar a otras que no hayan alcanzado la inmunidad, o no hayan completado el esquema, de ahí la importancia de mantener y aplicar correctamente las medidas higiénicas orientadas, tanto en la escuela como en la casa.

El sector de la educación ha creado las condiciones necesarias e implementa sus propios protocolos a partir de los indicados por el Ministerio de Salud Pública, entre los cuales figuran la organización de las horas presenciales en clases por semanas y grupos, la utilización de soluciones de cloro y alcohólicas, pasos podálicos y garantías de distanciamiento físico en aulas y áreas de cada plantel.

Si a tales acciones contribuyen todos los involucrados, incluyendo a padres y demás familiares, y por supuesto el personal de educación, se evitará la transmisión de la enfermedad dentro de los centros educacionales.

Es por ello de suma importancia la orientación precisa y exigencia del uso obligatorio del nasobuco y el lavado frecuente de las manos, y la pesquisa que impida la entrada a las escuelas de trabajadores y alumnos con síntomas respiratorios.

La autorresponsabilidad y la disciplina están ligadas hoy más que nunca al proceso de vacunación y al momento actual del enfrentamiento a la pandemia, que pone a Cuba en una mejor situación para dar continuidad a la enseñanza en los diferentes niveles educativos.

Por otro lado, corresponde a las familias, sobre todo a los padres, velar porque los niños y adolescentes se mantengan en casa, bajo su cuidado, y cuando sea necesario salir con ellos a la calle y lo hagan con nasobuco, lejos de aglomeraciones y otros riesgos.

A todos debe quedar claro que la pandemia de la COVID-19 no ha terminado, y aunque avance la vacunación de la población las medidas higiénico-sanitarias y de prevención del virus constituyen los métodos más eficaces para evitar volver a enfermar o provocar complicaciones a quienes se vacunaron recientemente, como los más jóvenes.

Depende en gran medida de la conciencia personal la disminución de las cifras de contagios que por estos días decrecen, y que tanto en instituciones como en las comunidades, barrios y en la propia escuela, no se descuiden los protocolos y formas de actuar ante el padecimiento infeccioso.

La reanudación del curso escolar 2020-2021 en Cuba el 4 de octubre, que comenzó por los años terminales de la enseñanza media y luego sumará a otros grados y educaciones, renueva las expectativas de estudiantes, profesores y las familias en el afán de avanzar.

Para disfrutar su crecimiento en el ámbito educativo, saludables y felices, a cada quien le corresponde poner su cuota de cordura y disciplina hasta que los de menor edad alcancen la esperada inmunidad que proveen las vacunas.

La nación antillana, el primer país de América Latina en desarrollar una vacuna anti-COVID-19 propia, pronto volverá a colmarse de colores de uniformes, algarabías y rutinas escolares, un gran suceso que será posible si todos interiorizan el peligro vigente y la necesidad de seguir protegiéndose y cuidar a los niños y adolescentes, expuestos aún a la enfermedad.

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