COVID-19: ¿por qué seguirnos protegiendo después de vacunados?

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La Habana, 3 jul (ACN) Después de más de un año de enfrentamiento a la COVID-19 en Cuba, al cierre de esta semana dos noticias marcan el panorama epidemiológico en la nación: la cifra más elevada de contagios en una jornada, de tres mil 475 este sábado, y la meta cumplida de más de un millón de inmunizados con las tres dosis de Abdala o Soberana 02.

En ese sentido, numerosas son las actitudes personales que muestran cierta relajación en el cumplimiento de las medidas de protección y aislamiento por parte de la población, ante la errónea afirmación de muchos de que una vez que aumente el número de vacunados disminuirán los casos y no será necesario nada más.

Si bien, lógicamente, al crecer la cifra de inmunizados la cantidad de enfermos irá en descenso, sobre todo los pacientes en estado crítico y los fallecidos, las vacunas no constituyen la solución definitiva ni la única protección necesaria frente a la COVID-19.

Según expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), no se puede bajar la guardia, pues "aplicarse la vacuna del coronavirus no es una carta blanca para ignorar las medidas de salud como el distanciamiento físico y el lavado de manos", refiere el sitio web oficial de las Naciones Unidas.

Mientras avanzan las campañas de vacunación en el mundo, las medidas de salud como utilizar mascarilla, mantener el distanciamiento físico, evitar multitudes y lavarse las manos, continúan siendo la herramienta más fuerte para disminuir los contagios y a la vez evitar que aparezcan nuevas mutaciones, posiblemente más peligrosas, del virus SARS-CoV-2.

En el caso de Cuba, con dos vacunas de probada eficacia frente al coronavirus: Abdala con el 92,28 por ciento en sus tres dosis y Soberana 02 con un 62 por ciento después de solo dos, las autoridades sanitarias continúan haciendo un llamado al pueblo a la protección, sobre todo a los sectores más vulnerables de la sociedad: los ancianos y los niños, estos últimos, con un crecimiento alarmante de más de tres mil nuevos contagiados en la última semana.

Ante esta situación, no solo de Cuba sino también a nivel internacional, Soumiya Swaminathan, científica jefa de la OMS, aseguró que estamos aprendiendo sobre la protección de las vacunas y una cosa que está clara es que la mayoría de los ensayos clínicos han reportado una protección contra la enfermedad grave que significa hospitalización y muerte.

En pocas palabras, la autoridad sanitaria mundial aclara que al ser vacunado el inmunógeno evitará que la persona entre en un estado crítico o fallezca a causa de esta enfermedad, pero no es garantía total de no ser contagiado con el virus o transmitirlo a otra persona una vez recibida la totalidad de las dosis del medicamento.

Entonces, a pesar de los esfuerzos gigantes del sistema de salud cubano, por demás bloqueado y asfixiado por la hostil política norteamericana hacia la mayor de las Antillas, cada cubano debe constituir, en defensa propia y de toda su familia, un soldado en pie de guerra, en estricto cumplimiento de las medidas de protección frente a un enemigo silencioso que ya ha costado mucho.

El nasobuco, la desinfección de superficies de trabajo y en el hogar, el mantenimiento de abuelos y pequeños dentro de casa y el aislamiento físico, deben continuar, como recordatorio de que, a pesar de la titánica labor de científicos, médicos, enfermeras y el gobierno en general, aún la COVID-19 sigue robándonos momentos felices.

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