COVID-19: una batalla de todos (+ Fotos)

 Enramadas, principal arteria comercial de Santiago de Cuba, que durante 10 días se mantuvo cerrada para evitar las acostumbradas aglomeraciones de personas.

Casi dos meses han transcurrido desde la aplicación de las medidas restrictivas correspondientes a la fase de transmisión autóctona por COVID-19 en la que se encuentra Santiago de Cuba, y pese a eso la demarcación continúa en números rojos dada la dispersión de la enfermedad en los nueve municipios y la elevada letalidad, porque, al parecer, la situación todavía no se asume como una batalla de todos.

A diario asustan las cifras –comúnmente de tres dígitos- de los santiagueros contagiados con el virus SARS-CoV-2 reportados por el doctor Francisco Durán, director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública (Minsap), sin que ello implique cambios en el comportamiento de buena parte de la población de este territorio suroriental, con una de las tasas de incidencia del padecimiento más altas del país.

Noviembre de 2020, luego de la entrada a la nueva normalidad, marcó para la provincia el comienzo del segundo repunte de la patología como consecuencia de las transgresiones –por parte de los viajeros internacionales y sus familiares- de los protocolos concebidos para la etapa, en particular lo relacionado con el aislamiento domiciliario a la espera del resultado del PCR en tiempo real (reacción en cadena de la polimerasa por sus siglas en inglés) del quinto día.

En aquella ocasión, el trabajo conjunto del Partido, Gobierno y Salud Pública, aunque con no pocas fisuras, logró el control del escenario epidemiológico, a cuyos esfuerzos se unió el arribo de la primera comisión asesora del Minsap, con experiencia en el rebrote de Ciego de Ávila, encabezada por la viceministra Carilda Peña para apoyar la lucha contra la COVID-19 en la segunda capital de Cuba, mas la disciplina ciudadana afectó el avance positivo de la estrategia y los resultados se manifestaron desde finales de ese año hasta hoy.

Muestra aglomeración de personas en las afueras de la Oficina Comercial de Etecsa ubicada en el Parque de Céspedes.

Muchos aluden a las filas en bancos, paradas del transporte público y comercios como los principales focos para la diseminación del nuevo coronavirus, y podría pensarse que sí mientras se incumpla con el distanciamiento físico, la frecuente desinfección de las manos y el uso correcto del nasobuco en las posibles aglomeraciones. Hay responsabilidad compartida, por una parte, los individuos, quienes no deben achacar al sistema institucional el total cuidado de su salud y la de sus familiares, y por el otro, el de los cuerpos impositivos encargados de velar por el estricto acatamiento de las disposiciones establecidas en aras de dominar la contingencia.

Sin embargo, pocos reparan en el tránsito cotidiano por las arterias de la ciudad de embarazadas, adultos mayores, discapacitados físico-motores y niños, población valorada como de alto riesgo ante el padecimiento, personas conversando en las esquinas o bebiendo a pico de la misma botella, menores de edad jugando en las calles sin la debida protección, conductas con tendencia al descenso, sobre todo por el accionar de las fuerzas del Ministerio del Interior en el horario de la noche y madrugada.

El número confirmados con el virus en los meses iniciales de 2021 evidencia el difícil trance por el que atraviesa la mayor de Las Antillas en el enfrentamiento al nuevo coronavirus, y solo en lo que va de febrero, Santiago de Cuba registra 2485 enfermos, estadística que aumentará en los próximos días, según modelos matemáticos, cuando se analicen las muestras de los casos activos ingresados en los más de 25 centros destinados al aislamiento de sospechosos y contactos de primer y segundo orden de los positivos.

Aun, en semejante contexto, no se divisan actitudes proactivas de los habitantes de la tierra indómita en aras de zanjar la transmisión y avanzar a fases recuperativas, pero sí resulta muy notable la disminución de la percepción del riesgo, en tanto se violan las medidas de bioseguridad dentro y fuera de las viviendas y algunas entidades laborales, y persiste el ocultamiento de síntomas sugestivos del padecimiento como fiebre, secreciones nasales, tos seca, dolor de cabeza y decaimiento a quienes realizan las pesquisas en las comunidades.

 Calle Aguilera entre San Félix y San Pedro, fila frente a Tienda Variedades de personas sin guardar la distancia recomendada por autoridades sanitarias.

En recientes declaraciones a la ACN, la titular provincial de Salud, María Eugenia García, insistía en la necesidad de proteger en los hogares a los vulnerables antes mencionados y a las personas con comorbilidades: insuficiencia renal, hipertensión arterial, diabetes, cáncer, obesidad, y otras, porque tienen mayores probabilidades de desarrollar las formas graves de la enfermedad, e incluso, morir; de ahí la importancia de potenciar el aislamiento social para reducir la circulación viral y evitar que más sujetos se contagien.

Cierres de la ciudad durante los fines de semana, higienización en las principales arterias, limitación del transporte público estatal y privado en determinados horarios del día, venta de alimentos para llevar en los establecimientos de comercio y gastronomía y buena labor de los medios de prensa en promoción de salud devienen acciones concretas del Gobierno santiaguero para frenar la expansión de la COVID-19, toca a la ciudadanía jugar su rol con disciplina, autorresponsabilidad, coherencia con el período en que se vive, urge entender que este es el combate de todos por la vida.

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