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Sin entender de egoísmos

 

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Cuando era niño no entendía por qué había, y sigue habiendo, personas con tanto egoísmo si todos somos seres humanos con iguales derechos en la vida, que nos vienen impuestos de manera natural: alimentarnos, vestirnos, aprender, entre otras necesidades.

Todos lloramos, reímos, estamos tristes o alegres, vivimos con felicidad o con nostalgia; atributos que nos colman según las circunstancias. Nadie es tan rico cómo para no recibir un desconsuelo, o tan pobre cómo para no brindar una sonrisa.

Tampoco entendía por qué tenía que haber guerras, las que en última instancia también se originan por el egoísmo. Hoy, cuando me encuentro en el otoño de la vida; sigo sin entender las causas de este mal.

El egoísmo está muy asociado a la avaricia, al individualismo y al egocentrismo, entre otros comportamientos que denigran a quienes los practican porque actúan de modo obsesivo, enfermizo, con desmedido afán por el dinero u otros bienes materiales.

En muchas ocasiones esa postura conduce a la comisión de serias faltas morales y éticas que llegan a traicionar y estafar a amistades, e incluso a familiares.

A veces los padres son culpable de que sus hijos sean egoístas porque los educan en ese sentimiento que tanto daño les hace, sin pensar que la sociedad los rechaza y los margina; por ello es importante que desde las perspectiva de la igualdad se actúe en correspondencia con los valores que enaltecen al ser humano.

El egoísta antepone el interés propio al ajeno, se acostumbra más a recibir que a dar, es incapaz de amar a los demás, solo se ama a sí mismo, impone, utiliza y manipula a los demás en su provecho, siente que es el centro en sus relaciones humanas, trata de obtener recompensas de las situaciones cotidianas, es insaciable y siempre quiere más.

Ese comportamiento humano puede enmendarse, siempre y cuando quien lo practica reflexione y tenga voluntad para corregir el defecto; entonces se dará cuenta de que su actuación será más digna, y en correspondencia con ello no estropeará las relaciones interpersonales, las que el egoísmo intoxica.

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