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Apreciar la ciudad como una gran casa (+Fotos)

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Hay quienes ven la calle y todo lo situado fuera de su casa como algo ajeno, y por ese motivo asumen conductas indiferentes al entorno, sin pensar en las consecuencias.

Tal pensamiento lleva a arrojar la basura en cualquier lugar, satisfacer necesidades fisiológicas en esquinas de calles y callejones, lo cual nada tiene que ver con una población mayoritariamente instruida, disciplinada y responsable.

Es por ello que ante situaciones como esas se imponen el rechazo de la sociedad y la aplicación de las medidas, teniendo en cuenta que ponen en riesgo la salud de los seres humanos y afectan el trabajo de quienes por encargo estatal deben mantener la limpieza comunal.

Desde la comunidad se debe abogar porque las personas coloquen la basura de las viviendas en los sitios establecidos, y en caso de escombros y ramas de árboles, por principio es obligación trasladarlos por su cuenta hacia vertederos o puntos establecidos para ello.

Además de estos últimos, no son pocos los que sacan de sus casas todo tipo de desperdicio sin echarlos en un recipiente adecuado y provocan microvertederos y olores desagradables, e incluso arrojan animales muertos y hasta estiércol de cerdos, algo que viola las regulaciones que prohíben su crianza en zonas urbanas.

Más que el llamado de atención, urge recurrir a la conciencia humana respecto a cuidar el lugar donde se nace, crecen hijos, nietos y sobrinos; y por eso merece estar reluciente, alejado de todo tipo de suciedad.

Pero se impone, una vez alertada y reiterada la mala acción, proceder de forma drástica con los que violan lo establecido.

Depositar la basura que se genera en las viviendas en los depósitos habilitados en cada zona de la urbe, o situarla adecuadamente frente al domicilio para su recogida, o en los grandes contenedores llamados en Cuba ampiroles -un eficaz sistema de gancho incorporado a un camión que deposita y recoge esos recipientes- contribuye con la tarea de los trabajadores de comunales.

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Los que irresponsablemente utilizan la primera esquina dispuesta o un callejón para satisfacer sus necesidades, que ocurren en horarios nocturnos, e incluso ya llegan a ser hasta diurnos, deben ser igualmente sancionados.

Si bien es cierto que escasean los baños públicos, es un principio moral y personal cumplir con normas de coexistencia sociales y de conducta.

Cada ciudad, reparto, barrio o poblado tiene sus propias particularidades, las cuales están determinadas en gran medida por la forma de ser de su gente, y en la limpieza y la pulcritud del entorno que se observe en ellas va plasmado el sello de todos los vecinos.

La cultura general de la ciudadanía ineludiblemente tiene que integrar la convivencia armónica con el entorno. Se trata de conservar valores históricos, patrimoniales, o sencillamente de la cualidad de cada lugar donde se vive, porque ello también lo heredarán las nuevas generaciones.

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Hacer diariamente en pos de ese objetivo resulta un deber de todos, como regalo a los descendientes que podrán comportarse, al pasar los años, como ciudadanos responsables, y defender la historia pasada, la presente y la futura de un barrio, un pueblo o una gran localidad; y apreciarlo como una gran casa, con su cuidado y belleza.

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