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Febrero Miércoles

La necesaria convivencia sobre el asfalto

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Cuando se habla de convivencia, casi siempre se piensa en las relaciones hogareñas, escolares y laborales, en estas últimas donde por lo general permanecemos unas ocho horas diarias.

Sin embargo, nos olvidamos de que como seres humanos también nos interrelacionamos en un ámbito tan cambiante como lo es el tráfico, y donde no respetar las normas puede acarrear perjuicios mucho más fatales que cuando violamos los deberes en el hogar, la escuela o el trabajo, pues sencillamente nos cuesta la vida.

Referente a ese último entorno, pudiéramos decir cómo sobre el asfalto intervenimos todos: peatones y conductores de los más diversos equipos, desde una patineta, una bicicleta, hasta grandes medios automotores.

Ello ordenado por todo un código vial, pero violentado en tantísimas ocasiones; unas veces por el apuro en llegar, otras por desconocimiento de algunas leyes, incluso por creernos los súper choferes o estar distraídos y desatender el vehículo y las señales. Una de las más injustificadas y flagrantes violaciones se comete también al conducir bajo los efectos de bebidas alcohólicas.

La mejor convivencia en la vía entraña respeto del orden establecido, y ello se hace extensivo a todo un cuerpo de regulaciones y sanciones, pero, además, al sentido común y a la caballerosidad de quienes se mueven por calles y avenidas.

En una investigación realizada con mujeres cienfuegueras conductoras, los expertos en disciplina vial reconocen que las féminas ante el volante incurren en menos accidentes -porque son más precavidas y disciplinadas-aunque ello no es suficiente para evitar los sucesos trágicos en calles y autopistas.

Digna Hernández Ginoria, con más de 40 años como taxista en el centro-sureño territorio, manifestó cómo a la mayoría de los pasajeros les gusta más ser transportado por una mujer conductora que por un hombre chofer, “incluso los extranjeros prefieren a las compañeras, pues corren menos, son más precavidas y seguras en las vías”.

Por su parte, María Caridad Alomá Pich, con cuatro décadas al volante, indicó: “Hay choferes impacientes, quienes gustan apremiar a las mujeres conductoras en las intersecciones, sobre todo en los semáforos intermitentes, y eso es un puro acto de violencia en su contra”.

Asimismo, Marisela del Río, quien ha conducido diferentes vehículos, hasta una camioneta, comentó la reacción brusca de conductores cuando en la autopista los adelanta, “es como si se ofendieran o les lastimara en su amor propio” aseguró.

Para con niños, embarazadas, personas con alguna discapacidad y ancianos, el trato en la calle debía ser deferente porque son más vulnerables, por cuanto los pitazos, frenazos, pueden resultar contraproducentes.

Otro tanto pudiera decirse de las violaciones de normas, reglas y disposiciones por parte de la población, que en la propia localidad cabecera cienfueguera transitan por el medio de las avenidas, en franco desafío al derecho de los vehículos.

Algunos, más que caminar pasean como si marcharan por el propio bulevar de la urbe y ante el reclamo de choferes, responden enfadados o sencillamente no se apartan de la vía.

La violencia en la senda no termina con los acelerones para adelantar o llevarse los últimos segundos de la luz verde del semáforo, con los fotutazos y frenazos, también continúa con las andanadas de palabras obscenas, increpaciones y agresiones, hechos que pudieran evitarse fácilmente, solo con la observancia de una buena conducta de parte y parte.

Eso haría mucho mejor la convivencia sobre esas franjas de asfalto, donde por no esperar un segundo, se puede acabar la vida en un instante.

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