La Habana, Lunes 18 de Noviembre de 2019 01:44 am

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Conocer la historia y comprender el futuro, lo que no sabe Trump

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Resultado de imagen para Carlos Alberto Gonce Socías, acn
   El señor Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de América, debería estudiar un poco de historia.
   Así se podría enterar de que los aborígenes del archipiélago cubano preferían morir antes que ser esclavos, y que cuando trajeron, a la fuerza, esclavos desde África, al mismo tiempo que las dotaciones aparecieron los palenques de cimarrones.
   Conocería que los criollos cubanos, a veces mal vestidos, mal alimentados y peor armados, lucharon 30 años contra la mayor potencia de la época, para alcanzar una independencia que su país –el de Trump- frustró. De paso sabría que los sencillos campesinos de esa tierra soportaron una reconcentración que mató de hambre y enfermedades a decenas de miles de hombres, mujeres y niños, y no claudicaron ante el opresor.
   Descubriría que los cubanos nunca abandonaron su vocación independentista, y que han afrontado 60 años de intentos de invasión, sabotajes, acciones terroristas, agresiones biológicas, psicológicas, ideológicas y económicas, todo asociado a un bloqueo comercial y financiero riguroso, que hoy se hace más feroz.
   El señor Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de América, debería echar una mirada objetiva a su alrededor, si sus muchos prejuicios se lo permitieran.
   Si tal hiciera podría apreciar, para su asombro, que nuestros científicos no cuentan con tecnologías de punta para su labor en sectores tan sofisticados como la biotecnología, pero alcanzan resultados que reconocen, recomiendan y aplican los de otros de países de alto desarrollo, entre ellos de Estados Unidos de América.
   Vería que los trabajadores industriales cubanos, cuando no tienen acceso a los repuestos necesarios para la producción, los fabrican, y con frecuencia son más duraderos y eficientes que las piezas originales que ellos no les venden.
   Se daría cuenta de que Cuba no cuenta con las computadoras que requiere, ni con una conexión eficiente a Internet, que se le niega, pero ha logrado un sistema educacional gratuito y universal, que la Unesco califica de muy bueno, con resultados superiores a los de otros países del área, incluidos los Estados Unidos.
   Podría comprobar que en Cuba faltan medicinas y equipamiento de salud moderno, pero los cubanos gozan de cobertura gratuita y total, exhiben indicadores de países desarrollados y han erradicado ocho enfermedades infecciosas que son un flagelo en el mundo actual.
   Constataría que hace 60 años en Cuba gobierna la misma fuerza política, pero no lo ha logrado mediante la represión, el fraude o la imposición, sino porque más del 80 por ciento de sus hijos así lo deciden cada cinco años.
   Descubriría, finalmente, que el pueblo cubano no se rinde, y que mientras el gobierno estadounidense se esfuerza para impedirle las relaciones comerciales y financieras, le niega suministros esenciales y le amenaza de mil otras maneras, se mantiene fiel a sus tradiciones, labora pensando en cómo ir por más ahora, y en qué va a hacer después, cuando la vida vaya por cauces menos convulsos.
   Entonces, a lo mejor, se daría cuenta de que, como tantos otros opresores que se han ensañado con ese pueblo, él –Trump- va a pasar y a convertirse en otro mal recuerdo, mientras los cubanos… Los cubanos vamos a seguir aquí.

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