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¿Quién le pone el cascabel al ruido?

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El desarrollo técnico-económico de la sociedad contemporánea trajo consigo una mayor contaminación medioambiental sonora, la cual provoca afectaciones a los sistemas auditivo y nervioso central de los seres humanos, por lo que el propio hombre estudia las variantes para controlar tal fenómeno.
   Según los estándares establecidos por la Organización Mundial de la Salud, el oído humano puede soportar  hasta 60 decibeles, pero cuando las personas se someten de forma continua a niveles superiores a los 65 decibeles pueden sufrir daños. Por ejemplo, a 85 decibeles, ya existe un estado de riesgo, 90 es de peligro y 120 provoca dolor.
   En Cuba el problema fundamental radica en las ciudades, y se relaciona principalmente con centros y áreas de recreación nocturna, y con actividades por cuenta propia, las cuales se desarrollan mayormente sin hermeticidad, o al menos  sin las condiciones acústicas imprescindibles para evitar perjuicios a los moradores cercanos.
  Antes de instalar un local de este tipo, las personas naturales o jurídicas, elaboran un proyecto, el cual debe ser autorizado por el Instituto de Planificación Física, para luego presentarlo a Salud Ambiental en las oficinas de Higiene y Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, y ser evaluado.
   Con regularidad se emiten licencias sanitarias para la manipulación de alimentos en restaurantes, cafeterías o centros de elaboración, pero el problema surge cuando la unidad autorizada incorpora programas recreativos ausentes del análisis inicial.
   Cuando un establecimiento incurre en esta violación debe ser visitado por el cuerpo de inspectores de Salud Ambiental o del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), y fijarle un plazo de una semana a 15 días para erradicar el ruido, con la aplicación de medidas como disminuir el nivel del audio o hermetizar el local.
   De permanecer la infracción, el Decreto Ley No. 200/99, establece en su artículo 11 inciso a, la imposición de multas para la desobediencia de las normas relativas a los niveles permisibles de sonidos y ruidos, entre 200 y dos mil 250 pesos en moneda nacional.
   En última instancia se retirará la licencia sanitaria, y de continuar la violación se formula la denuncia ante el Ministerio del Interior (MININT).
   La contaminación por ruido a gran escala estuvo siempre asociada a entidades estatales en el país, sin embargo con la actualización del modelo económico cubano y una mayor apertura al trabajo  por cuenta propia, surgieron nuevos factores en actividades como carpinterías, cortadoras de losas y pulidoras de piezas.
    Pero, según especialistas de salud pública en el tema, el Órgano de Trabajo y Seguridad Social solo exige licencias sanitarias a cuentapropistas que manipulen alimentos, y excluye labores generadoras de ruido, las cuales deben estar aisladas de las zonas pobladas o cumplir requisitos de hermeticidad.
  Por ejemplo, en Camagüey, tercera ciudad de Cuba, en estos momentos, las mayores fuentes contaminantes de ruido pertenecen a entidades estatales del Grupo Empresarial Palmares, Comercio y Gastronomía, dependencias del sectorial de Cultura y  algunos trabajos ejecutados por el sector no estatal.
   Para  Andrea Armas, delegada del CITMA en la provincia, falta una labor conjunta entre los organismos reguladores, responsables de evitar y eliminar la contaminación sonora, y la cooperación de las entidades ejecutoras, aquellas que ocasionan los perjuicios al entorno.
   Los organismos solo actúan cuando reciben quejas de la población, porque están en la obligación de responderle, pero ¿acaso hay que esperar a que un vecino se moleste y envíe una queja para inspeccionar un cabaret o un área recreativa? ¿Cuánto tiempo trascurrió desde que la persona es víctima del ruido?
   Es necesario que los ministerios del CITMA, como rector en el cumplimiento de las políticas medioambientales, Salud Pública, Trabajo y Seguridad Social, la Dirección Integral de Supervisión y el MININT, autoridad competente ante las indisciplinas sociales,   actúen de forma coordinada y sistemática para ponerle orden al asunto.
  Ya es hora de que aparezca, realmente, quien le pone el cascabel al ruido, parafraseando el popular dicho.

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