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¡Vamos de visita!

 

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Corren tiempos en los cuales no existe mucho margen para ir a la casa de amigos y familiares porque los trajines de la vida diaria nos llevan casi todas las horas y además, ya se ha ido perdiendo esa tradición, aunque hay quienes la cultivan.

Las visitas son actos sociales que contribuyen al desarrollo de las buenas relaciones y a no perder ese vínculo de afecto o cariño, pero se imponen algunas reglas que no debemos olvidar si aspiramos a cultivar una buena convivencia.

No es igual ahora a la época de nuestros abuelos, porque existen más deberes laborales y sociales que ocupan buena parte del tiempo de las personas, por lo cual llegar a alguna casa inesperadamente, sin previo aviso y hacer una larga estancia, resulta inoportuno.

Las facilidades de contar con un teléfono pueden servirnos para avisar previamente a quienes pretendemos ir a ver, o también el envío de un mensaje con algún miembro de la familia facilita ese trámite de antemano.

Resulta agradable departir con aquellos a quienes profesamos los mejores sentimientos de amistad y fraternidad, pero tanto para los que van a ir a la visita, como para los que reciben existen normas de comportamiento imprescindibles.

La modernidad no está reñida con las buenas maneras, por eso debemos tener en cuenta que resulta una descortesía no esperar al visitante, o abrirle la puerta con una ropa inadecuada.

No se trata de vestirnos de etiqueta, sino de tener puesto lo correcto, sin desaliño ni tampoco con el otro extremo, el de la ostentación y la falta de tacto a la hora de escoger las prendas de vestir.

Quienes nos dirigimos a ver a ese amigo o familiar no debemos tocar demasiado fuerte, ni gritar desde la calle para que nos reciban, todo en su justa medida, pues tampoco la persona anfitriona debe dejar al visitante demasiado tiempo esperando.

En el caso de que la puerta estuviera abierta no debe pasar al interior sin que acudan al llamado, ni sentarse hasta no ser invitado a hacerlo, ni ir fumando pues resulta de mal gusto cuando llegamos a un lugar y saludamos.

Puede parecer una tontería, ya que cuando vamos de visita a casa de amigos y familiares lo hacemos de manera campechana, sin darle demasiada importancia a los modales, pero resulta necesario saber comportarnos, más si llevamos niños que tocan adornos, se suben a los muebles o rechazan comer lo ofrecido por el anfitrión.

Ser cauto en el comportamiento es una regla de la buena convivencia, porque mucha confianza trae como resultado que pasemos de una habitación a otra sin permiso, ah, y a la hora de tomar un café o algo que nos brinden deberá hacerse con cierta medida, y sin pedir antes de ser ofrecido.

Debemos conducir la conversación hacia temas agradables, evitar críticas a otros individuos o querer cogernos la charla para nosotros solos.

Muy importante, la hora de la visita no deberá coincidir con los horarios de comida, ni ser demasiado temprano pero tampoco muy tarde, siempre estar el tiempo prudencial, así dejaremos una grata impresión.

Comentarios   

0 #1 Alejandra 09-11-2014 16:49
:-) Cuanta necesidad tenemos en Cuba que este escrito se publique en todos los periodicos, sea el tema de algunos programas televisivos, en fin que se trate de educar un poco y hablo de educacion formal, pues educacion cultural sobra en Cuba, pero adolecemos de la otra...y tiene usted tanta razon....Muchas gracias por escribir todo esto. Alejandra
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