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Violencia de la puerta hacia adentro

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La violencia, recurrente cada día desde la pantalla del televisor, la cual refleja bombas que acaban con la vida de civiles y policías que asesinan a adolescentes en diferentes sitios del mundo, es más difícil de asociar con la cotidianidad de la vida hogareña y familiar. 

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española señala que el término describe el acto de aplicación de métodos violentos a cosas o personas para vencer su resistencia, y estos no siempre están muy definidos cuando a la familia se refieren.

La sobrecarga de trabajo en la mujer, quien cumple con su horario laboral y llega a la casa a realizar un sinnúmero de tareas que la dejan exhausta, resulta una forma solapada de violencia doméstica.

No se trata solo de ayudar, es imprescindible distribuir faenas y responsabilizar a cada integrante de ese grupo con labores específicas para que los quehaceres no recaigan de forma absoluta sobre una sola persona.
Pero también ocurre un tratamiento violento cuando se ignora, se maltrata de palabras o hecho a la pareja y a los hijos, con grandes efectos en la autoestima.

Aún en la sociedad cubana, una de las más seguras del planeta, existe esta manifestación que en mayoría afecta a las féminas y en algunos casos llega al maltrato físico, de lo que dan fe especialistas de las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia.

En muchas oportunidades el afectado no reconoce el daño, que considera normal o sencillamente queda resuelto con un acto de arrepentimiento y el compromiso de que no volverá a suceder, aunque las escenas son repetitivas hasta el infinito.

Tales acciones se dan con mayor frecuencia del hombre hacia la mujer pero a su vez puede suceder a la inversa, lo cual daña la convivencia y la felicidad, sueño de toda pareja.

En un hogar donde el marido desarrolla actos violentos en contra de su esposa, los descendientes, cuando crezcan, replicarán esas conductas para infelicidad de todo el núcleo hogareño.

Palabras ofensivas, gestos, menosprecio de la valía de cualquier integrante de la familia, en la que se incluyen con frecuencia los ancianos, son formas de violencia que no caben en un proyecto signado por la justicia social.

La incorporación de la mujer al trabajo y su crecimiento como obrera, creadora o profesional favorece la eliminación de la violencia familiar, mas este desarrollo de género, por sí solo no lleva a su erradicación, porque en algunos casos, se justifica y hasta reproduce en los hijos, un patrón atávico.

En la batalla contra métodos agresivos en casa deben participar todos los componentes de la sociedad a partir de la escuela, salud pública, medios de difusión y las organizaciones de masas y sociales.

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