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Supuestos incidentes de salud en La Habana: otra novela de espionaje de Graham Greene

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La Habana, 24 Jul (ACN) Ambientada en la Cuba de 1950, en plena Guerra Fría, el libro Nuestro hombre en La Habana, de Graham Greene, está reconocido como una de las cien mejores novelas de misterio de todos los tiempos.

El texto cuenta la historia de James Wormold, vendedor de aspiradoras, quien inesperadamente se ve envuelto en una trama de espionaje de la que intenta salir construyendo historias increíbles como la construcción de extraordinarias armas atómicas gigantes, en realidad inspiradas en diseños de equipos electrodomésticos.

Las mentiras que construyó Wormold y la manera en que fueron creídas por los servicios secretos y luego desechadas, convierten a la novela en una crítica mordaz a la manipulación de los hechos para perseguir intereses personales y caricaturiza al espionaje en medio de la neurosis de la Guerra Fría.

Desde septiembre de 2017, con la retirada de la mayoría del personal diplomático norteamericano en la Mayor de las Antillas, La Habana vuelve a convertirse en escenario de una trama de espionaje sobre el que se ha escrito mucho, pero se ha presentado muy poca información y evidencia sólida.

Entre fines de 2016 y mayo de 2018, varios diplomáticos estadounidenses y canadienses en La Habana se quejaron de problemas de salud de causas desconocidas. Algunos dijeron haber escuchado sonidos agudos similares a grillos cuando estaban en sus casas o habitaciones de hotel.

El gobierno cubano colaboró con su contraparte estadounidense para facilitar el acceso de las agencias especializadas a desarrollar investigaciones sobre el terreno, aunque esta cooperación no fue retribuida.

Las agencias especializadas estadounidenses y cubanas como el Buró de Investigaciones Federales (FBI) y la Dirección de Investigación Criminal y la criminalística, coincidieron en sus conclusiones en que no existe evidencia alguna de ningún tipo de ataque o acto contra los diplomáticos en La Habana.

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No obstante Estados Unidos ha utilizado estos hechos como pretexto para el cierre de los servicios consulares, la expulsión de diplomáticos cubanos de Washington, las alertas engañosas de viajeros y otras medidas injustas que se avienen con el interés de la actual administración norteamericana orientada a retroceder en las relaciones bilaterales.

Las medidas no solo han impactado en la economía cubana, sino que también han tenido un alto costo humanitario en la población cubana, obligada a viajar sin garantías a terceros países para obtener una visa y también son afectados muchos sectores de Estados Unidos.

Con no pocas semejanzas al clásico de espionaje de Greene la historia ha ido sufriendo modificaciones ante la imposibilidad de presentar evidencias que sustenten cada una de las teorías. Así se ha puesto sobre la mesa el ataque sónico, ataques físicos deliberados, el uso de un arma de tecnología microonda, factores psicológicos y hasta un grillo de cola corta de las Antillas.

La Habana no alega que los diplomáticos no pudieran haber personas enfermas pero reclama la necesidad de avanzar hacia explicaciones coherentes desde el punto de vista científico antes de tomar represalias.

Un nuevo capítulo de la serie se escribe ahora con la reciente publicación por la revista JAMA de la continuidad de un estudio realizado por expertos de la Universidad de Pensilvania, por encargo del gobierno norteamericano.

Luego de las duras críticas que recibió este comité de expertos por una publicación similar en marzo de 2018, esta vez, aunque sin presentar pruebas sólidas, se muestran más cautelosos y hablan de fenómenos direccionales, a partir del uso de técnicas avanzadas de imágenes cerebrales, las cuales revelaron algunas diferencias sutiles en los cerebros de los diplomáticos.

No obstante, los investigadores, quienes aplicaron un proceder similar con un grupo de control, no pudieron indicar si esas diferencias fueron causadas por lo que ocurrió en Cuba, ni si con ellas se explican los síntomas reportados por los norteamericanos.

Tras la publicación del estudio, la comunidad científica internacional nuevamente emitió críticas al estudio.

El profesor Paul Matthews, jefe de ciencias del cerebro en el Imperial College de Londres, señaló una serie de deficiencias importantes y dijo que este documento no cumpliría con los estándares habituales de publicación, particularmente en una revista de alto perfil, si no fuera por la actualidad de los hallazgos, según reseñó el diario The Guardian.

Es posible que cualquier cosa a la que hayan estado expuestos haya producido este cambio de resolución inferior en el cerebro. Ninguno de los hallazgos realmente apuntan de manera concluyente a eso, solo a que son ligeramente diferentes, dijo al Wall Street Journal Sophia Frangou, profesora de psiquiatría de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai en la ciudad de Nueva York.

No hay suficiente información para llegar a ninguna conclusión. Creo que la única razón por la que aparece en JAMA es porque es un tema políticamente muy cargado, dijo a The New York Times Mark Rasenick, neurocientífico de la Escuela de Medicina de Chicago de la Universidad de Illinois.

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Mitchell Joseph Valdés-Sosa, integrante del Comité de Expertos Cubanos que participó en las investigaciones sobre los incidentes de salud reportados por diplomáticos estadounidenses en La Habana, comentó que el artículo no permite llega a conclusiones científicas claras, el cuadro de resultados médicos es confuso y contradictorio y que las numerosas críticas de la comunidad científica internacional no han sido respondido satisfactoriamente.

El gobierno norteamericano reconoce que no ha cerrado la investigación pero funcionarios del Buró Federal de Investigaciones, la Agencia Central de Inteligencia y el Departamento de Estado examinan la posibilidad de que se trate de una enfermedad psicógena masiva o síntomas psicosomáticos. Contradictoriamente, integrantes de la actual administración republicana se empeñan en utilizar el término ataque, al referirse al tema, y culpan a La Habana de los incidentes.

Lejos de ser reveladora, la publicación de JAMA llega como un buen pretexto para mantener el tema en la atención de los medios y quizás justificar un posible nuevo paquete de sanciones de Washington contra La Habana, cuyas relaciones han llegado a un alto grado de deterioro.

En su camino a la reelección para la Casa Blanca, Donald Trump ha declarado la guerra al socialismo- cual su estuviéramos en tiempos de Guerra Fría- y todo cuanto pueda ayudar a esa idea es muy bien recibida, incluyendo una historia de misterio inspirada en una trama de novela de espionaje.

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