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El festín de Baco


    

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Hay conductas que por cotidianas ya se suman a los hábitos y costumbres de la sociedad, persisten e incluso se incrementan como parte de la vida diaria de manera sutil casi imperceptible, entre ellas  está el consumo de bebidas alcohólicas en sitios  no habilitados para eso.
   Común resulta ver, en Cuba,  grupos de personas de diferentes edades en los más disímiles sitios sentados para conversar en las aceras, bancos de parques u otros lugares, siempre con una botella de ron, cervezas y otros licores de por medio. Tal parece que Baco, el dios del vino,  lleva su festín por doquier.
   Muy pocos son los espacios en la Isla que escapan a esta acción, la que toma por su cuenta bajos de edificios multifamiliares, pasillos interiores de inmuebles,  escaleras, en fin, parecer ser que no hay distingos si de divertimento se trata.
   Beber es un hábito antiguo, generalizado en el mundo y para el cual se han concebido y creado establecimientos acondicionados de acuerdo con la clientela que recibe, pero siempre en aras del bienestar de los visitantes.
   Recuerda la historia que los primeros bares surgieron en la antigua Grecia, en la época de Pompeya  cuando se crearon los centros donde se vendían bebidas a los que llamaron  tabernas, que eran pequeñas tiendas en las que también se podía consumir.
    Luego se expandieron hasta Roma, y de ahí al resto de los países europeos, siempre con el mismo principio de expender licores que se ingerían en el local.
   Un ligero vistazo a la red de redes permite conocer que son muchos los países en los que se considera ilegal el consumo de alcohol en espacios públicos, infracción penada por la ley y castigada en ocasiones con cuantiosas multas u otras sanciones.
   Regular en Cuba  esta actuación debe ser  parte del empeño por los buenos hábitos y modales que se lleva en el país, donde la familia debe influir, así como el resto de la población.
   Beber y divertirse es una decisión personal que cuenta en la sociedad moderna con las condiciones creadas, para que no afecte el ornato, bien público, y calidad de vida del resto de los lugareños.
   En Santa Clara, por ejemplo, las áreas aledañas al teatro La Caridad, se convirtieron hace muchos años en un lugar donde con la llegada de la tarde arriban jóvenes botella en mano a pasar el rato hasta altas horas de la noche.
   Varias actuaciones del coliseo se han afectado por la bulla y escarceo provocada por los bebedores, y en diferentes ocasiones  el exceso de alcohol motiva reyertas y disputas.
    Actuar en contra de actitudes como esta constituye un deber de todos los cubanos para lograr una sociedad más disciplinada y ordenada y que el festín de Baco se realice en el lugar adecuado con las condiciones que necesita, así sería más placentero para todos.

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