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Quien sabe hablar también sabe escuchar

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Muchas veces no dejamos que los demás expongan sus puntos de vista en reuniones en nuestro centro laboral o de estudios y nos oponemos agresivamente a cualquier cosa que digan, olvidando así una importante norma de convivencia social.
   Aprender a escuchar a las otras personas, por más que no estemos de acuerdo con lo que ellos dicen, tiene que ser una de las cuestiones básicas de nuestro desenvolvimiento cotidiano.
   Aquel que es buen oyente sobresale sobre los demás. Es que, además de escuchar y dejar hablar a los otros, demuestra que tiene la capacidad para saber tolerar las críticas y las voces discordantes.
   Por eso, cuando le toca dar su opinión, lo hace sin ser agresivo y exponiendo claramente sus ideas. Quien sabe hablar también sabe escuchar y viceversa.    
   Todo parte del respeto, del entendimiento y de la serenidad mental. Saber escuchar y dejar hablar a los demás correctamente es un claro síntoma de madurez mental, intelectual y afectiva.
   Solo aquel que está preparado, puede aceptar a los demás, incluso sus prejuicios, exageraciones y otras cosas que mucha gente no toleraría.
   Por eso es fundamental el hecho de aprender a escuchar. Cuando lo hayamos logrado, será una señal de que tendremos un elemento a nuestro favor para el desarrollo de las relaciones interpersonales.      
  De ahí que resulte importante tomar conciencia de nuestras emociones y comprender a su vez, la de los demás, lo cual es un elemento imprescindible si queremos comunicarnos de forma  respetuosa y comprensiva con quienes nos rodean.
  Resulta necesario, igualmente,  saber controlar los estados de ánimo, evitar  que la convivencia con los demás tenga matices de agresividad, en detrimento de los buenos modales y las maneras educadas con que debemos conducirnos.
   Es imprescindible evitar las discusiones cargadas de respuestas negativas y para esto podemos llegar a acuerdos con los  demás y establecer un puente a través de las emociones, promoviendo el acercamiento en lugar del distanciamiento.
   No confundir la sinceridad con una actitud que puede resultar agresiva en ocasiones. No se trata de decir lo que pensamos en cada momento de un modo improvisado, porque eso únicamente daría lugar a situaciones que, por carecer de la serenidad del razonamiento, pueden ser inoportunas o incluso herir a alguien.
  Las relaciones interpersonales deben sustentarse en el respeto mutuo, en la amabilidad y la cortesía, sin extralimitarnos en el exceso de confianza, máxime si la persona con que tratamos, -por cuestión de jerarquía o edad-, es merecedora de un trato diferenciado.

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