La Habana, Martes 21 de Mayo de 2019 11:04 am

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La familia y los retos del nuevo año

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  Moraima terminó sus estudios de Informática, y a los tres años de trabajo decidió no continuar como técnica para laborar en un taller no estatal en busca de mejor salario, pero su nuevo horario no favorece la atención de su pequeña, lo que genera tensiones, problemas con los padres y su pareja.

  Ahora, con el comienzo del año, se está encaminando en la búsqueda de nuevas ofertas.

   Andrés empezó un negocio de alimentos ligeros y, como no le ha ido bien, piensa  reorientarse a otra actividad que aún no define. Él casi no disfrutó de las fiestas de fin de año preocupado de que sea el salario de la esposa el único ingreso estable, situación que se ha propuesto modificar de alguna manera durante las primeras semanas de 2019.

   Ana y Adrián son ingenieros, viven con los padres de ella y recibieron una vivienda, al ser afectados por el huracán Sandy, a la cual aún deben darle el acabado. Ellos han cifrado muchas esperanzas en los cambios sociales recientemente anunciados, pues si estos les favorecen con una situación económica más desahogada podrán realizar su sueño de tener un hijo.

   Ocurre que los cubanos vivimos hoy una época singular, cuando las grandes transformaciones asociadas a la actualización del modelo económico y social inciden directamente en cada persona y en la familia.

   Cierto es que los cambios suceden siempre, ya que forman parte de la evolución social y, aunque nos pesen, no los podemos evitar, mucho menos si resultan inesperados; sin embargo, quien cuenta con un apoyo filial efectivo los afronta con más probabilidades de éxito.

   Claro, para que el apoyo familiar contribuya y sea favorecedor es necesaria la estabilidad, lo cual significa que, a pesar de las transformaciones, la familia no queda insegura. ¿Cómo se logra esto?

Con unidad y amor, porque donde hay amor, todo es más fácil.

   Para fomentar esa unidad y potenciar el amor filial resulta muy positivo compartir,  al menos, una comida en familia cada día, que permita a todos intercambiar en un ambiente relajado para conocer cómo le ha ido a cada uno en la jornada.

   También es importante reservar un tiempo de estas reuniones familiares para hablar entre todos sobre los problemas que surgen, pues a veces las mejores soluciones las aportan quienes más han vivido, por su experiencia, o los más jóvenes, por su flexibilidad al afrontar la nueva realidad.

    Finalmente, con el mismo enfoque positivo conviene puntualizar las previsiones para los 12 meses que siguen.

   Sí, porque deben hacerse planes para evitar que queden pendientes metas esenciales, pero esos propósitos han de ser realistas para que resistan la presión de los imprevistos, teniendo en cuenta que los proyectos familiares y las ilusiones o los buenos deseos, distan de ser lo mismo.

  La fuerza de la familia para enfrentar las transformaciones que imponen la vida y la sociedad, y la ayuda a sus miembros para salir exitosos de los retos actuales no radica entonces en vivir juntos, sino en estar unidos con los lazos estables del amor, la comprensión y la tolerancia. Esa será una vía expedita para lograrlo.

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