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S.O.S por el caballo cubano

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Al caballo cubano debiera hacérsele un monumento. Su utilidad ha sido más que probada por siglos, aunque en los últimos tiempos algunos conductores de coches olviden como tratar a estos  cuadrúpedos y, sobre todo, cómo comportarse en la vía pública.
   Sucede así que sobre ese animal doméstico recae todo tipo de violencia y a su derredor se cierne un conjunto de indisciplinas que trasciende la talanquera hasta llegar a calles y avenidas de ciudades modernas de provincias, donde más se usan para el transporte público. Tal es el caso de Cienfuegos.
    Un poco de historia no vendría mal, para que se recuerde bien  cómo desde tiempos lejanos el caballo se usó  en el transporte y hasta para viajar cientos de kilómetros desde un extremo a otro de la isla de Cuba.
 Luego vinieron las calesas, volantas y quitrines tirados por esas bestias, que paseaban a las familias adineradas por los más espléndidos paseos de las urbes.
 La equitación tuvo como protagonista al jinete y su cabalgadura, mientras en la otra cara del asunto muchos equinos fueron utilizados para roturar la tierra.
  Sin contar que para el hombre rural cubano,  hacendados o labradores directos de la tierra, el noble bruto fue un bien muy apreciado desde tiempos lejanos e incluso hasta hoy. Un compañero útil e insustituible, todo un símbolo en la campiña de la Isla.
 Así, también se convirtió en pieza imprescindible en las guerras libertarias. Sobre su montura cabalgaron y enfrentaron columnas numerosas los grandes patriotas como Antonio Maceo y Máximo Gómez, cuyos caballos pasaron también a la historia.
 En la Sierra Maestra fue importante, sobre todo para transportar las mercancías, alimentos y armas necesarias a los rebeldes cubanos que luchaban por liberar al país del gobierno de Fulgencio Batista.
 Con los tiempos difíciles que corren en la isla, el caballo volvió del campo para recorrer calles de ciudades y urbes  y tirar de los coches, devenido medio de transportación por excelencia.
 Entonces: ¿Por qué tantos maltratos a esos animales?  Algunos  cocheros a cualquier hora del día o la noche propinan una endemoniada paliza a esos equinos,  con lo cual provocan un verdadero escándalo público en la calle.
   Así se suele poner  en riesgo a los demás vehículos que circulan por esas arterias y se interrumpe el tránsito, en todo un acto de violencia social  que va  in crescendo.
  ¿Quién controla a esos hombres brutos, más brutos que los propios caballos? Los organismos que velan por la ganadería, y controlan con censos y otros mecanismos la existencia del ganado debían chequear periódicamente esta situación.
 Incluso, inspectores del tránsito deberían sumarse en la sanción de estos actos de crueldad, devenidos espectáculos que en definitiva son, además,  una alteración del orden y por ende afectan la vida social y tranquilidad ciudadana.
 Víctor de Armas, cochero de un reparto en Cienfuegos,  abundó al respecto que, además, en avenidas urbanas bien transitadas se realizan  competencias en altas horas de las noches,  en ocasiones luego de ingerir bebidas alcohólicas.
  A veces, los equinos son conducidos por una segunda o tercera persona que no tiene que ver nada con el cochero oficial ni el ayudante.
 Tamara González Abreu, estudiante preuniversitaria, viaja a diario en los coches. Como “ la forma más rápida para llegar a tiempo a la escuela”.
“Y en verdad todos los cocheros no son así… Muchos son amables, respetuosos y cuidan muchísimo a su bestia.  Mi vecino, por ejemplo,  cuida el suyo como una joya”
 Gran número de indisciplinas propician algunos cocheros indolentes, entre estas aquellos que no permanecer al frente del cuidado y conducción de los carricoches. Si el animal queda a su libre albedrío, en caso de asustarse se desboca por las calles y  provoca accidentes de tránsitos en la vía.
  Pedro Orlando Castro Estrada, director  de industria en la Empresa Pesquera Industrial, esperaba el cambio de luces en el semáforo cuando el caballo tirando de un coche, a todo galope y sin  conductor, le impactó el guardafango de su camioneta.
   Personas arriesgadas se interpusieron y detuvieron al animal hasta que llegó el dueño,  que se había bajado un momento a tomar café y había descuidado del carruaje.
  El derrame del estiércol del equino sobre el asfalto, aún cuando lleven el colector de  heces fecales, es otro de los males que provocan a la higiene de la urbe la indolencia de los conductores de esos artefactos de tracción.
 A su vez, el tránsito en las calles y carreteras se torna harto difícil, cuando ciertos cocheros transgreden los espacios marcados para su circulación, y los hay que desconocen las señales del tránsito, sobre todo cuando van a realizar un giro a la izquierda o la derecha.
 ¿Por qué no descartar quienes son los cocheros con condiciones para laborar en ese giro?
   Esas personas deben tener ciertos requerimientos, además de conocer y respetar las leyes del tránsito,  deben ser amables con el público,  observar un comportamiento adecuado,  y no incurrir en estas indisciplinas sociales y actos de violencia que tanto afean a una ciudad. 

Comentarios   

0 #1 desconocido 08-10-2014 13:36
en cardenas pasa igual o peor, tengo un vecino que madura a su pobre caballo que le da que comer a golpes, y además grita a los vecinos ! Y que nadie se meta!!! que tambien va a coger, existe alguna ley que castigue tal crueldad!!!!!
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